Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Rebeldes… pero pensantes

Los últimos movimientos juveniles han dejado una serie de comentarios en la agenda nacional, a favor y en contra. Unos consideran que la rebeldía natural de la juventud debe fomentarse, debe ser el punto de inicio para un cambio que requiere México. Otros, sin embargo, consideran que hay que ser rebeldes, pero con una causa para defender, dentro de los parámetros de la lógica y la congruencia con lo que vivimos a diario.

No nos parece adecuado pensar que un grupo de muchachos que se identifican como estudiantes de cualquier institución educativa, pública o privada, irrumpan en una reunión de tipo político para agredir verbalmente a los oradores, invitados por alguien –autoridad de la escuela u otra- y que finalmente, están ahì porque quieren dar a conocer su mensaje.

El tachar a los invitados de asesinos y otras cosas, insultar y descalificar no pensamos que sea una acción inteligente; no, porque muchos de nuestros jóvenes están pensando, como lo hicimos nosotros en su tiempo, que siempre se tiene la razón, que los viejos no hicieron lo que debían haber hecho, y que la única y absoluta verdad es la nuestra. Es algo que todos vivimos y nuestros padres padecieron en su momento.

Descalificar e insultar no pensamos que sea lo mejor.

En una ocasión, preguntamos a los muchachos sobre sus preferencias deportivas locales, y algunos levantaron la mano para afirmar ser partidarios del club América de fútbol; otros, coincidiendo con nuestra forma de pensar, se dijeron partidarios de las Chivas del Guadalajara. La siguiente pregunta era: ¿Quién está bien y quién está mal? Los dos grupos teníamos una razón para pensar de cualquier forma y las dos eran tan respetables como válidas.

Apliquemos lo anterior a la política: hay cuatro opciones para la presidencia de la República, y solo una llegará. Los que vamos a votar lo haremos por una de las cuatro opciones, lo que no quiere decir que los otros tres sean tontos, idiotas o incapaces, sino que, simplemente, son opciones con las que no estamos de acuerdo y punto.

Vimos con profunda tristeza a una horda de jóvenes pseudo estudiantes en el estado de Querétaro que, con odio y rabia golpeaban la camioneta del candidato Peña Nieto, y un sinnúmero de pancartas donde lo insultaron hasta el cansancio.

No están de acuerdo, bien, pero no es motivo para agredir: simplemente, el 1 de julio hay que manifestarlo de la manera en que se debe para que nuestra opinión sea tomada en cuenta.

Por manifestar nuestra simpatía política hemos recibido insultos de quienes aseguran ser la verdad y la vida, la opción real y lo único válido. Tanta falta de comprensión y civilidad asusta, porque no se debe pensar que los que tienen opiniones diversas y distintas a la nuestra son idiotas. No es por ahí, y menos es una forma de manifestarse inteligente, sino todo lo contrario.

Podríamos decir que son corrientes manipuladas como se ha visto en los últimos días, donde se pone de manifiesto que son auspiciados y dirigidos por agitadores al servicio de fuerzas políticas que, peligrosamente, están “preparando el terreno” para una derrota casi inminente en las urnas, amenazando con tomar por la fuerza lo que los votos ciudadanos no les darán.

Eso nos puede llevar a una serie de protestas y violencia, y, por qué no decirlo, a una guerra, una revolución, una revuelta en la que, para variar, los delincuentes sacarán la mejor parte robando, delinquiendo y haciendo una y mil estupideces en contra de la población.

El no manifestarse contra un candidato no es sinónimo de estupidez ni de apatía, sino es una forma de conducirnos y debe ser respetada.

Esos cientos de jóvenes que hoy salen a las calles a protestar contra el candidato del PRI, nos hubiera gustado que hubieran protestado por la falta de clases en un puente, por la mejora de los programas académicos y porque las universidades dieran lo que ofrecieron para sus estudios profesionales.

Eso sí hubiera sido una clara muestra de rebeldía e inteligencia. Lo demás, son actos de bárbaros disfrazados, cobijados en una juventud que si bien es cierto, tiene sus preferencias, se está abusando de su inexperiencia para utilizarlos como carne de cañón.

Finalmente, exigimos respeto a nuestra opinión: pensar distinto a quien no está de acuerdo no nos descalifica ni nos hace idiotas. Solo es que pensamos distinto y ya.

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Atentamente

Carlos David Santamaría Ochoa Ph.D.
A.I. Periodismo y Comunicación

Ten un buen día!