Maremágnum/Mario Vargas Suárez *El examen de junio

Aprendí teóricamente que un examen de conocimientos es aquél que se aplica con la finalidad de evaluar el porcentaje o ‘profundidad’ de lo que se ha aprendido en el aula.
La vida práctica, me ha enseñado que una prueba o examen escolar puede tener varias vertientes: por un lado y apegado a la teoría, valorar, pero por el otro, solo justificar una acción. Así por ejemplo, usted o yo hemos presentado exámenes en la escuela que llevan la finalidad más que valorar, reprobar al estudiante o en su caso, solo asustarlo y pasarlo.
Hay teorías del examen o pruebas de conocimientos que denuncian miedos y hasta fobias.
En una escuela que hace muchos años impartía cursos de verano a profesionales de la educación, contrató en su nómina a un ‘seudo profesor’, originario de Coahuila, que hacía gala de poseer el título de médico militar y en sus clases amedrentaba a los estudiantes sobre los ‘exámenes semestrales’.
Llegó a protagonizar verdaderos escándalos en el aula donde rompía públicamente un examen a un alumno (a) que bajo su óptica estaba copiando. Imagine usted el estado nervioso de los demás compañeros, sobre todo si el ‘castigado’ con la vergüenza de ser hasta expulsado del aula, era n ‘nerds’ o ‘cerebrito’. La idea era atemorizar al grupo y a la víctima le ponía sin reservas el 10.
Ayer por la mañana platicando con el Dr. Agustín Barraza, ilustre y connotado catedrático de la facultad de Derecho Victoria, sobre la teoría del examen, le pregunté la razón del examen aplicado a sus estudiantes y coincidió con quien escribe, sobre la necesidad de fijar objetivos para la aplicación de una prueba de conocimientos.
El tema de las pruebas de conocimiento con el Dr Barraza vino a colación por la nota periodística que me publicó ayer este importante medio y que se refiere a la evaluación universal del profesorado de educación primaria del país, afiliado al SNTE y que el viernes pasado, desde Mexicali, Elba Esther Gordillo Morales declaró que no permitiría su aplicación a menos de que la Secretaría de Educación Pública fundamentara tal acto.
Una de las sorpresas que, confieso, me he llevado es que un número indeterminado de voces no gubernamentales que se han elevado para exigir la aplicación del mentado examen de conocimientos el próximo junio.
Tal actitud no puede ser otra cosa más que una muy buena campaña de desprestigio social de los maestros donde le han hecho creer a los mexicanos que los maestros son unos ‘burros’ que ‘no saben lo que enseñan’ y desde luego que la película “De Panzazo” desempeñó bien su encargo.
Por principio le comento que la formación de los maestros es del Estado con bachillerato como antecedente, le aseguro a usted que los normalistas leen más teoría y llevan más práctica que cualquier estudiante de este nivel, quizá los médicos sean buena comparación.
Luego, el maestro reproduce los contenidos programáticos que el Estado le facilita, utiliza los libros de texto que la Secretaría de Educación- el Estado- le entrega y evalúa –obligatoriamente- con la escala que le ordenan. En este mismo sentido a los escolares les califican asistencia, puntualidad, tareas, aseo personal, uniforme, colaboración, respeto a compañeros y superiores, cumplimiento y limpieza en los trabajos, computación, inglés, etc.
El examen, como la pruebas ENLACE y PISA solo califican las cuestiones que contesten bien los alumnos en la prueba… sin rodeos.
Desde luego que no existen coincidencias entre lo que el gobierno y el profesor califican y los papás y las autoridades lo saben, pero la idea central es reprobar niños, para dejar en mal a los maestros.
¿Para qué aplicar una prueba de conocimientos a los profesores? ¿No es cierto que continuamente se gastan millones de pesos en cursos de actualización para los maestros en servicio?,
No se debe omitir la advertencia de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación que denuncio desde el año pasado a la ‘evaluación universal’ como el primer paso para privatizar la educación básica en México.
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