Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Los escuadrones viales

Se queja el encargado de tránsito Oscar Hinojosa de la falta de participación en los llamados “escuadrones viales” de los padres de familia de las escuelas, sin embargo, no ha considerado algunos aspectos fundamentales que tienen que ver con la aplicación de la ley y la eficiencia de los que a diario pasean en patrullas o motocicletas, uniformados, y con aire de perdonavidas, sin tener el carácter para aplicar la ley.

Quiere el delegado que hagamos el trabajo de los que nunca lo hacen, que se paran en las esquinas cuando hay eventos y bloquean las calles con sus carrotes ilegales y de contrabando, sin siquiera voltear a ver la forma en que se complica el tráfico que, cuando hay dos o tres carriles, se sujeta a uno solo, pero ellos, platicadores a más no poder, no tienen la menor idea de lo que es ayudar a que fluya, ocasionando congestionamientos como el que vivimos el miércoles, cuando se enfrentaron Correcaminos y Tigres.

Se queja el delegado de que los padres no ayudamos, pero cuando los mismos automovilistas –y peseros, por supuesto- se ponen agresivos y nos echan el carro encima, sus muchachos brillan por su ausencia, argumentando, textualmente: “es que no nos hacen caso”, y con eso, dejan la responsabilidad a los padres.

Somos demasiado optimistas y nos gustaría que nuestro alcalde Miguel González Salum leyera esta queja ciudadana, porque el texto de hoy corresponde al sentir ciudadano, cuando vemos que los agentes, ni multan por ir hablando con celular, ni multan por traer polarizado, ni multan por traer placas vencidas o americanas, y menos, si nos pasamos una luz roja, es decir: no justifican el gasto de gasolina diario que nos cuesta de los impuestos que pagamos al Ayuntamiento.

Molesta en verdad, como ciudadanos que somos, ver a las autoridades pasear en las patrullas y no hacer que se cumpla la ley; molesta también, como cuando el partido del “Corre” con los Tigres, que cierren tantas calles aledañas al estadio y los agentes crucen carros ilegales y no sean capaces de dirigir el tráfico, ocasionando problemas a los que no fuimos al partido.

Molesta también, y mucho, el ver que automóviles oficiales son conducidos de mañana por damas esposas de funcionarios que van a todo lo que pueden con sus mensajes de texto, con los hijos en el asiento del frente, sin medir el peligro que supone hacerlo, pero con la impunidad que otorga un cuerpo de tránsito negligente.

Molesta quejarse en tránsito y ver que los encargados no hagan nada por remediar algo que se ve a todas luces, en todas las calles… a todas horas.

Somos de la idea de que se debe cumplir la ley en forma uniforme, es decir, pareja para todos, y duele ver que tienen preferencias ciertos sectores y vehículos, y que cada día hay más polarizados y gente hablando y mandando mensajes, aunque los agentes solo paseen por nuestras calles, que están en permanente remodelación gracias a la eficiencia de otros departamentos municipales que debieran ser ejemplo para los agentes.

Duele ver a auténticos “caritas” de lentes oscuros arriba de sendas motocicletas que no son capaces de pedir a una dama que se estaciona en doble fila a la hora de la salida de la escuela, que no obstruya la calle y que no viole el reglamento de tránsito.

Duele más ser parte de una ciudad capital que tiene un cuerpo de tránsito que no nos ayuda en nada, pero están pendientes si vamos manejando, según ellos, ebrios, aunque el criterio también es dispar, porque se aplica a automóviles de procedencia dudosa o pequeños, sin que los primeros sean objeto de la aplicación de la ley.

Estamos muy seguros que el alcalde Miguel González Salum no sabe qué sucede en las calles, que le ocultan la verdad, porque, conociendo su probidad y sus ganas de trabajar, pondría inmediatamente la solución para bien de los victorenses.

Duele mucho, sinceramente, ver la apatía de los agentes de tránsito… y sus jefes.

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Atentamente

Carlos David Santamaría Ochoa Ph.D.
A.I. Periodismo y Comunicación

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