No siempre lo permitido legalmente es ético: hay leyes que permiten acciones fuera de una actitud moralmente aceptada, y una de ellas, sin duda alguna, es el ver que dirigentes de institutos políticos como PAN y PRD se unen con el único fin de “ganar al PRI”.
Dejan a un lado sus políticas, su ideología, su razón de ser; los dirigentes nos demuestran que la inmoralidad es parte de su vocabulario diario, más cuando vemos que los dirigentes nacionales en forma conjunta se unen para impugnar una elección que perdieron y no supieron asimilar.
La ley electoral mexicana acepta todo tipo de alianzas, sin embargo, hay cosas que no se pueden hacer por cuestiones de moral, de principios, de algo que seguramente desconocen y que se llama “ética”, término tan difícil de asimilar por los que dirigen partidos, y por muchos más que, abusando de sus posiciones llevan a cabo acciones ilegales que tienen más rechazo social que judicial. Insistimos: el que la ley lo acepte no quiere decir que esté bien, o al menos, así lo entendemos.
No nos cabe en la cabeza ver que un partido como el del sol azteca, que durante seis años calificó de espurio al presidente panista Felipe Calderón haya hecho alianzas para ganar en algunos estados, y ahora consideren la posibilidad de llevar a cabo tales acciones sin principios aquí en Tamaulipas, y donde quiera que lo hagan, no deja de ser inmoral.
No es justo pelear por algo que no sienten: el ganar una gubernatura o una presidencia no es el hecho de tener más votos y llegar, sino algo más: significa el compromiso de gobernar para todos y hacerlo de la mejor manera posible, pero vemos tristemente que este grupo de personajes no tienen moral, no tienen dignidad y no les importa más que llegar… para servirse y hacer las cosas sucias a que nos tienen acostumbrados.
Qué lástima que existan este tipo de dirigentes.
Si pensamos que los “chapulines políticos” deben desaparecer, consideramos que este tipo de mafias o asociaciones no adecuadas debieran desaparecer, y no porque la ley lo diga, sino porque no pueden jugar con sus militantes.
Entendemos que de cada fuerza política, incluidos los partidos “chicos”, los militantes han decidido abrazar esa causa porque se identifican con ella, pero… ¿cómo puede identificarse un panista con un perredista en cuestión de ideología? Es algo así como juntar a gente de distintos credos religiosos con el único fin de ser más que la Iglesia Católica, por citar un ejemplo.
O llevándolo al ámbito deportivo, no podría pensarse en que se junten aficionados de dos clubes tradicionalmente rivales para vanagloriarse por derrotar a un tercero.
Lo anterior nos habla de la falta de principios, de moralidad, de honestidad y muchas cosas más. No concebimos, sinceramente, cómo pueden estos tipos dormir tranquilos a sabiendas de que pasan los días engañando a sus militantes, buscando el poder por el poder y no el poder para servir. Así lo vemos, pues.
Es probable que hagan esas alianzas porque la ley lo permite, pero debería ser lógico que nadie entregara su voto a estos vividores de la política. No se vale que haya tanta suciedad en este aspecto. Ya lo dijo algún colega nuestro en su colaboración de estos días, y criticó la forma en que se manejan estos individuos.
Pero cuando se permite que sucedan estas cosas, cuando los militantes aceptan sin chistar estas decisiones es cuando pensamos que cada quien tiene los dirigentes que merece, y si así son los de arriba, los seguidores no merecen consideración alguna en esto de querer ganar para ganar, para derrotar y no para servir. Es el truco de la sucia política que se lleva a cabo y se está generalizando, y cuando recordamos a don Carlos Adrián Avilés Bortolussi, quien decía: “Tocayo, política es el arte de comer mier… y hacer buena cara”. ¡Cuánta razón tenías mi querido Avliés.
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