ANECDOTARIO/JAVIER ROSALES ORTIZ *COMO DE TELENOVELA

Sin problemas y con el público a su favor, él paso la prueba de fuego
Salio al ruego vestido de negro y rosa y enfrentó al toro, en momentos en que Tamaulipas sigue en el ojo del huracán, en boca de todos.
Vino a eso, a “vacunar” a su precandidato Manuel Cavazos Lerma y a respaldar a Guadalupe Flores Valdez, y la faena le fue exitosa.
Fuera del glamour que los rodea, arribó al Polyforum de la mano de su esposa, la ex actriz Angélica Rivera y a simple vista se nota que destilan amor.
Ella, una mujer menudita, de rostro dulce, de cutis impecable y poseedora de un carisma que dista mucho del osco gesto de Carmen, de Cecilia, de Nilda Patricia y de la insoportable y frívola de Martita, quien dejo huella, pero por lo banal, antipática y, precoz a pesar de su edad.
El, de baja estatura, perfectamente vestido, de mirada fría y calculadora, se asemejaba a un muñequito de aparador del Corte Ingles.
Ambos, desde que iniciaron su recorrido por la pasarela, se echaron a los priístas de Tamaulipas en la bolsa y conquistaron rápido su corazón, con lo que hacen valer que no se equivocara quién los lanzo como si fueran un producto publicitario de atractivo valor y de fácil venta.
Dicen que los chaparritos son de cuidado y peligrosos y parece que esa calificación tiene sentido, porque él dejo que escapara el león que lleva dentro.
Y es que Enrique Peña Nieto, precandidato del PRI a la presidencia de la república, no se anduvo por las ramas en su primer visita a la capital de Tamaulipas, donde vapuleó al gobierno panista y a su extraña y explicable forma de hacer política y de utilizar al aparato de justicia para apartar del camino a sus enemigos en potencia.
El presidenciable tricolor, con el uso de términos más que claros, enumeró los errores que ha cometido la administración panista para abatir la pobreza, el desempleo, la desigualdad y la inseguridad, el talón de Aquiles del presidente Felipe Calderón Hinojosa.
Desde su lugar en el presídium ella lo observaba embelesada, con esa mirada que le es clásica y que solo merecía el actor principal de sus telenovelas de antaño.
Y él, Enrique, empujo fuerte para tratar de curar la herida que dejo en el corazón de Tamaulipas la embestida del gobierno federal en contra de tres ex gobernadores y defendió a Manuel Cavazos Lerma, quien astutamente parece que capitalizó a su favor el asunto.
Y cómo no, cuando el locutor lo presentó solo recibió sonoras ovaciones, en tanto que Enrique se concretó a abrazarlo, a levantarle la mano y a señalar que la fórmula para senador que seleccionó el PRI es la adecuada y va por el triunfo.
Fue el evento del Polyforum, en el que Enrique le tomo la protesta a la Estructura Territorial, un evento sin miserias, si se toma en cuenta el ciclorama de lujo que le dio decoro al acto y los impresionantes y costosos monitores que se instalaron para que las más de cinco mil almas que asistieron no perdieran detalle.
Allí, en ese lugar, estuvo la crema y nata del PRI estatal y diputados federales y la senadora Amira Gómez, y también un colado que sueña con la candidatura a la diputación federal, como lo es Enrique Cárdenas del Avellano, quien insiste en dejar en el camino a figuras como Felipe Garza Narváez.
Fue el del jueves un evento que hizo recordar al PRI de los viejos tiempos, bien organizado, tranquilo, sin sobresaltos, por eso el líder estatal del PRI, Lucino Cervantes Durán, sonrió en dos ocasiones complacido, demasiadas se puede decir para el, porque mostrar el diente no se le da de manera natural.
Aspirante a la presidencia, dirigentes y militantes capitalizaron por el lado positivo los momentos críticos que vive Tamaulipas, con lo que demostraron a sus detractores que el partido no nació ayer y que para responder al juego sucio no está en pañales.
Es un PRI que no se doble, que sigue vivo.
Y que está listo para la pelea que viene.

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