Niños del Ejército de Salvación esperan con ansia a Santa Clós

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– Son 43 niños y niñas provenientes de familias desintegradas.

Gastón Monge/EnLíneaDIRECTA

Nuevo Laredo, Tamaulipas.- Arturo es un niño de 12 años que durante mucho tiempo vivió en las calles de esta ciudad, debido a problemas que mantienen a su madre encerrada en el penal y que lo dejaron en el desamparo.
Hace seis meses fue rescatado por el Ejército de Salvación, por lo que su vida y sus aspiraciones cambiaron totalmente.
Lavaba autos en las cercanías de la Cruz Roja para comer y poder vestirse, pero como todo niño, desea tener para Navidad la bicicleta con la que siempre soñó, además de algo de ropa para acudir a la escuela a la que asiste.
“Me siento bien aquí. Lavaba carros en la calle, y a veces eran hasta diez carros, pero me tenía que ir en la tarde porque un señor ocupaba el lugar donde estaba, pero lo usaba para comer y vestirme”, explica.
Al igual que otros 42 niños y niñas que viven en el albergue del Ejército de Salvación en esta ciudad, cuyos padres están separados, son madres solteras, presos, son drogadictos, alcohólicos, o se prostituyen, Arturo espera con ansia la Navidad porque sabe que tendrá un regalo, aunque la mayoría de los niños ignora que se trata de donaciones altruistas.
Son infantes de entre tres y 16 años que a su corta edad ya saben de sufrimientos y carencias de todo tipo, porque algunos fueron maltratados y otros casi abandonados; pero en este 24 de diciembre todos tienen el sueño de ser felices cuando menos una vez al año.

Cada niño porta una historia y un drama

Cada niño que vive en el albergue tiene una historia diferente, algunas dramáticas y otras no tanto, pero todos han sufrido el drama de pertenecer a familias desintegradas, razón por la que ahora viven en el Ejército de Salvación, según explica la capitana del lugar Saraí Martínez, quien dirige el lugar desde hace dos años.
“La mitad de los niños están aquí desde pequeños y aquí han crecido, aunque tenemos unos veinte que apenas ingresaron al albergue desde el año pasado”, refiere.
No cualquier niño puede ingresar al lugar. Deben provenir de hogares desintegrados, ser de escasos recursos, y comprobar una enorme necesidad de afecto y de cariño.
“Aquí les damos apoyo moral y espiritual, para que puedan crecer sanamente y no se contaminen con la inseguridad que existe en las calles”, explica.
De los 43 niños, el 60% proviene de familias desintegradas, por lo que seis días a la semana están en el albergue, y solo los domingos pueden salir con sus familiares, cuando los tienen. Tres niños tienen madres drogadictas y en otros sus padres los abandonaron o están presos.
Uno de ellos estudia en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, 25 están en la primaria, 10 en secundaria y cuatro en la preparatoria, con niveles de aprovechamiento aceptables, pero todos recibirán al menos un regalo, producto de donaciones se personas, grupos y agrupaciones altruistas.
Durante la Nochebuena solo 10 quedarán en el albergue; el resto la pasará con alguno de sus familiares, pero al día siguiente, en la Navidad, retornarán para abrir sus regalos y comer algo de los pavos y del ponche que la noche anterior prepararon los responsables del lugar.