Óptica/1075
Por Gastón Monge
Partidos políticos en quiebra
No sé qué tan cierto o tan falso pueda ser que el candidato del PRI a la presidencia de la República, Enrique Peña Nieto, vaya a la delantera en el puntaje de algunas encuestadoras, pero lo cierto es que la fobia que le tiene este personaje a las multitudes no mediatizadas, es abrumadora, razón que por lógica pretende evitar a toda costa.
Tan solo dos ejemplos ilustran lo que digo. Durante el magnífico concierto que el ex beatle Paul Mc Cartney realizó el jueves en el zócalo capitalino, en donde los cálculos más conservadores indican que asistieron más de 100 mil espectadores, una manta de Peña Nieto que unas personas colgaron en el balcón de un hotel, fue motivo de rechazo y mofa generalizada.
Otro ejemplo lo constituye su presencia ante alumnos de la Universidad Iberoamericana en la ciudad de México, en donde fue apabullado por los cuestionamientos, la crítica y el inconformismo de una gran cantidad de alumnos críticos que lo obligaron a guarecerse en los sanitarios de dicha universidad.
Tan solo estos dos ejemplos son una muestra no del rechazo al candidato del PRI, sino a una estrategia política y mediática de imposición de algo que no es bien visto por una parte de la sociedad que está cansada y abrumada de todo tipo de discursos banales y carentes de cohesión con la realidad.
Y es que en el PRI la vieja retórica de los discursos continúa vigente tal y como se ha hecho a lo largo de la historia de este partido. No hay cambios en el discurso ni mucho menos en el mensaje que intenta proyectar.
A pesar de la juventud, la renovación y la frescura que pretende inyectarle EPN a sus discursos, en el fondo la vieja escuela priista sale a relucir, como ocurrió en los años anteriores al año 2 000, solo que ahora, a diferencia de esos años, la sociedad mexicana se ha apropiado de esa parte de la cultura política que había sido propiedad privada de un solo partido y luego de dos, y ha tomado conciencia del papel tan importante que juega en los roles del poder en el país.
Con esto no quiero decir que sean mejor Josefina o López Obrador, no. Con esta reflexión quiero decir que afortunada o desafortunadamente, el PAN, malo o bueno, fue el parteaguas que rompió con el anquilosamiento histórico en el que estaba sumida nuestra sociedad, y gracias al PAN, se dio cuenta el ciudadano común, o al menos se está dando cuenta, que ya es necesario un verdadero y real cambio en el esquema político del país, en donde los partidos deben regresar al lugar en el que deben estar, y que es el de la servidumbre.
El papel que asumieron primero el PRI y luego el PAN, de ser las panaceas o balsas salvadoras de los grandes problemas nacionales ya está fracturado, y ello se está demostrando de manera más que clara en cada rincón del país que pisan los diferentes candidatos presidenciales, en donde uno y otro son rechazados o aceptados, según sea la capacidad partidista de movilizar y mediatizar a las masas.
Y no por simpatías ni rencores, sino por ese hartazgo acumulado durante decenas de años, que amenaza con desbordarse en un auténtico rechazo hacia lo que ya no funciona, y lo que no funciona es el actual modelo político representado por el PRI, PAN y PRD, cuyos esquemas de gobierno están demostrando que ya no funcionan y que es necesario recomponer el rumbo.
Ya lo he mencionado en comentarios anteriores, de que son los jóvenes inquietos y sumidos en el desempleo, ese gran ejército de universitarios críticos deseosos de ser aprovechados en un mercado laboral estrecho y constreñido, de intelectuales no orgánicos cuyos conocimientos se pierden en el vacío cuando no emigran al extranjero, al igual que las masas desposeídas carentes hasta de la más mínima compasión, y de los obreros explotados por caciques y líderes sindicales, al igual que las amas de casa ninguneadas y humilladas por un sistema misógino tanto dentro como fuera del hogar.
Es a ellos a quienes los candidatos deben fijar su atención, y no a los dueños del capital salvaje nacional o extranjero, que si bien generan empleos en el país, lo hacen a través de la explotación inmisericorde de una mano de obra noble pero ya hastiada.
Después de todo, quiénes conforman la mayoría del electorado, ¿ese 50% de pobres endémicos registrados por el INEGI, o la mayoría de los empresarios, comerciantes y burócratas que poco les interesa salir a votar?
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En una entrevista que la periodista Carmen Aristegui le hizo al connotado periodista, columnista, escritor, historiador, analista político y profesor universitario Héctor Aguilar Camín, con relación a los 690 millones de pesos que presuntamente entregó a Televisa el ex gobernador del estado de México, Enrique Peña Nieto en un solo año, a cuenta de la venta de espacios periodísticos, el intelectual mostró su verdadero rostro servil a la empresa televisiva.
Ello, porque ante las pruebas presentadas por el también periodista de la revista Proceso, Jenaro Villamil, Camín no solo se molestó cuando exigió a su colega que presentara las pruebas de lo que decía, sino que olvidó que un periodista tiene el derecho de reservar sus fuentes cuando esté en riesgo su integridad o la de su familia.
La escasa honestidad y poca capacidad para afrontar una realidad que le quemó hasta las entrañas, develó el morboso maridaje que existe entre el poder político y el poder mediático de algunos medios de comunicación, cuyos propietarios y editores se convierten en sus empleados más serviles, como Camín.
En ese contexto tan morboso y tan lleno de vicios, parece ser que el periodismo servil se impone al periodismo libre, debido a que en México aún se vive bajo un estado de cosas en donde predomina una autocracia dueña del poder político, el que pretende a toda costa someter al periodismo libre, el primero representado por Camín, y el segundo por Villamil.
La crisis que actualmente se padece en el país y en esta ciudad, no tanto económica sino de credibilidad, solo puede explicarla una prensa libre y autónoma, con periodistas que retomen el lugar que desde hace años se perdió y que poco a poco se está recuperando.
Está por emerger una nueva generación de periodistas y de una prensa que desempeñen su labor sin la tutela oficial, pese al riesgo que ello signifique, tal y como lo demostró Villamil a Héctor Aguilar durante la entrevista hábil y profesional de Aristegui.
Lo que representa Aguilar Camín y ese grupo de periodistas corporativos, son la negación del verdadero periodismo, por eso da vergüenza que se diga periodista quien tiene vendida su dignidad.
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En ciudad Victoria, el gobernador Egidio Torre Cantú firmó un importante convenio con el secretario de gobernación, Alejandro Poiré, en materia de seguridad pública, el que necesariamente se tendrá que ver reflejado de inmediato en los 43 municipios de la entidad, toda vez que se fortalecerá la seguridad a los ciudadanos mediante la inyección de 645 millones de pesos anuales y durante la gestión del tamaulipeco, aportados entre el gobierno estatal y el federal.
El que Egidio haya decidido que el ejército continúe en las calles para salvaguardar la seguridad de los tamaulipecos, es sin duda, una excelente decisión, al menos hasta que se cuente con una policía eficaz, honesta, profesional, bien capacitada y digna de confianza, elementos de los que carecía la extinta policía de esta ciudad y de otros seis municipios, razón por la que desapareció.
No dudo que si Egidio lo desea lo podrá lograr, porque en ello no solo está en juego la seguridad de los ciudadanos, sino la estabilidad económica, empresarial, comercial y turística de la entidad, ya que un estado seguro es fuerte atractivo para las inversiones y para el turismo, rubros que poco a poco se ve que mejoran en algunas áreas del estado, pero hace falta más para que se consolide el proyecto del gobernador, que es hacer un estado fuerte para todos.
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En lo que se refiere a las campañas políticas locales, el esquema ha estado invariable, con poca promoción de los coordinadores, poca emoción de los ciudadanos, y poca participación de los candidatos; y me refiero a los de todos los partidos políticos.
Pero esa poca presencia se deba tal vez a que los recursos aún no han sido entregados en su totalidad, al clima de inseguridad que impide a los candidatos ay a sus equipos, adentrarse en áreas y zonas de la ciudad, considerados como focos rojos, lo que es comprensible.
Pero no por ello la enjundia debe menguar, por el contrario, a falta de espacios el ánimo debe ser el sustituto, pero he visto pocos espacios y poco ánimo en ellos.
Por cierto, a quienes he visto muy seguido al lado de la candidata del PRI, Verónica Flores, ya sea en eventos o en alguna de las presentaciones del programa político de la candidata, es al sub secretario del transporte en Tamaulipas y ex dirigente del PRI en la ciudad, Ramiro Ramos, y a la ex diputada federal y ex alcaldesa, Mónica García, quienes se han visto muy entusiasmados pese a lo frío del ambiente que prevalece en la ciudad.
Estuvieron en el desfile del Primero de Mayo arriba del templete, y también en algunos actos de campaña de la candidata de su partido, tal vez porque extrañan su terruño. Puesto que viven en ciudad Victoria, en donde por cierto, se ha visto a Ramiro muy de cerca al gobernador.
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Hasta mañana