ANECDOTARIO/JAVIER ROSALES ORTIZ *LOS DOS AMIGOS

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Los une el amor por el terruño y el mismo partido político.
La edad, que es casi similar y que ambos bebieron agua de La Peñita, puesto que aquí dejaron enterrado el ombligo.
Lo une, también, el haber cursado en Ciudad Victoria algunos años de instrucción escolar y el placer que se siente saborear Las Moras, las fajitas, la machaca, las exquisitas Chochas y los frijoles charros.
Decía un cuate del Distrito Federal que visitó hace algunos años esta capital que Ciudad Victoria se cocinaba aparte porque además de eso que ya se menciono, le agradaba que con tan solo estirar la mano hacia la rama de los árboles una cerveza ya estaba a su alcance.
Aunque descienden de familias totalmente distintas en cuanto a su posición económica, la política, también, los unió, y uno de ellos hizo sus pinínos en la capital mexicana a base de sangre, sudor y lágrimas para costearse una carrera universitaria en la UNAM, a donde solo tiene acceso aquel que es arrojado, insistente y sobre, todo, paciente.
A él lo conocí allá en el D.F. porque sin regateos me abrió las puertas de su hogar en momentos de infortunio y de carencias y fue gracias a su apoyo y al de otros que me interné en la aventura de pisar las aulas de la UNAM y consumar mi propósito de desarrollarme y de tener acceso a una profesión de la que hoy vivo y que puedo presumir.
El, muy afecto a respaldar a sus paisanos victorenses y a sus amigos sin importar el origen, era en los años setenta un joven corpulento, de gran estatura, risueño y se notaba que en la vena llevaba la sangre de político porque leía mucho, lo que le regalaba capacidad para fabricar criticas que a mi edad todavía no sabia interpretar.
Era hiperactivo y le agradaba viajar por todo el país cada fin de semana, aunque los otros cinco días restantes se rascara los bolsillos para tratar de rescatar una moneda que yacía perdida.
El es el Diputado Federal victorense, Carlos Flores Rico, hoy líder Nacional del Movimiento Territorial y diputado federal perista, un hombre polémico y capaz que manejarse con facilidad en las entrevistas que le han hecho Brozo y otros paquidermos del periodismo nacional, con quienes se pone al tú por tú.
Y es que Carlos tiene al dedillo todas las estadísticas sobre pobreza que no colocan en un buen lugar al gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, las cuales vacía como racimo y sacuden la conciencia de quienes saben que no es verdad la realidad que dibuja un gobierno panista soñador y que vino a menos.
Es, Carlos, un zorro para discutir en la tribuna y sus cualidades de buen orador ya le brotaban por la piel desde que compartimos departamento en aquella calle de Artículo 123, en pleno centro de la capital de la república.
Y el otro, Enrique Cárdenas del Avellano, precandidato del PRI a la diputación Federal por el quinto distrito de Tamaulipas, es su amigo, y han discutido cada uno desde su particular óptica lo que es la problemática social, las necesidades que tienen los mexicanos y los mecanismos que se requieren para que se le modifique el rostro a este nuestro México.
A decir de Carlos, Enrique es un hombre bien intencionado, maduro, con experiencia y que hizo un buen papel en la Cámara Federal como diputado, por eso y por más, son amigos.
Pero su amistad no se remite a los encuentros casuales en los eventos partidistas, sino que son camaradas que permanecen en constante contacto.
Es por eso que Carlos le desea suerte en esta nueva aventura.
Y le apuesta a que Enrique arrasará en la próxima contienda.
Porque ya conoce el camino a seguir.

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