Hay leyes y reglamentos que tienen objetivos que son aceptados prácticamente por la mayoría de los ciudadanos y otros que, de plano, porque afectan muchos intereses o porque no son equitativos, no son bien vistos, y entendemos que la gran mayoría de los automovilistas de Victoria hemos pensado así: el reglamento de tránsito que nos obliga a despolarizar nuestros vehículos lo vemos como una imposición injusta, ilógica y además, inequitativa.
Entendemos que el principal objetivo es procurar una mayor seguridad en la población, de forma tal que nadie se escude en el anonimato temporal que se vive cuando un vehículo pasa y no tenemos idea de qué o quienes vayan dentro.
Sin embargo, como dice el titular de tránsito local, hay sus excepciones que son bien vistas por la autoridad, como es el caso clínico. Explicamos:
Una gran mayoría de personas, principalmente de más de 40 calendarios encima, somos muy propensos a ver nuestra piel afectada por los rayos solares que hoy por hoy son inclemente y peligrosos, a grado tal que los casos de cáncer en la piel se han incrementado considerablemente en todo el mundo.
La destrucción del medio ambiente nos ha orillado a padecer de este aspecto que hace muchos años era una delicia y que ahora se convierte en uno de los grandes enemigos.
Pero de repente vemos automóviles sin placas o placas vencidas, con placas americanas, a punto de ser chatarra, con vidrios polarizados con lo más oscuro y vemos bajar de ellos a los agentes de tránsito, pensando que no son congruentes con sus exigencias. Esto lo vivimos domingo a domingo en las calles aledañas a la avenida Francisco I. Madero, cuando se lleva a cabo el evento “Libre 17” que muchos tratamos de disfrutar.
Luego, vemos camionetas de gran lujo con logotipos oficiales de todo nivel, con vidrios extremadamente oscuros, y los motivos que argumentan en una gran parte de casos son referentes a que pertenecen a cuerpos de seguridad, por la naturaleza de su trabajo.
Pero pensamos que nadie se ha puesto a pensar que la naturaleza del trabajo cotidiano de los tamaulipecos nos orilla a viajar en vehículos, con temperaturas como las que hemos padecido en días anteriores, lo que convierte nuestra actividad en una de riesgo por los rayos solares. No se diga de quienes tienen que trasladarse a pie.
Es cuando suponemos que la ley no tiene los mismos criterios para la gente que usa este tipo de cristales polarizados, ya que entendemos que existen varios criterios: carros chicos, fuera micas, carros medianos, también, pero carros de lujo o camionetas con propietario oficial no tienen que sujetarse a ello, pese a que el encargado de tránsito Oscar Hinojosa Pérez comenta que se ha hecho la recomendación a todos los ciudadanos, para que no haya distingos en ese aspecto.
Recordamos que hace algunos años cuando una chica compraba un carro, en casa se le pedía lo polarizara por motivos de seguridad, ya que, al transitar de noche o cuando hay poca luz, corría el peligro de verse por alguien sola, desprotegida, y podría ser objeto de asaltos o algo más grave.
No somos de la idea de que la falta de vidrios polarizados pueda ser factor para bajar los niveles de criminalidad: suponemos que se pueden instrumentar otras cosas.
Desgraciadamente, no tenemos a quien nos represente ni en un cabildo o un congreso y que piense como la mayoría de los tamaulipecos que somos afectados por estas medidas, que padecemos problemas clínicos en aspectos de dermatología, o que, simplemente, en uso de nuestras garantías constitucionales, nos gusta conducir “oscuros”, con micas en los vidrios. Entendemos que tiene una argumentación legal, pero, a fuerza de ser sinceros, no la compartimos, aunque, claro está, sabemos que una queja más no tendrá eco en quien toma decisiones, supuestamente, a favor de todos.
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Atentamente
Carlos David Santamaría Ochoa Ph.D.
A.I. Periodismo y Comunicación
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