Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Gabriel Hernández Santamaría

Si bien es cierto que quienes nos dedicamos al periodismo tenemos prácticamente la obligación de estar enterados de todo lo que sucede, en ocasiones las situaciones que vivimos nos impiden enterarnos de algunas noticias, buenas o malas, y que, al conocerlas provocan sentimientos encontrados. El fallecimiento de Gabriel Hernández Santamaría es una de esas noticias que nos pesa sobremanera, porque entendemos que la familia del profe y la Universidad Autónoma de Tamaulipas han perdido a uno de sus grandes hombres.

Conocimos al profesor hace ya muchos años, cuando se desempeñaba en diversos cargos dentro de la UAT, luego de haber tenido antecedentes laborales en su Valle Hermoso querido. Hoy, nuestra Alma Mater ha perdido a uno de sus mejores hombres a través de la historia de la universidad tamaulipeca.

Con los amigos hemos comentado esta mañana muchas cosas acerca de la calidad humana del profesor, de su don de gentes y su capacidad para resolver las encomiendas que le fueron asignadas a través de su prolífica trayectoria. Siempre encontró el éxito porque se desempeñó con calidad, profesionalismo, pero sobre todo, con la pasión que solo un ser humano íntegro suele tener.

Nadie puede negar que el profe se manejó con una sencillez asombrosa: nunca le vimos cerrar la puerta de su oficina o poner pretextos para “conceder” alguna audiencia: para Gabriel Hernández no existieron esas puertas ni antesalas, sino el deseo de proporcionar apoyo y atender a quien lo necesitó.

Es miembro –aún- de esa generación de hombres sencillos, carismáticos y talentosos que requiere México y Tamaulipas para seguir creciendo: nunca dejaba las cosas para después, sino que procuraba su solución inmediata.

Se ganó, pues, el afecto de la comunidad universitaria, podemos decir, prácticamente en su totalidad.

Hoy el profe ya no está con nosotros.

El cuerpo a veces llega a su límite pero la capacidad no. La última comunicación que tuvimos con él se presentó allá por el mes de diciembre, cuando retornamos de aquel viaje que como resultado dejó muchas satisfacciones académicas, aunque otras no tanto en el ámbito personal. El comentario de Gabriel Hernández no se nos puede olvidar. Su calidad humana, tampoco.

Es la figura del maestro inolvidable para muchos, y debería ser ejemplo para la totalidad de funcionarios de primero y otro nivel dentro de la UAT y el gobierno estatal: siempre procuró dar su lugar a cada persona por su calidad humana, no por su tarjeta de recomendación.

No podemos más que pensar cosas positivas de un individuo que dejó un legado importantísimo a la UAT , en el sentido de que tenemos que cambiar muchas actitudes para incorporarnos al progreso universitario dentro del contexto no nacional sino internacional.

Esa calidad humana es la que tenemos que profesar como servidores públicos, como funcionarios o como lo que sea, pero la calidad humana que nos enseñó Gabriel Hernández Santamaría no puede dejarse en el archivo de los casos o temas perdidos, sino en el que tiene que recordarnos diariamente su calidad, para transmitirla, en un digno y merecido homenaje a su memoria, a cada una de las personas que se acercan a nosotros y tienen algo que compartir, una necesidad que atender, o simplemente, la presencia física de nosotros.

Lamentamos profundamente el no haber estado con los familiares y amigos de Gabriel Hernández Santamaría en lo que ha sido su último homenaje, su última reunión de amigos… su último saludo.

Esperamos, sinceramente, que el ejemplo de Gabriel prolifere en la comunidad universitaria, para que, entonces sí, logremos alcanzar todos los niveles de calidad que merecemos como institución que se debe a un gobierno, a una sociedad, a cada uno de nosotros.

El compromiso con el profesor Gabriel Hernández Santamaría está vigente: conducirnos con la calidad humana que aprendimos de él. Descanse en paz nuestro muy querido amigo.

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Atentamente

Carlos David Santamaría Ochoa Ph.D.
A.I. Periodismo y Comunicación

Ten un buen día!