Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *El héroe desconocido

Allá por el año de 1981 se estrenó en nuestro país la cinta titulada “El héroe desconocido”, dirigida por Julián Pastor y estelarizada por Rafael Inclán, Diana Bracho y Gregorio Casal. La cinta tiene lugar en un sitio llamado Valleverde, donde el protagonista decide hacer héroe a un antepasado: Hipólito Rodríguez Mendoza, y lleva a cabo, dentro de la comedia basada en la novela de Miguel Alemán, una serie de estrategias hasta lograr que se construya e inaugure una estatua alusiva al “nuevo héroe”.

Lo anterior viene a colación por la declaración del presidente Calderón en el sentido de que hay grandes héroes en cada miembro delas fuerzas armadas, en la lucha que todos conocemos, sin embargo, probablemente por no ser prudente, no se mencionó a ese “héroe desconocido” que vive en millones de mexicanos.

No negamos que la labor de miembros de las fuerzas armadas es difícil y hay que reconocer su valía, pero no podemos dejar a un lado el pensar en otro tipo de héroes, los que no pudieron -como sucedió con el Ejército- obtener un incremento de 150 por ciento en sus salarios durante los últimos cinco años.

No se habló en este fin de semana del padre de familia, héroe desconocido que sale a diario a buscar el sustento para sus hijos, y que tiene que vivir con menos de 6 mil pesos, como diría Ernesto Cordero, y de esa suma pagar servicios, bienes, alimentos y todo tipo de insumos necesarios para vivir, o probablemente, para sobrevivir.

Es cierto que el héroe tiene que hacer milagros, pero no son menos que los que lleva a cabo un albañil o un plomero, castigados por una recesión mundial y nacional que nos está ocasionando que el dinero valga menos cada día, haciendo que los empleos sean una opción poco propicia para subsistir.

El héroe, aquel que entrega sus estudios y días a la investigación y gana salarios menores, o el otro héroe, también desconocido, que sale a la calle a vender baratijas hechas en China para que sus hijos coman.

El héroe desconocido que no se mencionó en el día del Ejército y la Fuerza Armada es, también, aquel burócrata que tiene un muy pequeño salario, casi insignificante, a cambio de leer todos los días que nuestros legisladores federales y senadores se incrementan el sueldo en proporciones desmedidas en relación con el salario del trabajador, el que realmente trabaja como obrero, peón, mecánico, tornero o profesor no sindicalizado, de esos que ganan 130 o 150 pesos por hora-semana en universidades privadas o escuelas particulares.

El héroe que desconoce lo que es ir a un restaurante a pedir una orden de fajitas, porque tiene que compara uniformes para sus hijos, o pagar la consulta porque no le dieron la medicina necesaria.

El héroe, también desconocido, que está jornada a jornada ofreciendo los diarios que se imprimen y comercializan en cada ciudad del país; el héroe desconocido que grita y pide justicia, precios justos, salarios dignos y todas esas cosas que conocemos de sobra.

Un ex alumno de la Universidad Autónoma de Tamaulipas se mostró indignado hace unos días porque no le ha sido posible obtener empleo y no hay forma de hacerlo: todo está cerrado, la recesión ha orillado al cierre de oportunidades para nuestros muchachos, que ya no quieren ser el futuro de México, sino formar parte del PRESENTE y comenzar a construir su vida misma.

Se olvidaron en el evento de los héroes que no alcanzaron el 150 por ciento de incremento salarial y tienen que pagar cada mes un precio más elevado por la gasolina y carburantes en general, del que llega a comprar hasta en 15 pesos el kilogramo de tortilla, del que no puede estrenar zapatos cada mes o cada semestre, sino cada vez que sus hijos inician el ciclo escolar.

Es por lo anterior que recordamos la cinta de Pastor, la novela de Miguel Alemán, porque habemos unos 100 millones de “héroes desconocidos” que quisiéramos también ser reconocidos… y ganar lo justo.

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