Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Manuel Raga: el hombre

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Una vez lo comentamos en una mesa de conocido café victorense: estábamos él y yo únicamente, en espera de los demás amigos con los que por lo general convivíamos a diario.
Evocamos muchos recuerdos, aunque no somos contemporáneos, pero sí hay algo que nos unía: el basquetbol, ese deporte “ráfaga” que fue, es y ha sido su vida, y que se convierte en la pasión de muchos de nosotros, disfrutando cada momento en televisión o en vivo, cuando uno de esos gigantes –literalmente hablando- corre y con una inusitada facilidad encesta la pelota a unos metros de distancia entre el piso y la anotación.
Manuel Raga formó parte de aquella selección olímpica de los que fueron considerados los mejores juegos olímpicos de la historia del siglo anterior: México 68, cuando junto con otros jugadores como el “Chiquis” Grajeda y muchos más, hicieron las delicias de millones de mexicanos que nos quedamos afónicos frente al televisor viendo las hazañas de cinco personas, entre ellas, el jugador originario de Tampico, y que hoy por hoy se constituye como un gran ejemplo para los deportistas modernos.
Es Manuel Raga Navarro un tamaulipeco ejemplar, dignísimo portador, a partir de este lunes, de reconocimiento que hace el Congreso del Estado a los hijos de la llamada “patria chica” que han dejado su nombre muy en alto y que se han significado por ser personas probas, honestas, comprometidas con los suyos y consigo mismos, por lo que se han convertido en un verdadero ejemplo para nuestros hijos.
Hoy por hoy, vemos deportistas que se drogan, que simulan faltas, que pretenden triunfar a base del engaño. A Raga le tocó vivir el tiempo en que un deportista caía al suelo cuando realmente lo lastimaban, y jugaba y luchaba hasta el último de los segundos del ultimo minuto… del ultimo cuarto. Nunca se daban por vencidos ni ganando por marcador escandaloso. Jugó Raga cuando el deportista tenía honor y ética deportiva, y eso es lo que ha inculcado en miles de pupilos que la vida ha puesto para que sepan lo que es aprender del maestro, el verdadero maestro.
El Congreso del Estado cada año premia a un tamaulipeco ilustre y un poco más: el lunes, por justicia, don Manuel Raga Navarro no recibirá la medalla de campeón olímpico o el trofeo que muchas veces obtuvo como el mejor jugador de las ligas europeas. Tampoco recibirá uno de esos diplomas de los que seguramente tiene miles, donde destacan su participación en tal o cual club.
Este lunes, Manuel Raga Navarro recibirá la medalla al mérito Luis García Arellano, el máximo honor que otorga el pueblo de Tamaulipas a través de sus representantes populares a uno de sus hijos. Más que merecido.
Aquella tarde en el café hicimos confesiones con Manuel Raga: “Maestro –le dije- nunca imaginé que estaría en una mesa de café, departiendo y compartiendo temas con uno de los más grandes deportistas que he visto, con una de las personas que más admiré durante mi niñez –ya lejana- y que he tenido siempre presente porque es una persona que vive honorablemente en todos sentidos”.
Raga sonrió y se sonrojó, pero como el adulto que le hizo tal confesión vivimos cientos –miles- de niños añorando un autógrafo, una camiseta de Raga… o al menos, un recorte de periódico donde constaban sus hazañas.
Es, desde nuestra óptica, uno de los más merecidos homenajes que hace Tamaulipas a su gente. Ya Altair Tejeda de Tamez tuvo ese honor, o Sergio Cárdenas Tamez, y como ellos muchos más.
Este lunes el homenaje del pueblo nuestro es para Manuel, el Manuel de cada quinteta y de los muchos encestes, bloqueos y rebotes, el Manuel humano que nos enseñó que tiene tantas virtudes y defectos como cualquiera de nosotros, pero que tiene algo más que es especial: su amor a la tierra que le vio nacer, su amor a la profesión de su vida, pero su entrega, su corazón y su coraje, que deben ser ejemplo para la niñez de nuestros tiempos, antes de que sea demasiado tarde.
Bienvenido el homenaje a un gran tamaulipeco, aun gran hombre… al amigo, a Manuel Raga.
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