Óptica/Gastón Monge *El efecto Yarrington

De victimario a víctima

Aunque en apariencia no aparezca como parte de una campaña en contra del PRI y de su candidato Enrique Peña Nieto, el juicio judicial que se le sigue en Estados Unidos al ex gobernador de Tamaulipas Tomás Yarrington Rubalcava (1999/2004), por la necesidad del proceso político que se vive en México, ya es político porque afectará de una u otra forma el sentido de las elecciones presidenciales y las que se llevan a cabo en su estado.
No sé si fue intencional el tiempo en que los estadounidenses dieron a conocer tal noticia, o si el tiempo electoral mexicano empató por mera casualidad con el juicio, pero lo que sí sé es que en estos momentos lo judicial necesariamente se tiene que volver político.
Como ejemplo pongo el del ya ex candidato a senador por el PRD, Francisco Chavira Martínez, quien de acuerdo a las autoridades judiciales de Tamaulipas, incurrió en diversos delitos que lo tienen en estos momentos en el penal de ciudad Victoria.
Pero debido a que dicho proceso empató con el proceso electoral, de inmediato fue transformado en un asunto político.
Pero el caso del ex mandatario tiene una envergadura muy particular. Su alto nivel como funcionario y su capacidad para decidir y determinar lo que se debió hacer y lo que no se debió hacer en territorio tamaulipeco.
Y es que el don de mando de un gobernador, sumado al inmenso poder que acumulan estos personajes, los ponen por encima aún de las decisiones que se puedan tomar en los congresos locales e incluso en los municipales.
Son tan poderosos como impredecibles, tan violentos como rencorosos, y tan impunes en sus acciones, como casi inmunes pueden ser cuando se les toca, hasta que se les toca y caen por su propio peso, al menos eso es lo que dicen quienes son sus más cercanos colaboradores; que hay que temerles y respetarles, nunca confrontarlos.
Curiosamente este poderío se multiplicó entre algunos gobernantes del PRI, justamente en el año de 1999, cuando Mario Ernesto Villanueva Madrid terminó su gestión como mandatario en esa entidad (1993/1999), y luego detenido en el 2001 por la justicia norteamericana.
Los delitos que le imputan son de haber protegido durante su mandato a grupos delictivos, lavado de dinero, narcotráfico y conspiración, casi los mismos delitos que se le están imputando a Yarrington Rubalcava, cuando el primero deja el poder en Quintana Roo y el segundo lo toma en Tamaulipas, y al igual que a Villanueva, Yarrington pudiera enfrenar una condena similar, en caso de ser detenido y ajusticiado en Estados Unidos: 32 años de prisión.
¿Porqué el año 1999 es importante? No solo por haber terminado un período político e iniciado otro. De acuerdo a los expertos, desde ese año tomaron importancia ambas entidades como una de las más importantes rutas para el trasiego de drogas; uno como entidad de paso desde Sur y Centroamérica, y el otro como entidad de paso rumbo a Estados Unidos (De los maras a los Zetas. De Jorge Fernández Menéndez y Víctor Ronquillo/Grijalbo).
Por ello es que independientemente de lo que pueda ocurrir en el curso de las próximas semanas, es innegable que el proceso electoral ya fue trastocado, tanto como ya fue modificada la visión que Estados Unidos tiene ahora de los candidatos y de los partidos que los apoyan.
No hay que dudar entonces que nuestros vecinos tienen una participación vital en el proceso político mexicano, porque seguramente el efecto Yarrington no solo modificó ya la intención y el apoyo que puedan ofrecer a determinado candidato y su partido, sino que las relaciones colaterales que mantengan de aquí al uno de julio con los candidatos, especialmente del PAN, PRI y PRD, será definitoria.
Por algo Joseph Biden, vicepresidente de Estados Unidos, se reunió en México con los cuatro candidatos, y por algo estos han visitado de una u otra forma ese país para ofrecer conferencias sobre gobernabilidad.
Solo que por eso sea. Usted amigo lector ¿qué opina?

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Para no salir de Tamaulipas, aunque aún no se define quien de los candidatos para diputado federal en el primer distrito electoral pueda ganar las elecciones, es bien sabido que una vez que alguno de ellos obtenga el triunfo, casi de inmediato la atención se volcará sobre los personajes que de una u otra forma querrán figurar como aspirantes a la alcaldía de Nuevo Laredo.
¿Porqué lo digo? Porque así siempre ocurre y ya es una norma, por lo que a nadie deberá extrañar que al día siguiente de las elecciones comiencen a barajarse los nombres de algunos personajes importantes en la política de la ciudad.
Por citar solo al PRI, diré que unos de los que figuran para ello son los diputados locales Rosa María Alvarado Monroy y Héctor Canales. La primera agente aduanal e integrante del poderoso grupo Nuevo Laredo, integrado en su mayoría por miembros de su gremio.
Esta mujer ha sabido adaptarse rápidamente a un medio que le era completamente ajeno, al menos hasta el momento en que tuvo la osadía de confrontarse políticamente con el viejo lobo de Horacio Garza Garza en la búsqueda de la diputación federal en el año 2006, y aunque perdió, la experiencia fue positiva para ella.
Por su parte, Héctor Canales, primo hermano de Rebeca Canales, esposa del ex alcalde Ramón Garza Barrios, quien fue impulsado por el mismo ex edil a ese cargo, figuran desde ya en el espectro político electoral del próximo año. No hay que descartarlos.
Un personaje que también busca desde hace meses infiltrarse en la grilla local, es el ex dirigente municipal, del PRI y ahora subsecretario del transporte público en la entidad, Ramiro Ramos Salinas.
Este funcionario, hábil en las estrategias de mercadotecnia política y pertinaz en conseguir sus objetivos, se ha fortalecido con el apoyo del gobernador Egidio Torre Cantú, al grado que aprovecha al máximo sus estancias en Nuevo Laredo para promover sus programas de modernización del transporte público, y de pasada afianzar su figura en los medios de comunicación, para de allí saltar a la posibilidad de figurar entre el selecto grupo de aspirantes.
Otra con posibilidades fuertes es la esposa de Ramiro, Antonia Mónica García Velázquez, ex alcaldesa y ex diputada federal, tiene la experiencia necesaria como para ostentar de nueva cuenta el cargo, por su experiencia que le dejó el haber manejado desde dos trincheras diferentes la administración pública.
Pero no dude usted que puedan surgir más personajes una vez que se defina quien será el nuevo diputado federal, por lo que habrá que esperar solo 38 días para saberlo, es decir, al día siguiente de las votaciones, tal vez.

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Hasta mañana
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