Todos sabemos que la gente que tiene poca educación, poca formación y poca inteligencia, cuando se ve superada en una discusión, recurre a lo único que bien conoce: el insulto, la descalificación, la diatriba.
Lo anterior aplica a toda disciplina: en el fútbol, por ejemplo, cuando uno demuestra que tiene la razón ante un individuo de esa ralea, seguramente recibirá una mentada de madre como mínimo, o una descalificación y un adjetivo calificativo asumiendo que se tiene poca inteligencia o algo similar: en estos últimos días hemos visto que a quien no piensa contra el PRI se le tilda de idiota, de estúpido o de pen…
No estamos de acuerdo en ese sentido, y siempre hemos defendido la libertad para expresarse; de hecho, en las aulas universitarias hemos procurado a lo largo de más de una década, de fomentar en los estudiantes en formación la actitud de no dejarse engañar, de no dejarse abusar: reclamar sus derechos por las vías que haya que hacerlo, siempre, dentro de la legalidad y nunca pisoteando los derechos de los demás.
Lo anterior viene a colación por la serie de insultos de algunos ex alumnos de nuestra Alma Mater, quienes, convencidos totalmente de que López Obrador debe ser presidente y de que, si no gana en las urnas, hay que tomarlo por la fuerza, en actitudes que muchos no aprobamos y consideramos fuera de lugar. Se respeta a quien piense así, sin embargo, el hecho de atentar contra nuestra tranquilidad y libertad de pensamientos no lo aceptamos por ninguna forma.
Nos han tachado de todo lo que han querido, y han puesto en tela de duda la actividad periodística del columnista y todo el gremio, sin pensar siquiera en los riesgos que se tienen cuando uno ejerce esta noble, apasionante y peligrosa profesión.
Han insultado a muchos profesionistas, cuando no fueron capaces de entender que hay algo que se llama libertad de expresión y que no lo aprendieron porque se caracterizaron por ser de esos jóvenes que consideran que ir a la universidad es pasar el tiempo de clase en los pasillos y la cafetería, en el comentario con los demás y en tratar de conquistar lo que no fueron capaces de ganarse por sí mismos. Es una pena, como dijo Richard Bach en su libro “Juan Salvador Gaviota” que piensen así, aunque hay esperanza en que algún día entiendan que tan importante es SU pensamiento como el de LOS DEMÁS.
Lo curioso de todo es que a ese cúmulo de insultos se sumó un personaje siniestro que durante muchos años –la historia no miente- se aprovechó de la buena fe de don Pablo Yepez, a quien utilizó para sacar provecho de instancias oficiales y no tanto, poniendo en riesgo la integridad de niños y mujeres que, faltas de cultura, le siguieron durante muchas marchas en las que el insulto fue su único argumento.
Autodenominado marxista de toda la vida, golpeador de esposas, profesionista de dudosa reputación, arremete contra los periodistas y sin el menor conocimiento acusa a algunos de nosotros de cosas que él vivió en carne propia, recogiendo ganancias a costa, dijimos, de cientos de niños acarreados, de mujeres que esperaban un lote o una despensa, y de un buen Pablito Yepez que sí creía en su lucha.
Ante la intolerancia de algunos hemos optado por dejar de participar en debates de tipo político: cada uno de los que votamos lo hicimos por uno de los cuatro candidatos, y nuestra opinión debe ser tan respetable como cualquiera, aunque no comulguemos con las ideas de los otros tres, así de claro.
Nos apena mucho que jóvenes con nivel educativo superior al promedio de la población arremetan con insultos y diatribas, con mentiras que no pueden comprobar y que repiten sin fundamento alguno, por el hecho de difamar. Esa no es, señores, la forma de protestar. Traten de convencer a los demás con argumentos, respetando su forma de pensar y de ser. Háganlo con pruebas cuando acusen, no se dejen llevar por comentarios que nada tienen que ver con la realidad.
Con toda la esperanza de que puedan aprender algún día a debatir, deseamos que tengan el éxito que cualquiera se merece.
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Atentamente
Carlos David Santamaría Ochoa Ph.D.
A.I. Periodismo y Comunicación
Ten un buen día!