A PESAR de que ayer en esta ciudad desfilaron más de 30 mil trabajadores sindicalizados, ante el regocijo de sus dirigentes y la aceptación de funcionarios y políticos, el ambiente de fiesta y de alegría que manifestaron esos trabajadores, estuvo muy lejana y ajena al verdadero y real sentido de lo que fue la lucha sindical que se originó en 1886 en Chicago, y luego en 1906 en Cananea y Río Blanco, fechas que marcarían la pauta de una paulatina descomposición del movimiento obrero que en la actualidad se ha degradado hasta convertirse en una fiesta sin alma, casi pagana y pueril.
Y lo es porque a pesar de que en la actualidad la clase obrera y trabajadora de México vive en la cuasi miseria y está convertida en parte del ‘lumpen’ de las grandes urbes, sus necesidades y exigencias son calladas por el aplastante fascismo de sindicatos corruptos cuyos dirigentes siguen enriqueciéndose de las cuotas que semanalmente se les descuentan a cada empleado, cuotas que nadie sabe o nadie quiere decirlo, a donde van ni quien se aprovecha de ellas.
Aunque vale decir que son precisamente los dirigentes sindicales corruptos todos, quienes se apoderan no solo de la voluntad de la clase trabajadora, sino que a base de amenazas y presiones, los obligan a rendirle pleitesías y acudir a actos y eventos, so pena de ser castigados o de sancionados con rebajas en sus salarios.
Así ocurrió ayer cuando uno a uno desfilaron esos 72 contingentes que aglutinaron a 32 mil trabajadores. Los coordinadores sindicales de cada empresa tenían en sus manos un listado con los nombres de los trabajadores que iniciarían el desfile, y al terminar, ellos mismos daban fe de quienes y cuántos terminaban la marcha de la sumisión, para dar cuentas claras a sus dirigentes, y de paso recibir el premio económico por tan serviles actitudes.
Por eso es que conforme pasa el tiempo, nada hay que festejar el uno de mayo, porque muy pocos conocen la verdadera historia de este desfile, y casi nadie lo siente como una oportunidad para manifestar el repudio y el rechazo al monopolio del poder, así como manifestar que se cumplan a cabalidad los postulados del artículo 123 de nuestra Constitución, que si bien algunos desean modificarla, creo que más que ello debería ser aplicada en estricto, ya que además de que los dirigentes sindicales no la respetan, a cada momento se olvidan de ella.
Cuando los trabajadores protestan, lo hacen por ser la directriz institucional o los mandamientos sindicales, no para favorecerlos, sino porque los intereses de los sindicatos se están viendo lesionados con las políticas modernizadoras de un nuevo sindicalismo menos abyecto y más democrático.
Los parásitos sindicales tienen miedo al cambio, y por ello azuzan a los trabajadores a manifestarse en contra de todo lo que les afecte, como lo es una reforma laboral integral, que si bien sería el camino hacia la desaparición paulatina del sindicalismo representativo, en la práctica pudiera ser más humana si se apega al desarrollo de las instituciones protectoras de los derechos laborales.
Lo que vi ayer nada tuvo que ver con los derechos de los trabajadores, más bien fue una marcha impía, obligada, pero que al final de cuentas fue aprovechada por la mayoría de los marchantes, quienes aprovecharon el día de asueto para estar con sus familias o para pasar un rato agradable, quizás eso fue lo único noble del desfile de ayer en esta ciudad.
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YA PASÓ un mes desde que los partidos políticos iniciaron sus campañas para la diputación federal en el primer distrito de Tamaulipas, y la verdad, ninguno de los aspirantes a ese cargo ha hecho algo que sea digno de mérito, ya que se han mostrado grises, apáticos, deformes en sus compromisos y muy vulnerables, que si hubiera algún candidato fuerte y carismático, el resto habría renunciado por la inercia del más apto.
Cuando el 30 de marzo el Instituto Federal Electoral dio por iniciadas las campañas electorales para presidente de la República, senadores y diputados federales, pensé que en esta ciudad habría algún personaje que representaría los verdaderos intereses de una ciudadanía ávida de empleo, de seguridad, y de hacer y recomponer lo que se está haciendo mal, pero la frustración me invadió al ver que ninguno de ellos llena el vacío social que se siente en esta ciudad.
Pero eso que siento lo percibo en la mayoría de los ciudadanos, quienes comentan a cada momento y en cada oportunidad, que los candidatos que buscan representarlos en el Congreso de la Unión, son personajes de papel, falsos, ambiciosos y sin un verdadero conocimiento de la realidad social, porque carecen de sentido social al estar movidos solo por sus intereses personales y de partido.
En este segundo mes de campaña estoy seguro que las cosas no cambiarán para nada en el proceso de la campaña. La candidata del PRI, Verónica Flores, seguirá inmóvil y tan gris como cuando inició su campaña.
No le invertirá capital ni más interés del que ya tiene, porque piensa al igual que los dirigentes de su partido, el efecto Peña Nieto la colocarán dentro de su inercia, por lo que piensa que será inútil invertirle capital humano y económico a una causa que de antemano supone ya está ganada.
Por su parte, el candidato del PAN, Glafiro Salinas Mendiola, personaje socialmente más conocido que Verónica, no ha sabido aprovechar el efecto mediático que su partido está manejando nivel de las redes sociales, y por el contrario, se ha estancado temeroso de que el efecto Josefina lo envuelva y lo arrastre al tercer sitio en que lo ubican las encuestadoras a nivel nacional.
Y al igual que la candidata del PRI, teme invertirle dinero a su campaña bajo estigma de no tener sentido hacerlo al sentirse derrotado de manera anticipada.
La candidata del PRD, Lizbeth Marín, a mi juicio, tiene un don que su partido no ha aprovechado de manera anticipada, pese a que los demás candidatos carecen de ello. Se trata de una candidata joven, simpática y con mucho carisma, dotes que el dirigente estatal de su partido, Jorge Valdez no está aprovechando, tal vez porque al igual como lo hizo hace tres años, ya se vendió de manera anticipada al PRI, y utiliza a Lizbeth como mero artificio de propaganda.
Por el lado del Partido Nueva Alianza, el profesor Bruno Delgado Almaguer sigue siendo un foco apagado a mitad de madrugada. Escasa publicidad, nula representación, y cero acercamiento con los medios de comunicación, elemento vital para darse a conocer.
Tal vez por designio de su dirigente estatal, el nefasto Arnulfo Rodríguez, o por la voluntad de la sempiterna dirigente nacional, Elba Ester Gordillo, piensa Arnulfo que con ser candidato de un partido condenado a la desaparición de no alcanzar el porcentaje de votos exigidos por el IFE para su permanencia, que es el 2%, es más que suficiente para enaltecer su ego.
Es una pena que María Elena de Anda Hernández, candidata del Partido Verde, tenga nulas posibilidades de figurar en el espectro electoral, ya que su dirigente en la ciudad, Antioco Mendez, siempre ha estado bajo los designios del PRI, y si no, recordemos cómo en las elecciones para presidente municipal en el trienio anterior, por la votación obtenida merecía el cargo de regidor, pero lo cedió a un priista.
Con ese panorama, ¿Qué nos espera a los votantes el uno de julio?
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ABSURDA me parece la postura asumida por el propietario de TV Azteca, Ricardo Salinas Pliego, de darle mayor importancia a un partido de fut bol que a un debate que puede marcar el camino al triunfo o la derrota entre los aspirantes a la presidencia de la República, y digo absurda porque esa actitud mediocre demuestra no solo una evidente falta de sentido cívico, sino de falta de respeto a una sociedad que merece, en esos términos (aunque en la práctica no lo parezca), enterarse de lo que diga quién será el futuro gobernante de un país sumido en la indolencia y la crisis.
Restarle importancia a un evento de tal magnitud por mero capricho o tal vez por designios de su voluntad preferencial hacia uno de los candidatos, es muestra de inmadurez, porque está tomando partido, sea consciente o inconsciente, y eso es indudable que afectará el resto del proceso electoral, ya que su comportamiento es similar el de Televisa, con tanta telenovela programada en tiempos de crisis intelectual, cuando debería promover más los programas culturales y de motivación al razonamiento y la crítica.
Pero de igual manera me parece absurda la postura asumida por el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, a negarse a debatir públicamente con los otros candidatos, o peor aún, al negarse sus patrocinadores a hacerlo, sabedores de que volvería a caer en las imprecisiones y los absurdos de sus respuestas.
Creo que para el PRI, dicha actitud de negarse al debate es la correcta, porque solo así se le protege de no volver a ser el ridículo en las redes sociales, porque no está preparado para contestar preguntas incómodas o que estén fuera del script.
Pero para el candidato esta situación, en el curso de los dos meses que faltan para terminar las campañas, pueden afectarle, debido a que los candidatos del PAN, Josefina Vázquez Mota, y del Movimiento progresista, Andrés Manuel López Obrador, tienen aún posibilidades de crecer gracias al camino que Peña Nieto les dejará libre, y mientras el priísta se estancará por ya no haber espacio para el crecimiento, los otros dos al estar en franca lucha de debates y propuestas, dejarán al electorado la vía para el análisis, y se irán olvidando de peña.
Al menos eso es lo que se ve en las redes sociales, elementos de comunicación tan elementales en este proceso electoral, que si bien no son alternativos a los medios tradicionales, si se han convertido en una importante fuente de comunicación alterna.
Pero la verdad de las cosas está en manos del electorado, sobre todo aquel que en estos momentos se encuentra sumido en la indecisión, personajes a los que los candidatos y sus partidos enfocan sus baterías, por representar la mayoría en el padrón electoral que acudirá a las urnas el uno de julio próximo.
Es a ellos a quienes quieren convencer. A los indecisos, a las mujeres y las amas de casa por representar ellas el 51% del padrón electoral total, a los estudiantes universitarios críticos, a los jóvenes que acaban de cumplir sus 18 años y ya cuentan con credencial de elector, y sobre todo, a los desposeídos y marginados sociales, a quienes se les recuerda cada tres y cada seis años.
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Hasta mañana
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