ORBE/La política, un calvario *Ma. Teresa Medina Marroquín

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Acorde a los tiempos que viven el calendario gregoriano, desde la semana pasada los mexicanos estamos de lleno en un camino que puede convertirse en auténtico calvario para muchos: el proceso electoral para renovar la Presidencia de la República.
Muchas han sido las voces de reproche hacia nuestro sistema político, y no hacia la democracia, como muchos nos han querido vender la idea. Y es que en sí mismo, el concepto de la democracia representa una excelente oportunidad para que los ciudadanos de países como el nuestro decidan su futuro, mediante los procesos electorales para elegir a nuestros gobernantes.
Sin embargo, la “primera caída” de nuestra incipiente democracia fue justamente con las reformas electorales que dieron a los partidos políticos la exclusividad de postular a los candidatos a puestos de elección popular.
De esta antidemocrática manera, los organismos políticos por excelencia niegan una y otra vez el derecho a los ciudadanos de ser votados (consagrado en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos).
Y ahí tenemos a media centena de ciudadanos a los que el Instituto Federal Electoral les ha dado con la puerta en las narices; sí, y junto al IFE los jueces de la Nación también negaron dicha posibilidad de registrar candidaturas auténticamente independientes.
Siguiendo con nuestro sinuoso camino democrático, el país parece haber tenido su “segunda caída” allá por el 2006, cuando ante lo apretado de los resultados, el IFE salió a dar como ganador a Felipe Calderón Hinojosa.
Bueno, pues a partir de ahí, el desastre total para esta democracia que sigue en pañales, pues ante la terquedad de impedir abrir las contiendas a las candidaturas independientes, los partidos dominantes hicieron efectivo el robo de derechos que escenificaron los diputados federales este año, al negar a la población la posibilidad de postularse por su cuenta.
¿Vendrá una tercera caída antes de que termine el año? A nadie conviene que el Estado de Derecho se rompa con la imposición legal de un presidente a modo. Bueno, si en eso está pensando el actual mandatario.
Y es que no son pocos los analistas políticos que ven la posibilidad de que Felipe Calderón Hinojosa pretenda maniobrar para evitar que un partido político distinto al PAN llegue a Los Pinos.
¿Terminará don Felipe de crucificar a nuestra pequeña y débil democracia? ¿Estarán entre sus planes actos descabellados que darían al traste con la poca estabilidad política y social que nos queda?
Ojalá que el Presidente de la República asuma su responsabilidad y no pase de intentar influir en el ánimo de los electores con eso que ya parece ser una tradición panista: la guerra sucia.
Sí, ojalá que el primer panista del país se limite a intentar ayudar por debajo de la mesa a Josefina Vázquez Mota y que no caigamos en el autoritarismo o en medidas dictatoriales de aquellos que se aferran al poder.
¿A qué le teme Calderón?
Desde nuestra humilde opinión, Felipe Calderón Hinojosa no está dispuesto a convertirse en el Pilatos mexicano del tercer milenio, que entregó el país a la prole, dejando que ellos decidan el destino de la Nación. No, el Presidente está decidido a poner el último clavo a la cruz de los mexicanos: la incipiente democracia.
Por ello, habrá que razonar bien el voto, pues un candidato a diputado federal puede ser la diferencia si llega al Congreso de la Unión. Ojalá que alguien nos ofrezca abrir de una buena vez por todas las candidaturas independientes a la población mexicana; eso sería una bendición para todos los que vivimos en este país.
Porque, tal vez, por ahí pueden venir los auténticos estadistas que nuestra Nación requiere en estos momentos de incertidumbre.
En fin, por ahora no me resta más que desearle un excelente día; y recuerde ser feliz, junto a su familia será mucho más sencillo.
Posdata. A los fieles cristianos, una disculpa si con el juego de palabras de este día se sintieron ofendidos, no es nuestra intención, por el contrario, el objetivo del presente comentario es aportar una opinión al bien colectivo. Por su comprensión, gracias mil.
Hasta la próxima.
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