Hay quienes ocupan la estadística para formular proyectos, ampliar horizontes y proyectar, aunque también los hay en el otro sentido y que procuran engañar, hacer cosas indebidas para tomar el pelo a la gente. Las encuestas son una clara muestra de ello.
Estamos ciertos que todo lo que se hace y en lo que interviene el ser humano es perfectible… y corruptible, es decir, se puede prestar a engaños. En el caso de las encuestas, hemos sabido de casos en los que quienes son contratados para cuestionar a la ciudadanía o a cierto sector en particular, simplemente se echan a descansar y rellenan los cuestionarios con aspectos que nada tienen que ver con la realidad; otros, sin embargo, sudan “la gota gorda” porque recorren calle por calle, casa por casa, y buscan la respuesta de nosotros, los ciudadanos, que también podría ser cuestionable en el sentido de que algunos decimos que sí a un concepto con tal de quedar bien con los encuestadores o para no tener problemas, y a la hora de la decisión, tomamos otra dirección.
En el caso de las elecciones, uno puede decir al encuestador que votará por el PRI, PAN o PRD, y el día de los comicios cruzar por otro instituto político porque así lo hemos decidido. Recordemos que el voto es libre y secreto y podemos cada uno de los potenciales electores cambiar de opinión cuantas veces queramos. Nada nos obliga a votar por un partido en especial, a menos que moralmente estemos comprometidos con la causa.
Ha habido políticos malos que utilizan la encuesta para engañar a la ciudadanía. Hoy en día se manejan en Reynosa datos que algunos suponen no son reales, es decir, producto de una encuesta amañada que pretende engañar. Fraude total, diríamos nosotros.
Y también, cuando se realizan en ciertos sectores sesgados, dejan mucho que desear porque no reflejan la realidad. Un ejemplo quizá muy simple pero que aplica: en Victoria 50 por ciento es fanático del América y 50 por ciento del Guadalajara, aunque no nos dicen que los datos fueron tomados de dos hogares, con dos aficionados cada uno. No mienten, cierto, pero no reflejan la realidad.
En ese sentido, empresas que tienen una trayectoria reconocida llevan a cabo ya una serie de encuestas sobre las preferencias electorales y que colocan a Enrique Peña Nieto a la cabeza, seguido de Josefina Vázquez Mota, luego de Andrés Manuel López Obrador y, finalmente, de Gabriel Quadri. En ese tenor suponemos que ya está decidida la elección, sin embargo, falta lo más importante: la jornada electoral, donde algunos que fueron cuestionados pueden cambiar su voto, porque no lo han emitido al día de hoy.
Cierto es que nos dan una idea aproximada para darnos cuenta del ambiente en el tiempo en que se levantó, pero aún falta mucho para que uno u otro considere que ya tiene la elección ganada o perdida en su caso; lo anterior aplica para candidatos a diputados y senadores. Recuérdese aquella derrota en los comicios anteriores que terminó con la toma de protesta de una senadora por Tamaulipas que nunca pensó siquiera en llegar.
No es prudente dejarnos llevar por los datos triunfalistas o pesimistas que nos presentan, sino en lo que escuchamos de cada uno de los contendientes, sea en los distritos, en el estado o a nivel nacional. Solamente esperamos que haya propuestas congruentes con la realidad, que no nos quieran vender un mundo de fantasía o propuestas que no se van a cumplir.
No podemos dejar de reconocer que México, con todo lo que tenemos, es una nación en vías de desarrollo y con un porcentaje muy elevado en materia de pobreza extrema: millones de mexicanos pobres y otros tantos, mucho muy pobres son una realidad, aunque las encuestas oficiales nos digan que hemos superado este renglón. Todos sabemos que no se apega a la realidad, y nos molesta saber que se nos quiera engañar.
Es justo tener cuidado de la manera en que se manejan los datos, procurar buscar fuentes fidedignas, calificadas, que nos den una idea, aunque, finalmente, el que muchos de los que nos rodean piensen que tal persona ganará, y si nosotros pensamos que hay otro mejor, tenemos la total libertad de ejercer nuestro voto y manifestar nuestro punto de vista, sin presiones y sin encuestas de por medio.
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Atentamente:
Carlos David Santamaría Ochoa Ph.D.
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