A todos nos gustaría pagar menos impuestos, que los servicios fueran más baratos y que el dinero alcanzara más, y quien diga que no es cierto miente totalmente: las cargas tributarias nos afectan en mayor o menor medida, pero son algo fundamental para que el Estado se haga de recursos y pueda enfrentar las demandas ciudadanas.
Con las campañas electorales se ha tocado el tema de los subsidios a la luz, gasolina y el gas en diversas ocasiones; hay quienes están a favor o en contra: se ha escuchado un poco de todo. Suponen algunos que los subsidios a la gasolina y la luz, principalmente, son algo que afecta en mayor medida a la gente sin recursos que al que tiene, porque, argumentan, pagamos la gasolina de los pudientes, cuando el que no tiene, pues ni para qué le pudiera servir.
Se olvidan, por ejemplo, que cuando ha habido alza a combustibles, históricamente se viene una escalada de precios, porque muchos proveedores argumentan que les cuesta más el traslado de la mercancía, por lo que sube para todos: ni para ricos ni para pobres, sino a todos por igual.
Si habláramos de justo o injusto de acuerdo al tamaño de los recursos de cada quien, tendríamos que reconocer que la gente con muchos recursos paga más impuestos que los que no los tienen, es decir, el rico colabora en mayor escala que el pobre, pues.
Entendemos que habría que hacer un estudio completo para no afectar las finanzas del gobierno mexicano ni las de los mexicanos; la tarea no es nada fácil, pero alguien tendrá que hacerla. Estamos fastidiados de los incrementos mensuales a la gasolina y a la luz o al gas, y a todos nos gustaría que se frenara esta escalada de precios.
No coincidimos con quienes justifican las acciones federales en ese sentido, y pensamos que en materia de estos servicios bien se podría pensar en tener plantas más sofisticadas que puedan transformar al petróleo en una serie de productos e insumos, lo que nos daría mayores posibilidades de ingreso por este concepto. El petróleo se convertiría en lo que realmente es, y en ese sentido, el Estado ganaría mucho más recurso, pero los ciudadanos tendríamos mejor resultado en cuanto a rendimiento de nuestros centavitos.
Representantes de grupos ecologistas y de otra índole hablaban el día de ayer en la televisión sobre la posibilidad de que se quitaran los subsidios, y aseguran que la luz debería costar 33 por ciento más de lo que hoy la pagamos, y la gasolina debería costar el doble. ¡Imagine el lector tal propuesta!
No estamos preparados para un golpe de esa naturaleza, pero sí suponemos que tendremos que buscar la manera en que nuestro gobierno sea más autosuficiente, que tenga mayores recursos y vigilar que se apliquen adecuadamente.
Los candidatos han hecho sus propuestas, y unos prometen que no habrá más alzas, que bajarán los precios. ¡Cuidado! Porque prometer sin cumplir es una de las acciones más bajas que puede haber, y más, cuando se han empleado en estrategias para engañar al pueblo.
Insistimos: no tenemos información válida como para rechazar o aceptar u incremento más en combustibles; no nos gusta que cada mes cuesten más y somos de la idea de que debiera todo de bajar de precios, aunque entendemos que no es nada factible.
Finalmente, para merecer hay que ganárselo, y los impuestos son para mejora de nosotros mismos. Esperamos, sinceramente, que se le de buen uso, y que haya una estrategia que nos permita disfrutar de gasolina más barata, gas menos caro y servicio de telefonía también más accesible, y así, todos los bienes y servicios del gobierno que puedan estar a la mano para todos.
Y obviamente, queremos que éstos, los impuestos se gasten bien; nadie quisiera verlos convertidos en residencias o cuentas bancarias particulares
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Atentamente
Carlos David Santamaría Ochoa Ph.D.
A.I. Periodismo y Comunicación
Ten un buen día!