Maremágnum/Mario Vargas Suárez *Anorexia… verbal

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Hace unos días leí en Internet un artículo de Gabriela Vargas, ‘Gaby’ como popularmente se le conocer a la mujer que ha hecho de la imagen, un excelente negocio porque ha vendido bien sus puntos de vista y las asesorías a empresas y personas a quienes no solo les enseña la forma de conducirse en público, sino hasta de vestir y cómo combinar los colores de la ropa y los cortes de pelo.
Gaby Vargas ha sido una mujer de éxito como empresaria, puesto que su propia imagen la ha sabido vender, incluso a través de sus conferencias y libros, aunque no me llama la atención leerla cuando escribe con Yordi Rosado (productor y conductor de TV), no se me antoja ni hojearlo.
El artículo que refiero párrafos anteriores es sobre la anorexia, entendiendo el término como síntoma que describe la inapetencia o falta de apetito y puede ocurrir en circunstancias muy diversas.
También existe la anorexia nerviosa que es una enfermedad caracterizada por la pérdida autoinducida de peso acompañada por una distorsión de la imagen corporal; también existe la anorexia sexual o anafrodisia, no es otra cosa más que la pérdida del ‘apetito’ para la interacción romántico-sexual.
Sin embargo y pese a la importancia de este interesante tema, Gaby Vargas habla en su artículo de la ‘Anorexia Verbal’ que se entiende como la suspensión de la intercomunicación entre un grupo de personas.
Detalla la promotora de imagen que inquieta por algunos temas de la vida cotidiana como “ser gay”, “el abandono”, “la lucha por salir adelante” y temas afines que se presentó a un grupo de niños en una obra de teatro y al término de esta les preguntó: “¿Qué les pareció la obra niños? ¿Qué personaje les cayó mejor? La música, ¿les gustó?, respuesta: silencio…
Los organizadores inicialmente no se daban cuenta de qué es lo que estaba pasando hasta que finalmente se percataron de un grave error: se omitió pedir a los chicos que apagaran sus teléfonos celulares. Minimizaron la práctica del celular y toda la función los espectadores tuvieron el celular encendido.
Descubrieron con tristeza que mientras unos estaban ‘muy metidos’ en sus conversaciones de redes sociales, otros se recreaban con los juegos que traen los diversos modelos de celulares.
Los niños en realidad ‘estaban bien portados’, no hablaban, no hacían ruido, no… participaban en alguna forma… el celular los tenía ensimismados, atrapados en sus redes como imán.
Lo mismo, lamentablemente sucede en las familias, en los noviazgos, entre amigos y hasta en la escuela y la iglesia. Todo sitio publico o no, donde puedan estar reunidas personas, pero… cada uno en ‘su mundo’, lo que significa que la anorexia verbal existe y cada día está tomando más adeptos.
Los mismos políticos están utilizando como estrategia de comunicación electoral las redes sociales, porque saben que en este momento son más efectivas en la comunicación de grandes masas.
“Nuestras conversaciones se adelgazan” declara Gaby Vargas, pareciera que hemos incorporado a la vida diaria la norma de los 140 caracteres requeridos en Twitter. Pero la anorexia verbal no es un tema que atañe sólo a los niños, es un mal que ataca a todos. Entre más rápido vamos, mayor es el padecimiento y al parecer no hay quien los detenga.
Aunque parezca mentira en el aula, ya de la escuela primaria y no se diga en la universidad, los maestros están librando una batalla en contra de los celulares, es hasta común que por medio de las redes sociales se pregunten respuestas hasta de exámenes. En Japón tuvieron que prohibir los celulares en la escuela. En México una medida así provocaría una queja ante Derechos Humanos y entonces sí, ¡Pobres de los maestros!
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