Como a él le place, dejo la víbora chillando.
Observé su rostro descompuesto, decepcionado y con un dejo de coraje una vez que concluyo el último segmento de ese corto documental y que decía así: “Para que no nos pongan orejas de burro”.
Ella, una maestra con licenciatura, que cree con firmeza que la educación es un sagrado oficio, no le resta credibilidad a parte de lo que el autor de ese documental, Carlos Loret de Mola, describe y analiza.
Por el contrario, alaba que investigue y que reproduzca la realidad, pero no le parece que ignore factores externos que colocan a la educación en México como un ente podrido y sin futuro.
Y le extraña y, demasiado, que ese sureño locutor carita y seductor excluya de su documental “De panzazo”, el papel que juega la televisión, entre ellas la que el pertenece, en el avance o retroceso de la educación en este país.
Ella le da la razón cuando describe que hay estudiantes de secundaria que no saben multiplicar, que existen maestros que en los exámenes que se les aplicaron de 80 preguntas solo acertaron en 7, que hay una disidencia magisterial que cobra solo por asistir a mítines y reuniones sociales, que de cien estudiantes solo 60 terminan la secundaria y que en un examen internacional sobre educación en el que participaron 30 países México obtuvo 1 de promedio.
Desde su óptica como profesora, ella invita a Carlitos a que penetre en la carne de quienes frente a grupo se ganan honestamente el sustento para tratar de rescatar a los infantes de la mediocridad, de borrar sus traumas familiares, de saciar su hambre y de que televisoras, como la casa en la que el trabaja, no los contamine más y que los deforme.
Desconoce él, insiste la maestra, lo que es lidiar con los hijos de padres alcohólicos, drogadictos, irresponsables he incultos, que depositan en las aulas a un pedazo de su vida que va lesionado, sin animo y mal alimentado.
A infantes que como tema de conversación cotidiana en las aulas y en el recreo se maravillan de las peripecias de la “Señorita Laura• y de sus desgraciados invitados, si de ella, de la que su empresa se regocija he indirectamente la coloca como ejemplo a seguir para los padres de familia a fin de que no pierdan lo “inn”.
De niños que cargan sobre su mochila un racimo de traumas que impactan en la vida privada de un mentor y que a pesar de todo sueñan también con los cuentos de hadas que les dibujan las telenovelas como aquella de que la pobre se caso con el rico y que no pasa a ser más que una falacia.
Y le pregunta además a Carlitos acerca de la postura que asumen los noticieros televisivos cuando saben que es cierto que se dedican recursos suficientes a la educación, pero que se quedan en el camino y es cuando el tema se pierde en corto tiempo.
Ahora, la maestra le cuestiona al locutor sobre el nivel de escolaridad de todos esos artistillas brincotones, descarados porque enseñan más que el bigote
y que tal vez pasaron por la escuela “de panzazo” y que los niños idealizan..
Para ella, es estúpido comparar a la educación en México con la de otros países, en razón de que en Argentina y Holanda los grupos son de 15 estudiantes y aquí se cuantifican en más de 40.
Y también lo es culpar al sindicato de Maestros y a Elba Esther de la desgracia porque eso es juzgar a lo ligero, en razón de que esa agrupación debe existir porque en algo se tiene que creer, además de que esa mujer tiene más fija la ropa interior que muchos que presumen de su cremallera.
Esta es la visión de una maestra de carrera que critica parte del trabajo de ese periodista porque a su juicio degrada al magisterio.
Y porque para abordar un tema tan delicado su obligación es también rascar los muros de su casa para que no quede duda de su pluralidad.
Poe eso él dejo la víbora chillando.
Y la puerta abierta, para lo que viene.
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