Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *No más plurinominales

Sin lugar a dudas, todos estamos de acuerdo en lo que hemos visto en los últimos minutos a través de las redes sociales respecto al Congreso de la Unión: la desaparición de esa figura llamada “diputado plurinominal” sigue en la agenda ciudadana, aunque las autoridades competentes –y no mucho- no hacen nada por escuchar a su pueblo, y por consiguiente, no actúan como debieran.

Resulta triste y hasta cierto punto decepcionante ver esa fotografía en la que aparecen casi todos los miembros de la actual legislatura, y un cuadro propio del ambiente Windows que reza: “¿Está seguro de querer eliminar estos 500 elementos? Grave resulta ver los comentarios recibidos ante esa falta de respeto: todo mundo dice que sí, que no sirven para nada, que los “pluris” son una carga inútil al erario y otros calificativos peores, que cualquiera en su sano juicio censuraría por el tipo de lenguaje empleado.

Triste, decimos, porque quiere decir que no queremos a nuestros diputados, que estamos cansados de mantener a 500 zánganos que ganan en un mes lo que un profesionista en un año, que tienen impunidad para cometer tropelías y que, además, no trabajan, porque muchos ni siquiera se asoman a la Cámara argumentando otras cosas que nada tienen que ver con la función legislativa.

Más triste es saber que nadie les quiere a excepción de sus familiares que disfrutan las “dietas” que reciben, los boletos de avión y viáticos, los seguros costosísimos y autos blindados, el grupo de colaboradores que son probablemente tan inútiles como ellos mismos. La figura del legislador está devaluada totalmente, y eso lo sabemos todos, aunque algunos quisieran tapar el sol con un dedo y fingir que no pasa nada, como sucede, por ejemplo, con los casos de inseguridad o inflación del país.

Duele saber que los 500 ciudadanos que representan a unos 110 millones de mexicanos no son factor de concordia y progreso, aunque sí en unidad: todos queremos que desaparezcan. ¡Vaya! Hay quienes consideran que la figura del senador también debiera desaparecer, porque no justifica su función y sí implica un robo al erario público cada mes, por las nóminas que se manejan.

Decepciona el cúmulo de comentarios negativos sobre el tema que emanan de ciudadanos comunes y corrientes, es decir, de quienes nada tienen que ver con esas nóminas injustificadas.

En la iniciativa privada la gente gana por lo que hace, y en las cámaras de diputados y senadores, se gana porque ellos mismos se autorizan, con el mayor cinismo, su propio incremento.

Duele ver que cuando el salario mínimo sube uno o dos pesitos en casi todo el país, este pequeño grupo de grandes vividores se incrementa en varios miles de pesos sus emolumentos: nada parejo, nada bueno… nada grato, pues.

Y además, se conducen con la prepotencia típica de aquellos que nunca fueron algo en su vida y se han convertido de repente en legisladores. Recuérdese el caso de aquella mujer de Villagrán que llegó al Senado por casualidad, y otros muchos más de todos los partidos políticos.

Es por ello que, hoy en día, los partidos deben plantearse la posibilidad, primero, de postular a gente que realmente cuente con el apoyo ciudadano y sean verdaderos representantes, y en segunda opción, el recortar el número de legisladores, eliminando la figura del plurinominal que choca totalmente con la definición de “diputado”, que, en la Grecia antigua significaba mucho y era un honor tener el cargo.

Hoy, sinceramente, da vergüenza, por los resultados, porque no hacen lo que deben y cobran insultantes salarios que no devengan.

Hoy cobra vigencia aquel chiste del chico que decía que su padre era músico de tambora en un prostíbulo, porque pensaba que era más honorable que ser hijo de un diputado. Reflexionemos sobre lo que la gente piensa, si es que tienen neuronas, y aplíquenlas a favor de la gente. Legislen para los ciudadanos y no para los partidos, por favor. Es una exigencia, pues.

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Atentamente: Dr. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!