“La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir; nada hay más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras”
Jean Jacques Rousseau
Según la Ley para la protección de sus derechos, los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a la vida; a la no discriminación; a vivir en condiciones de bienestar y a un sano desarrollo psicofísico; a ser protegido en su integridad, en su libertad, y contra el maltrato y el abuso sexual; a la identidad; y a vivir en familia.
También son sus derechos el acceso a: la salud, la educación, el descanso y el juego, la libertad de pensamiento y del derecho a una cultura propia, la libertad de expresión y “ejercer sus capacidades de opinión, análisis, crítica y de presentar propuestas en todos los ámbitos en los que viven, trátese de familia, escuela, sociedad o cualquier otro”.
Pero, como suele suceder con las leyes en nuestro país, esos derechos difícilmente se pueden llevar a una práctica continua, y no porque se trate de los niños, las niñas y los jóvenes, sino porque el aplicarlos implica que se tengan que mermar los intereses de ciertos grupos de poder.
Según el “Informe sobre el Estado Mundial de la Infancia 2012: Niñas y Niños en un Mundo Urbano”, de la Unicef, dado a conocer en nuestro país recientemente, México tiene pendiente garantizar el bienestar de los niños y niñas menores de 5 años ya que la tasa de mortalidad infantil en 2010 fue de 17 por ciento.
En el mismo documento, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia dice también que “en México, el 5% de los niños entre los 5 y 14 años se encontraron trabajando entre el año 2000 y el 2010”. Además asegura “que aunque los niños en situación de desventaja vivan a pocos minutos de escuelas y clínicas de salud, no tienen acceso a las mismas debido a la pobreza y la discriminación”.
Y bueno, la más reciente violación al derecho de la libertad de expresión infantil lo vimos hace unos cuantos días cuando el Congreso de la Unión ordenara retirar de los medios de comunicación los videos de los “niños incómodos”, esos donde exigen a las autoridades un México mejor escenificando diferentes episodios de la vergonzosa historia moderna de nuestro país
Hoy celebramos el Día del Niño, un evento que se supone debería servir para honrar a los reyes del hogar, a la esperanza de México y no sé cuantas frases más que han convertido a la infancia en uso político más que social.
Más allá de las estadísticas presentadas por la Unicef, que ya de por sí son alarmantes, la realidad que viven los niños, las niñas y los adolescentes en nuestro país dista mucho de las condiciones ideales para que se desarrollen satisfactoriamente.
Desafortunadamente ni los padres de familia, ni las autoridades y la sociedad adulta en general hemos podido entender que, como aseguró el siquiatra Karl Menninger, “lo que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad”.
Hoy nuestro país está estresado. La violencia incesante, la falta de oportunidades laborales, los sueldos bajos y los altos costos de los productos y servicios así tienen a nuestra Nación; y esa es la incertidumbre que les estamos dando a nuestros niños y eso es lo que van a dar a la sociedad el día de mañana.
Por eso es urgente que se ponga en práctica esa Ley para la Protección de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes; que se garantice la atención a nuestros infantes, aunque eso implique construir un México fuerte, sólido y con un mejor futuro para todos los mexicanos y no para unos cuantos.
Sólo así podremos hacer dichosos a nuestros párvulos y darles en realidad un feliz Día del Niño.
En fin, por ahora no me resta más que desearle una excelente semana; y recuerde ser feliz, junto a su familia será mucho más sencillo.
Hasta la próxima.
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