Maremágnum/Mario Vargas Suárez *Los focos fundidos

Las luces mediáticas se encienden en un momento, de golpe, de tal forma que a los actores en el escenario reynosense les ‘ciega’ momentáneamente y así, a ciegas las palabras salen incoherentemente, sin ritmo, vacilantes, pero con un mensaje claro, amenazante.
¨Las tiendas escolares que vendan o fomenten el consumo de alimentos de bajo o nulo valor nutricional en instituciones de nivel preescolar y básico, se harán acreedoras a la aplicación de las sanciones administrativas que correspondan en los términos de ley¨, dijo ante cámaras y micrófonos la diputada local Teresa Corral Garza, de extracción azul.
La iniciativa de ley a la que se refiere la legisladora local, se presentó al pleno en noviembre pasado y sin mayor trámite pasó a comisiones con la noble intención de desacelerar el sobrepeso y la obesidad que ‘provocan’ las escuelas de preescolar, primarias y secundarias del estado.
En los últimas décadas el gremio magisterial ha sido muy ‘golpeado’ por acciones como la de ser los causantes de la obesidad y desnutrición infantil, entre otras cosas. No se explica tanta saña en contra de los maestros, particularmente de la educación básica.
Tamaulipas desde años pasados ha ocupado los primeros lugares, a nivel nacional, en sobrepeso y obesidad infantil y desde luego que es urgente se tomen acciones en materia de prevención junto a las autoridades más que educativas, de salud.
La crítica que este columnista hace no se refiere a que se abra la boca por este motivo, sino que de todo quieren responsabilizar a las escuelas en el supuesto que es la institución quienes dan de comer a los infantes, error.
El niño en la escuela pasa solo 4 a 5 horas con descanso de 30 minutos diarios, por lo que resulta imposible que sea el plantel escolar quién lo ‘engorde’. Más bien los gobiernos locales y el federal deben revisar las campañas de alimentación familiar y desde ése ángulo atacar el fenómeno nacional, porque es ya de salud pública, no tanto escolar.
Una realidad innegable es que los padres de familia, ambos, trabajan en actividades extra hogar, por lo que no hay una autoridad que pueda guiar a los infantes para una ingesta de alimentos sana.
Quién tenga hijos en preescolar, primaria y secundaria sabe perfectamente bien, que sus alimentos preferidos son precisamente los conocidos como ‘chatarra’ y ése es un mundo que van desde las ‘botanas’ hasta las pizas y amburguesas, lo peor es el sentido de ‘culpabilidad’ de los padres por su abandono al irse a trabajar fuera de casa y les permiten que coman lo que quieran.
Actualmente la iniciativa de ley se encuentra en el análisis de comisiones y se supone que de resultar aprobado el dictamen, entonces pasará al pleno para que, en su caso sea aprobada o rechazada.
Lo extraordinario de esta iniciativa de ley, insisto, es que se ve la mano dura contra las escuelas, puesto que se contemplan sanciones en contra las tiendas o cooperativas escolares que no se ajusten al control que disponga el Consejo Estatal de Nutrición y la Secretaria de Salud, que dicho sea de paso, no es muy claro que digamos.
No solo a los tamaulipecos, seguramente a los nacionales debiera interesarnos mucho este tema, pero la gran verdad es que seguimos con pésimos hábitos en la ingesta de alimentos y lo peor es que las autoridades de salud no hace nada por orientar a las familias, parece que lo más cómodo es acusar a los maestros de irresponsables por mantener gorditos y mal nutridos a nuestros hijos.
Justifico el título de esta columna ‘Los focos fundidos’, porque de entrada esta campaña está destinada a fracasar, porque las escuelas seguirán vendiendo lo que les están permitiendo, ya que la supervisión en ese sentido es férrea de inspectores y jefes de sector en primera instancia, aunque las autoridades de Tamatán también andan ‘ojo avisor’.
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