Dos niños de 9 y 7 años, viajan solos desde Honduras hasta Nuevo Laredo

Nuevo Laredo, Tamaulipas.- Con el deseo de conocer a su madre que reside en Houston, Texas, a quien no conoce, Omar N., de tan solo 9 años de edad, decidió hacer a un lado la escuela, su familia y sus amigos, para iniciar desde hace dos meses el peligroso recorrido de casi tres mil kilómetros desde la provincia de La Esperanza, en Honduras, hasta esta frontera.
Pero este niño de baja estatura que no refleja su corta edad, no viajó solo hasta esta frontera; lo hizo acompañado de Lizy, una prima de 7 años, quien al salir de la escuela fue en busca de Omar para emprender juntos esta odisea que terminó hace tres semanas, cuando ambos fueron ‘rescatados’ de una presunta casa de seguridad de traficantes de humanos, cerca del río Bravo, en donde presuntamente había seis hombres y dos mujeres, adultos todos.
Lizy tampoco conoce a su madre, quien la abandonó tiempo después de haber nacido, con la idea de trabajar a Estados Unidos para juntar dinero y regresar por ella, pero hasta el momento ninguno de estos niños sabe algo de sus respectivas mamás.
“Me abandonó mi mamá para que yo tuviera un mejor futuro”, explica con naturalidad el menor, tras mencionar que su padre también lo abandono cuando tenía un año de edad.

Decididos y sin miedo

Con la firme idea de buscar a sus madres, Lizy se reunió con Omar, y entre ambos decidieron reunir dinero para pagar a un pollero en Honduras, que los llevara hasta esta frontera, en donde otro pollero los cruzaría por el río Bravo para trasladarlos hasta Houston, pero el destino truncó sus deseos y ahora serán repatriados.
“Mi familia contactó a los polleros para que nos trajeran hasta aquí”, dice Omar durante la entrevista que se llevó a cabo en las instalaciones del Centro de Atención a Menores Fronterizos (CAMEF), del sistema DIF en esta ciudad.
El apoyo de sus familiares fue determinante; Omar pagó tres mil dólares al pollero y Lizy mil 300 para que desde Honduras trasladara a los niños en varios autobuses hasta Nuevo Laredo, y para que los agentes del Instituto Nacional de Migración y los delincuentes que rondan las rutas de migrantes y el ferrocarril, no los detectaran.
“Viajamos en camión hasta aquí. Tomé muchos camiones pero ni platicábamos con nadie para que no supieran que éramos de Honduras, pero no viajamos en tren porque dicen que es muy peligroso”, menciona el menor con pasmosa agilidad mental ante las preguntas de este reportero.
Dice Omar que el pollero los trató bien, ya que los llevaba a restaurantes a comer, y que nunca los maltrató, por lo que su aspecto físico es bueno y no aparentan desnutrición ni maltrato, lo que confirma la versión del menor.
En La Esperanza, Omar estudia el tercer grado de primaria en una escuela rural, en donde sus habitantes, dice, viven en extrema pobreza y en donde el trabajo hace falta, razón por la que miles de hondureños dejan el país para trasladarse a Estados Unidos, aunque la cifra de niños es desconocida.
Menciona que el patero, al ver que el lugar en donde estaban los niños y otros migrantes había sido detectado por las autoridades del INM, cruzó el río Bravo.
“Cuando llegamos aquí, nos metieron como a un cuartito y de allí nos trajo la camioneta del DIF. Pero antes nos llevaron a la migración y de allí para acá”, detalla.

La versión de Lizi

Delgada, tez blanca, de facciones delicadas y la mitad de sus dientes en proceso de mudar, Lizy sí aparenta los 7 años que dice tener. Dice que al salir de la escuela donde cursa el segundo año, buscó a Omar para emprender juntos esta aventura.
Es huérfana de padre, por lo que decidió ir en busca de su madre, para lo cual pagó al patero solo mil 300 dólares, dinero que su familia juntó trabajando.
Pero a diferencia de Omar, este es el segundo intento que Lizy hace para cruzar la frontera, por lo que dice no tener miedo. La primera ocasión no la recuerda, pero asegura que fue ya en Estados Unidos, aunque lamenta haber sido detenida por la Patrulla Fronteriza, que de inmediato la deportó a México.
“No tuve miedo, ni cuando nos atraparon”, refiere al momento en que llegaron los agentes del INM y del DIF para su traslado al CAMEF en una camioneta oficial.
Sin precisar el lugar, dice Lizy que donde estaban se encuentra cerca de ‘donde están los buses’, tal vez cerca de una de las centrales camioneras de la ciudad, o de una terminal de autobuses urbanos, en el centro y cerca del río Bravo.

Las cifras

Omar y Lizy son parte de los 855 menores de edad que este año han migrado desde diferentes lugares de México y de Centroamérica, y de acuerdo a datos ofrecidos en el Camef, la mayoría de ellos fue contactado cuando estaban solos.
Esos menores que atiene el DIF no tienen más de 17 años y 11 meses, pero la mitad tiene menos de 15 años, menciona Adalia de León García, coordinadora de ese albergue.
El año pasado fueron atendidos mil 167 menores en el lugar, pero debido a que la cantidad de menores migrantes es de 855 durante el primer semestre, se estima que la cifra del 2011 será fácilmente superada, ya que en el primer semestre de ese año la cantidad de menores atendidos fue de 605, contra los de este año, que es superior..
Pero lo impactante del problema es que de ese total, 233 niños fueron separados de sus hogares en Estados Unidos, al haber sido detenidos por las autoridades al cometer algún delito menor, una falta de tránsito, o cuando sus padres no pudieron comprobar su estatus migratorio
Lo alarmante de esto es que los restantes 934 menores detenidos en el vecino país, el 80% del total, cruzaron solos la frontera para buscar a sus padres o familiares que viven en Estados Unidos.