Como un homenaje. Hablar de una mujer como Sara será referirme un tipo de mujer casi común, de ésas que hay en las ciudades o el campo de Tamaulipas, del país y con toda seguridad en el mundo.
Sara para muchos pudiera significar solo un nombre de mujer, por lo que podrá llamar a la mujer que usted ha admirado por el papel que, no-solo desempeña, sino que representa en la familia, numerosa o no, medianamente rica, opulenta o de plano, paupérrima.
La historia de esta ‘mí’ Sara, dice de una mujer bajita de estatura, tez morena clara, bonita y hasta preciosa… ahora sin edad y con un acervo cotidiano grande, de una historia propia envidiable y ejemplar.
Sara al ser una jovencita se casó enamorada de los ojos verdes, la finura caballerosa y amable del hombre que supo ganarse primero su atención, luego su simpatía y finalmente el cariño convertido en un amor sólido.
Lamentablemente las trampas sociales en las que ha caído la humanidad se hicieron presentes en el alcoholismo del esposo y padre de los hijos de Sara, sufriendo no solo penurias financieras sino los fantasmas propios de esta enfermedad social.
Las sociedades contemporáneas con el alcoholismo y la drogadicción que no solo lastiman familias desde la economía, la desintegración, los valores, etc. pero que por desgracia, el número de enfermos sigue alterando las estadísticas.
Negligencias, irresponsabilidades, enfermedades y hasta vivir la propia muerte de aquellos ojos verdes, piel blanquísima y bigote bien cortado, estatura regular de Luis, el esposo de Sara son pasajes de la vida de esta mexicana.
Pese a las adversidades la familia de Sara fue asegurada con los trabajos de lavandera, planchadora, sirvienta, comerciante y como “la señora que inyecta”, lo que provocó ser base de la economía familiar a la sazón de educar, mantener y conducir la educación de 5 hijos, amén de dos hermanas y un hermano menor que ella, su suegra y el “lobo” y la “muñeca”.
En Tamaulipas y en el país seguro estoy que han atestiguado la existencia de muchas ‘Saras’ que por fortuna se ¿multiplican?, intentando vencer el alcoholismo, o las trampas de la vida para los hijos y desde luego, poseer las agallas para esa lucha diaria.
¿Cuántas ‘Saras’ se cansaron de deambular ofreciendo sus servicios domésticos? ¿Cuántas vieron una mañana el trabajo institucional que la vida les deparó como futuro?
La habilidad para inyectar llevó a esta Sara a ingresar como auxiliar de Enfermería y con tan buena suerte y disposición que no solo buscó terminar su preparatoria, sino que hizo la carrera de enfermera.
La “suerte de Sara” y su familia empezó a cambiar, porque mudaron a una dieta diferente, el calzado entonces ya se reparaba y así se evitaba “conocer el sabor del chicle pisado”; también el vestuario –aún en abonos- distinguió a la familia de este personaje.
La vida muchas veces parece injusta y la resignación espiritual ante la muerte hace eco de la paz interna que se busca, sobre todo en la pérdida del hijo mayor y de sus padres.
En el velorio de su madre, nuestra Sara enfrentó al dolor físico que la postró en una silla de ruedas por una hernia entre dos discos de la columna vertebral, adicionado a la génesis de la diabetes, las arritmias, taquicardias, infecciones urinarias… en fin, tantas y tantas desesperanzas para los hijos y sus familias, pero también para sus hermanas, sobrinos y vecinos.
La Sara mujer, hija, hermana, esposa, madre y enfermera hacen suponer a la madre victorense, tamaulipeca, mexicana –posiblemente latina- que se ha entregado a la vida productiva no solo del país, sino que es la imagen de la mujer defensora social de su propia familia.
El ejemplo de las Saras es el de la mujer que no se sienta a llorar su desventura; es la mujer enfrentada a su adversidad; es la que no se detiene por obstáculos; es la mujer que se duele pero no se amedrenta ante la muerte, ¿qué mina su ánimo? Es humana, pero no cobarde.
Si usted conoce a una Sara, admírela, pero por favor no lo haga en silencio, dígaselo a ella misma, no espere a que la sombra de la muerte ensombrezca la tranquilidad. No importa que no sea su familiar, porque una mujer digna nos dignifica como raza.
No deje pasar la oportunidad de decirle a “su Sara” que la ama, que le reconoce su entrega y si vive, dele las gracias por lo que a usted le ha enseñado, vale la pena… ¿Le parece buen regalo este “Día de la Mujer”?
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