Como en sus mejores tiempos, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) ganó las elecciones presidenciales del domingo uno de julio, y con ello no solo sepultó las aspiraciones del PAN, de darle continuidad a un incipiente esfuerzo por sacar al país del agujero en el que se encuentra, sino que de paso abolló las esperanzas de millones de mexicanos que confiaban en revivir la democracia que ambos partidos se encargaron de frenarla con una perversa pero sutil y efectiva alianza.
Con el apoyo de televisoras, empresarios, y político/delincuentes, su estructura casi infalible pero con un voto duro fracturado en varias regiones del país, Enrique Peña Nieto asumirá la presidencia de la República en diciembre, en medio de un país dividido por la hipocresía y la incredulidad de una sociedad dolida por este triunfo virtual de un candidato que no solo no cumplirá con sus promesas de campaña, sino que terminará de hundir al país gracias a su incapacidad e intolerancia para gobernar.
La presidencia democrática de la que habla Peña Nieto solo existe en su imaginación, porque en México se vive una República que aún no ha sido restaurada, ya que para que exista la democracia se debe respetar la voluntad del pueblo, porque es en el pueblo en donde emana la libertad de elegir libremente a gobernantes y sistemas políticos.
Pero desafortunadamente el de México es todavía un sistema político corrupto e imperfecto, gracias a gobernantes y políticos corruptos que se niegan al cambio para no renunciar a toda una vida de privilegios, canonjías y prebendas políticas y económicas.
No cabe duda, el México imaginario de Peña Nieto, aquel en el que el viejo PRI dejó de existir para dar paso a un nuevo PRI, no existe, y si acaso solo en las palabras del eventual presidente de la República y de sus aduladores.
Porque todo lo viejo, aquello que le dio vida y vitalidad durante más de 70 años, sobrevivió al empuje de una democracia verdadera que nunca cristalizó, por lo que hoy el PRI resurge fortalecido gracias al apoyo de nuevos aliados que como las empresas encuestadoras, televisoras comerciales, medios de comunicación impresos y periodistas encajonados en la perversidad y el dolo, le vitaminaron hasta darle los bríos de los que ya presume.
En un país donde sus habitantes no tienen memoria histórica, ni individual ni colectiva, el regreso al pasado está a la vuelta de la esquina, y contrario a lo que dice el script de este personaje de telenovela, lo más nebuloso del pasado del PRI está ya presente porque nunca se fue, siempre estuvo en alguna parte del país en donde gobernó y sigue gobernando.
Puebla, Oaxaca, Guerrero, Nuevo León, Coahuila, Veracruz y Tamaulipas, son solo algunos ejemplos de entidades que fueron convertidas en guaridas de personajes de historias de terror, vicio, ambición, corrupción e impunidad.
Por sus antecedentes de actor de telenovelas y gusto por las mujeres, ¿Peña Nieto acaso se convertirá en un presi precioso al estilo Mario Marín? ¿Tendrá la capacidad como para deslindarse de ese pasado tenebroso que siempre está a su lado, para gobernar con voluntad propia?
No lo creo, porque el pasado del PRI nunca se fue, siempre ha estado ahí, arrinconado y en espera de resurgir con todo y la vieja guardia que ahora tiene un segundo aire con el joven presidente de México, con políticos amañados y corruptos.
El PRI de Peña Nieto ganó unas elecciones de manera ‘limpia y clara’, como dicen sus aliados y sus aduladores de los medios de comunicación, pero su eventual triunfo no hubiera sido posible sin el apoyo de un PAN que no solo desperdició 12 largos años de gobierno, al improvisar de manera peligrosa esquemas socio económicos y políticos no aptos para una sociedad ubicada en los límites del hartazgo y de la anomia social.
El PAN fue un importante aliado del PRI para recuperar lo que el tricolor siempre ha considerado de su propiedad: el poder y la Nación.
Solo que para tener el poder se requiere del consenso de la sociedad total, que no lo tiene, y de un país en el que sus habitantes vivan en armonía y tranquilidad, que tampoco existe.
Por ello es que el PAN, luego de 12 años de fracasos continuos, no tuvo la capacidad para convertirse en un partido social, ni sus dos presidentes la inteligencia para ser gobernantes populares en una sociedad que tuvo firmes esperanzas de que el cambio estaba por llegar, y que bajo el dominio del ‘nuevo’ PRI, tampoco llegará.
Para mi es claro que el PAN fue pilar del triunfo mediático del PRI en las elecciones del domingo uno de julio, y prueba de ello son las adelantadas premoniciones y traiciones de FOX y de Espino, a las que se sumó el presidente Calderón, al reconocer de manera mucho muy adelantada el triunfo de Peña Nieto, además de la también muy adelantada declaración de Josefina Vázquez Mota con su derrota.
Y es que en el PAN se vaticinó su derrota con mucho tiempo de antelación, debido a la falta de capacidad de su candidata para poder derrotar al bebé de un dinosaurio en la plenitud de su desarrollo, al evidente debilitamiento de un partido joven en el poder pero muy impreparado en la manera de hacer política, y a un presidente de la República que nunca encontró el camino de la democracia, por estar muy ocupado con una infructuosa guerra que le restó popularidad y votos al momento del sufragio.
Por ello es que era necesario hacer una alianza, subrepticia o no, pero que le dejara un valor agregado con la derrota. No la podía hacer con el PRD porque perdería espacios y privilegios, amén del inconveniente ideológico. Tenía que evitar que se partido llegara al poder y que mejor manera de lograrlo que por medio de una concertasesión con el PRI.
El pacto, aunque caro para el PAN, era necesario para dar la ilusión de un cambio en el rumbo del país mediante la ilusión de una supuesta alternancia en el poder, alternancia de la que no debía participar el PRD.
¿Cuáles fueron las ganancias del PAN con ese perverso pacto político con el PRI? Tener el dominio legislativo en Tamaulipas, Nuevo León y Veracruz, es decir, en los estados en donde tiene declarada la guerra a la inseguridad y en donde el PRI cuenta con antecedentes de presuntas ligas con el crimen y en donde nunca metería las manos para apresar a políticos corruptos.
Bajo ese contexto, en Tamaulipas ocurrió un interesante fenómeno. Los ciudadanos salieron las urnas y mostraron el músculo en forma de voto a favor del PAN y en contra del PRI, para desterrarlo de manera histórica en seis de los 8 distritos electorales.
La voluntad popular triunfó, al igual que una democracia no simulada, porque estaba visto que la sociedad impondría su voluntad. Pero el triunfo del PAN, a diferencia de las elecciones para presidente, contó como aliado a la militancia del PRI, cuyo voto duro no sirvió de mucho para mantenerlo en el poder, y ganó.
No es cierto que el PRI mantuvo su voto duro a su favor, más bien pienso que esos 55 mil votos que obtuvo en el proceso, lo nivelaron integrantes de la sociedad que fueron fascinados por la telenovela de Peña Nieto, para ocupar el lugar de aquellos militantes que hartos de su partido, le dieron el voto de castigo de manera silenciosa y sin renunciar a él.
Ahora, con la inevitable emergencia en las cámaras de diputados y de senadores, al PAN de Tamaulipas se le presenta una oportunidad histórica, al tener en el Senado al controvertido ex alcalde de Reynosa, Francisco Javier García Cabeza de Vaca y a Maki Ortiz, que serán un fuerte dolor de cabeza para el nefasto ex gobernador Manuel Cavazos Lerma.
Además, los seis diputados federales del PAN, entre ellos el de Nuevo Laredo, Glafiro Salinas Mendiola, tendrán la oportunidad de demostrar que el triunfo de su partido en la entidad, no será ‘flor de un día’, y que aprendieron la lección de luego de varios intentos infructuosos, y del lastre que significó para ese partido el efecto FOX y el regalo en el congreso para Arturo Sanmiguel, quien sin pena ni gloria quedó en el olvido.
Glafiro se ve franco, honesto y con deseos de servir. Ojalá que la ambición por el poder y la fama no lo pierdan y logre lo que aún no existe en el PAN de esta ciudad: unidad, trabajo y devoción por el servicio a la comunidad.
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