Cuando el secretario de Salud Norberto Treviño García Manzo da la voz de alarma sobre problemas relacionados con la obesidad y el sobrepeso es porque las estadísticas son aterrantes: no se requiere entrar a las páginas donde se consigna esta información: basta con salir por la calle Hidalgo, por la avenida Francisco I. Madero o a la hora de entrada o salida de las escuelas de todos niveles pararse unos minutos en la puerta para entender a qué se refiere.
Un profesor de la Universidad de Santiago de Compostela comentaba que cuando éramos niños hace años, había un compañero (a veces, nosotros mismos) que era punto de bromas pesadas por su volumen: el “gordo” de la clase se prestaba a todo tipo de comentarios adversos que causaban hilaridad, la cruel e inocente hilaridad infantil. Hoy, no podríamos mantener ese criterio, porque son más los que tienen problemas de peso que los delgados o que tienen el llamado “peso ideal”.
La llamada “dieta mediterránea” sigue siendo una de las mejores opciones, y España la sigue a grato tal que permite tener más colesterol “bueno” que evita muchos problemas, sin embargo, la cantidad y la calidad están ahí enfrascadas en un pleito mayor.
El proyecto DRECE, cuyas siglas significan “Dieta y Riesgo de las Enfermedades Cardiovasculares en España” arroja datos interesantes: hoy en día se consumen menos calorías que en los noventas, sin embargo, los españoles son más gordos hoy que antaño.
El proyecto analiza la relación de hábitos de consumo alimenticio y enfermedades cardiacas; el empeoramiento de los hábitos alimenticios ha provocado un incremento en la tasa de obesidad de más del 20 por ciento, ya que se ingiere una media de 2,542 calorías diarias, 250 menos que hace dos décadas.
Sin embargo, hay más problemas de obesidad.
Sugiere que las enfermedades del corazón disminuyen por la dieta mediterránea, rica en aceite de oliva, la que menciona especialmente, pero la obesidad gana terreno por el descenso en el consumo de cereales y legumbres y crece en carnes, lácteos, refrescos y bebidas azucaradas de las consideradas “light”, que si bien es cierto que no tienen azúcar, son una auténtica “bomba” para el organismo.
Y volteamos la mirada al otro lado del Atlántico, específicamente, en Tamaulipas, donde los obesos son más que antes, y donde la diabetes e hipertensión se cuelan en los lugares de “honor” de las estadísticas de morbilidad y mortalidad. Algo se tiene que hacer, y en ese sentido, el secretario Treviño García Manzo hace el llamado, porque los integrantes del sector salud no podrán hacer nada por evitar estos problemas si usted y yo no ponemos freno a estos asuntos.
Ejercicio, alimentación adecuada, cambio de hábitos y otras acciones son fundamentales. Lograr un poco que los chicos no estén todo el día en las redes sociales, en el ordenador y que salgan a hacer ejercicio es la recomendación básica del sector salud, pero si usted y yo no propiciamos lo anterior, de nada sirve que se gaste dinero, recursos y saliva en prevenir a la población.
El equipo de trabajo de la SST está realmente haciendo un gran esfuerzo que no corresponde a la respuesta ciudadana. Es como cuando queremos cambios y no vamos a votar: así no funciona la cosa, la verdad sea dicha con todo respeto.
Si usted y yo no hacemos que los hijos estén más tiempo en actividades físicas, seguirán siendo el blanco de las críticas y burlas escolares y sociales. Los “gorditos” son la parte que se presta a bromas, humillaciones y otras cosas que llevan a desarrollar problemas psicológicos muy graves, y cuya consecuencia la vivirán ellos, los nuestros.
Entonces, ¿qué nos queda por hacer? Entender que la obesidad mata, que el sobrepeso también mata, y si no comenzamos a hacer cambios radicales, nada se podrá hacer en poco tiempo, y los índices de mortalidad crecerán como lo ha hecho la diabetes en las últimas décadas.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!