Para muchos de nosotros, resulta increíble, inverosímil el hecho de que algunos miembros de la esfera máxima del poder en el país se quejen de que hay escucha de grabaciones telefónicas e intercepción de líneas, que se han llevado a cabo toda la vida, argumentando “seguridad nacional”.
Cuando gobernaba el PRI en el país, decían que eran acciones ilegales, sin embargo hoy se justifican por la seguridad nacional; el hecho es que sigue siendo algo ilegal a menos que un juez determine en una sentencia que se avale el procedimiento.
Los abogados saben mejor que nosotros los casos en que se permite este tipo de acciones. Josefina Vázquez Mota se deberá ya de haber dado cuenta que su candidatura hace apología a aquella película titulada “durmiendo con el enemigo”, ya que es la segunda ocasión que ventilan conversaciones de ella que comprometen la probidad con que se dice desempeñar, y ponen en tela de duda su honorabilidad y fiabilidad como para poder confiarle las riendas de una nación tan castigada y ávida de un buen gobierno como es nuestra querida nación.
Cuando al gobernador de Tamaulipas se le ventiló en una conversación con Elba Esther Gordillo, ninguno de los dirigentes o militantes de Acción Nacional supuso que era ilegal: condenaron el hecho de que Eugenio Hernández hablara en el proceso con la Gordillo, pero nada más. No vieron nada ilegal en la medida de que se interceptaron las llamadas.
Lo que nos queda claro es que no se puede confiar uno en las líneas de teléfono de ninguna manera, y viene el recuerdo a las estrategias de un destacado priísta, ex gobernador de Tamaulipas: Tomás Yarrington por lo general acordaba muchas cosas con ciudadanos, líderes, funcionarios y demás, durante sus giras y de una manera muy peculiar.
Tomás salía a caminar a las plazas de cada ciudad y dando vueltas a la misma, tomaba del hombro a su interlocutor para escuchar o para comentarle lo que consideraba pertinente.
Decía, en son de broma –y mucho en serio- que solamente las urracas podrían escuchar lo que él decía, y así, garantizaba, por una parte, la confiabilidad de los diálogos, y por otra, testimoniaba la falta de confianza en cualquier instancia para garantizar que no había micrófonos o algo por el estilo.
Hoy, el PAN se ha pronunciado en contra de las medidas porque la señora Vázquez ha sido objeto de grabaciones ilegales que trascienden a la opinión pública: a través de las redes sociales nos hemos enterado de algunos de los conceptos que tiene la candidata del PAN sobre los que gobiernan hoy en día.
¿Hay confiabilidad? Suponemos, a juzgar por lo que leemos y escuchamos, que no se puede confiar alguien ni en su sombra, y como dicen otras personas: el teléfono es para ponerse de acuerdo en una cita o para hablar del resultado del Real Madrid contra el Apoel de Chipre, únicamente, porque asuntos delicados no pueden manejarse en este medio de comunicación, dado que no existe la suficiente confianza en que hayan sido respetados los principios de intimidad que se deben garantizar siempre.
Grave, muy grave resulta el hecho de que se graben las conversaciones, y no compartimos la idea de que sea un procedimiento adecuado. Hay otras formas de ganar, pero de ahí a que se quiera culpar sin fundamentos ni pruebas a sus más acérrimos rivales, a quienes han visto como enemigos, dista mucho de la realidad.
Suponemos que los hoy afectados ven “Moros con tranchetes” y quieren culpar a los partidos políticos que se encuentran arriba en las preferencias ciudadanas según las encuestas.
Nada ni nadie garantiza que sea PRI, PRD, PANAL u otra fuerza política los autores intelectuales de estas intercepciones de comunicaciones, y asegurarlo, como ha hecho el boquiflojo de Javier Lozano, implica incurrir en otro delito que es el de difamación, y del que Lozano sabe mucho, porque, como bien lo ilustra el excelente caricaturista Parras, es el “perfecto perro de caza” para la contienda: hablador, gritón, bravucón, aunque con él se reafirma aquello de que “perro que ladra, no muerde”. Ya hemos sabido lo que le sucedió a aquel que, con tanta certeza dijo que ganaría a Peña Nieto, López Obrador, Marcelo y a quien se le pusiera enfrente. La suficiencia infantil del perro guardián está en entredicho, y es probable que tenga que ver con el delito que demandan los empleados de la Vázquez Mota.
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