Durante la caminata de la mañana el día de ayer por las calles de Victoria, tuvimos oportunidad de presenciar un accidente automovilístico en el que el conductor que no respetó al señal roja manejaba entretenido con la conversación amena que llevaba con su pareja, como suele suceder en casos de este tipo.
Hay muchas cosas que nos distraen y que la verdad sea dicha, se requiere de una mayor atención, por parte de conductores y de autoridades competentes que, desgraciadamente, no han mostrado tener la competencia necesaria que les permita autentificarse como tales.
Recorra usted cualquiera de las muchas calles con tráfico y encontrará diversas imágenes: señoras hablando por celular, jóvenes haciendo lo mismo y señores que se distraen porque sienten que la llamada es la más importante del mundo; algunos todavía asumen actitudes de importantes, pensando que si van con el móvil en la mano serán mejores, cuando la verdad es que tienen menos reflejos y aflora la inconsciencia y la falta de reflejos para manejar.
Es común también ver que van charlando y no respetan carriles para baja velocidad: se rebasa igual por derecha que izquierda y se omiten luces rojas todos los días en todos los cruceros. La falta de conciencia coincide con la falta de acciones de la autoridad.
Necesitamos que los elementos de Tránsito local entiendan para qué se les paga y hagan su trabajo. No nos referimos a parar sus patrullas en ciertas avenidas y estar “jugando” con la “pistolita” con la que amedrentan a un buen porcentaje de ciudadanos, imponiendo infracciones por exceso de velocidad, cuando muchas veces los “excesos” se refieren a conducir a 55 o 52 kilómetros por hora. Tenemos testimonios de ello.
Se trata de que se conviertan en verdaderos agentes preventivos de incidentes y de infracciones a la ley. No se les debería pagar al que más infracciones y boletas lleve, sino al que tenga el sector con menos conflictos. Cuando se cierra una calle, cruzan su patrulla y se van de paseo, y lo mínimo que debían hacer es redirigir el tráfico que ha sido cortado, evitando así embotellamientos. No tienen idea de lo que es el sentido común, pues.
No consideramos justo que se les den comisiones por infracción levantada, porque les permite abusar de esa prerrogativa y perjudicar a cuantos pueden en su jornada laboral.
Curiosamente, cuando vehículos de lujo no respetan las luces rojas o circulan sin cinturón de seguridad, cuando va el o la conductora hablando por celular, o cuando se paran en doble fila, no pasa nada; lo anterior, cuando es vehículo modesto, inmediatamente es objeto de infracción.
Hemos platicado con el alcalde Miguel González Salum para manifestar este punto de vista y le hemos pedido se haga algo al respecto. No podemos estar en manos de un grupo de personajes que solo multan por exceso de velocidad en avenidas y no son capaces, por ejemplo, de evitar que los padres de familia de la escuela Leona Vicario obstruyan la circulación, “porque no podemos hacer nada”, aseguran.
Para eso se les paga, para que haya orden, pues.
Como ciudadanos nos hemos manifestado en contra de sus acciones, aunque hemos de reconocer que hay buenos elementos en la corporación, aunque tendemos los seres humanos a generalizar negativamente, de ahí que todo mundo piense lo peor de un agente de tránsito.
Sin embargo, si no ayudamos, no mejorará la ciudad: deje de hablar por celular al manejar, no se pase altos, ponga atención al conducir, porque se juega su vida y la de muchos más. No maneje alcoholizado, y entonces, podremos exigir a estos señores que cumplan con el trabajo para el que se les paga, que no pierdan el tiempo estando agazapados, escondidos, viendo quien pasa de 50 kmh para jorobarlo. Su labor es prevenir, pues, no joder al ciudadano.
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Atentamente: Dr. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!