México entero celebra su revolución, aquella que inició con varias expectativas, propiciadas por la situación que se vivía en aquel entonces; hoy, se recuerda con el tradicional desfile deportivo y en el que también acuden las fuerzas armadas, esas que hoy en día han tenido una actividad inusitada, inimaginable.
Pero, ¿Qué es una revolución? ¿Por qué se manifiestan este tipo de movimientos en una nación? Por inconformidad, porque la gente quiere cambios que no son permitidos por un sistema determinado, y en ese tenor, México vive una celebración especial porque nos encontramos en plena pre campaña electoral en pos de la presidencia de la República para el entrante 2012.
Los institutos –todos- están haciendo una lucha por obtener la simpatía del electorado. Ya los procesos en la nación se ha demostrado que son confiables en el sentido de que se respeta la voluntad de los votantes, de quienes tenemos en una nación con régimen democrático, el poder de decidir, y que a veces nos equivocamos y padecemos las consecuencias de esos errores.
No somos perfectos, lo sabemos, y la mayoría puede tomar una decisión poco acertada. Ha sucedido y nos ha ido, honestamente, como en feria, es decir, que nos hemos tenido que aguantar las consecuencias de esa decisión equivocada.
Hoy, tres fuerzas políticas buscan trascender en julio próximo y llegar a Los Pinos. Entendemos que algunas estrategias no son idóneas, por no decir que están totalmente equivocadas: la descalificación de los demás no es precisamente lo que queremos escuchar quienes acudiremos a emitir nuestro voto.
Ya no deseamos escuchar acusaciones de corrupción o contubernio, de complacencia desleal o de tratos que no son lo mejor para una sociedad: los mexicanos queremos escuchar otras cosas, un mensaje de esperanza o al menos, un programa de gobierno que convenza. No descalificaciones, sino propuestas, es lo que todos deseamos, y lo sabemos perfectamente.
No es tiempo de acusar y culpar a los demás por asuntos que no son nada positivos y que afectan a la gran mayoría. Entendemos que México tiene tres niveles de gobierno: federal, estatal y municipal, y no queremos, los votantes, saber donde está el error, sino cómo salir de estos problemas.
Es tiempo, pues, de que en el marco de la celebración de la revolución mexicana pudiéramos escuchar una verdadera forma novedosa de hacer campaña, sin descalificaciones sino con proyectos y propuestas.
En todos los países suceden cosas como en el nuestro, aunque ciertos lugares tienen la capacidad de enderezar el rumbo y corregir estos errores que nos llevan precisamente a vivir crisis de toda índole.
Ya no estamos para aguantar a quienes descalifican y se apropian de molestos discursos triunfalistas, como si fueran a vendernos espejitos o algo que no conozcamos: ya no queremos, tampoco, escuchar las quejas suplicantes de unos y los reclamos de otros dirigidos hacia una determinada esfera socioeconómica: los mexicanos somos todos: pobres, ricos y de clase media en todos sus niveles, y todos, absolutamente todos queremos vivir en paz, tener trabajo, salud, educación y satisfactores básicos, todos queremos salir a la calle a caminar tranquilamente sabedores de que la autoridad está haciendo cuanto es posible porque mejoremos. Esa es la verdad que no nos pueden ocultar.
Lejos queremos los discursos insultantemente ilógicos que nos quieren convencer de que estamos de una forma, cuando la realidad es totalmente distinta. Ya nos urge un cambio, y esa es una revolución que se cierne en el país por buscar lo que queremos recibir, por merecer una vida más tranquila, así de claro.
Los próceres de la Revolución Mexicana están en la mente de todos nosotros, pero quisiéramos, más que ello, entender que los nuevos revolucionarios son los que harán posible el cambio que el país exige y pide a gritos. No queremos más que vivir bien, tranquilos, con lo necesario, pues.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!