Charolas puede haber de mil formas, colores, tamaños, utilidades y el título de esta columna se refiere precisamente al traste o utensilio que en la cocina sirve como recipiente para la distribución de algún bocadillo salado, dulce o tal vez para transportar todo un desayuno, almuerzo, comida o cena a la cama de un comensal, ya porque esté enfermo, ya por que lo quieran alagar.
Sin embargo coloquialmente se utiliza este sustantivo para referirnos a un recipiente para recolectar, quizá monedas o billetes en la iglesia, o tal vez como cooperación para algún evento.
El término ‘pasar la charola’ se refiere figurativamente a cooperar con alguna causa, noble, electoral, eclesiástica, deportiva, educativa, sindical, etc. La idea principal es la cooperación comprometida.
Los candidatos a diputados federales, senadores y a la presidencia de la república andan muy sonrientes con todo el mundo, buscando con esa estrategia el voto que les coloque en el lugar que buscan.
Pese a la sonrisa electoral, se ha hablado mucho y sobre todo por debajo de la mesa, sobre ése ‘pasar de charola’ entre los amigos, familiares y gente que de una u otra forma se sienta comprometida –o lo comprometen- con los candidatos al cargo de elección popular que me señale.
Corren rumores muy fuertes de que incluso los actuales diputados locales y federales, funcionarios de todos los niveles y hasta empleados muy humildes y sin aspiración política, les han avisado o de plano ya les ‘pasaron la charola’ para la campaña electoral que inició recientemente.
No hay registro de esos movimientos financieros y bien pudiera tratarse de una donación legal –de esas que el IFE tiene contempladas en su marco jurídico- pero también de un fraude, desde el mismo momento que no hay recibos que ostenten la leyenda de “cuota voluntaria” como en las asociaciones de padres de familias en las escuelas.
El detalle es que no se pueden comprobar este tipo acciones que en un momento dado llegan a ser simples y descaradas extorsiones a nombre de un candidato o personaje con ‘poder’, sobre todo por el temor a ser señalado.
Se sabe de oídas –nada comprobado-, por ejemplo, que diputados, asambleístas, senadores y la alta jerarquía de jefes en una administración como el gobierno del Distrito Federal, mensualmente ‘les pasan la charola’ para mantener los gastos que se originaban del ‘presidente electo’.
Innumerables voces se escucharon por diferentes escenarios para pedir explicaciones de los ingresos del ‘gabinete presidencial del gobierno legítimo’ de los amarillos comandados por ‘peje’ y el silencio fue siempre la respuesta. Bueno ni el IFAI pudo dar respuesta.
No es de extrañar entonces que esos rumores sobre el ‘pase de charola’ a ciertos personajes en realidad haya sido y es efectivo, pero el silencio es oro molido y hasta ahora nadie ha abierto la boca en contra de esta regla no escrita en la política ¿mexicana?
Lamentablemente esto es una realidad y no le extrañe que algún periodista de plano escriba el nombre de algún candidato de cualquier partido político haciendo esta denuncia que pudiera ser verdad, pero que también la mentira y la difamación fuese el centro de noticias como esas, con la sola idea del desprestigio ante el electorado.
Esto sin duda es una verdad muy dura, como dura fue la nota publicada en la revista Proceso de la semana pasada donde el Presidente del IFE, Leonardo Valdés Zurita declara en ‘Arranque y los Focos Rojos’, un artículo de Carlos Acosta Córdoba, que el tema central de este arranque es la inseguridad en el país y según el propio IFE, de las más de 66 mil secciones que hay en el país, poco mas de 9 mil (14%) merecen atención especial y de estas, poco menos de la mitad tienen problemas de inseguridad.
Las poblaciones, según el IFE, con mayor incremento en la inseguridad son Cd. Juárez e Hidalgo del Parral en Chihuahua; El Fuerte en Sinaloa; Tijuana en BC; Iztacalco en el DF; Zitácuaro en Michoacán; Monterrey en NL; y Acapulco.
Y como dijera muestra amiga periodista del canal 10, Cuquis Garza, ¿Cómo la ve?
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