Aunque nos hemos acostumbrado a las noticias en las que un ser humano pierde la vida, y las hemos visto como algo cotidiano, no deja de impactar cuando la pérdida de la existencia se presenta en un ser cercano, pero más aún es doloroso cuando se trata de un pequeño de solamente once años de edad.
Hay muchas causas, pero cuando los padres buscan desesperadamente la forma de aliviar el dolor de sus hijos sin conseguirlo, la desesperación y angustia se apoderan no únicamente de ellos. Los médicos, seguramente, muchos de los que tuvieron en sus manos la atención de Agustín, habrán apelado a su fe para pedir al Ser Supremo les diera las armas que pudieran salvar la vida del pequeño, hoy, viviendo en el corazón de muchos de sus compañeros de la escuela primaria “Profesor Lauro Aguirre”, sus familiares y la gente más cercana.
Algunos no tuvimos la oportunidad de conocerle, quizá por su temprana edad y la diferencia cronológica entre ambos, pero hemos aprendido –y la vida es la mejor maestra- a querer a los compañeros y amigos de nuestros hijos.
Cuando vivimos con ellos su infancia, vivimos sus alegrías y tristezas, sus logros y descalabros, sus frustraciones y sus éxitos… sus penas, que las hacemos más que nuestras, compartiendo esos difíciles momentos abrazados de un enorme amor a ellos, a sus seres cercanos… a la vida.
Hemos visto un sinnúmero de campañas de salud que parten de los encargados de establecer y llevar a la práctica las políticas de sanidad en el estado de Tamaulipas y en el México que nos ha tocado vivir, con todo y sus penurias, que no deja de ser el maravilloso país que nuestros antepasados proyectaron para que fuera admirado por millones en el mundo, causando todo tipo de sentimientos, la mayoría, positivos.
Las autoridades de salud, lo hemos escrito muchas veces, tienen programas preventivos para muchas enfermedades y nos hacen saber a través de distintos medios las formas para protegernos y proteger a los nuestros: no podemos negar que hay carencias, sin embargo, es justo reconocer que muchos de los casos de enfermedades que se presentan, y que inclusive, son en un porcentaje altísimo de carácter incurable, son ocasionadas por la falta de una cultura de medicina preventiva que tenemos los ciudadanos.
Hay campañas para fortalecer las medidas que tienen como objetivo evitar mayor número de casos de hipertensión arterial, SIDA, diabetes mellitus, hepatitis, cáncer y otras más, pero en ocasiones, porque no hicimos los exámenes necesarios en tiempo y forma, o porque simplemente la enfermedad llegó en forma intempestiva, no podemos zanjar el peligro y estamos a la deriva en una existencia que se basa en la esperanza de la ciencia médica.
No es suficiente, lo entendemos, porque en ocasiones tomamos todas las medidas necesarias y algunos padecimientos están ahí, presentes, jorobando la existencia de un ser querido y sus allegados. Hoy, Agustín ha emprendido el viaje sin retorno, y dejado en la más grande de las tristezas a sus padres, familiares y amigos. Un día muy triste para la comunidad de la escuela “Lauro Aguirre” y el grupo de 5º. “A”, donde estaba inscrito el pequeño.
Lamentamos profundamente la pérdida de un ser humano, y más cuando se trata de un chico que supo ganar el cariño y amistad de nuestros hijos, de los seres que más amamos, y por esa única razón, tuvo el afecto y cariño de los padres de quienes tuvieron oportunidad de convivir con él, aunque fuera unos pocos momentos, dado lo avanzado de su enfermedad.
Hoy estamos muy tristes, y no tenemos cabeza para pensar en el proyecto político de algún partido en especial, o para reconocer y señalar lo que la administración en sus tres niveles desarrolla.
Hoy, la comunidad de la escuela Lauro Aguirre lamenta profundamente la ausencia de Agustín González Báez, compañero de Dafne y muchos chicos más, alumno de Claudia, un niño tamaulipeco que está en nuestras oraciones.
Rogamos a quien pueda hacerlo, una reflexión encaminada a rogar por el eterno descanso de su alma, y por la pronta –y muy difícil- resignación para sus amorosos padres. Descanse en paz, Agustín.
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