No cabe duda que nuestro sistema educativo está en crisis: la Secretaría de Educación Pública anunció este día que unos 94 mil 440 profesores que aplicaron para el examen de selección de plazas en preescolar, primaria y secundaria resultaron reprobados.
La SEP ofertó 18 mil puestos para igual número de mentores en el país, sin embargo, los índices de reprobación son alarmantes: lo grave es que muchos reprobados aún así tendrán su plaza, es decir, la calidad de la educación que tanto ha presumido el gobierno federal ha quedado en eso: una diatriba.
70.1 por ciento no aprobaron, 3.56 por ciento obtuvo calificación de no aceptable, mientras el 29.8 por ciento, es decir, 20 mil 603 profesores obtuvieron entre 6 y 10 de calificación.
Lo más alarmante es que solamente un 0.22 por ciento, o sea, 309 profesores, obtuvieron el equivalente a diez de calificación. Hay que ver qué personas estarán al frente de nuestros hijos en el próximo ciclo escolar. Del nivel de preprimaria hasta secundaria, pasando por primaria, 4 mil 796 profesores no tuvieron los 30 puntos mínimos, y en San Luis Potosí se obtuvo la calificación más baja: ni el 1 por ciento de los aspirantes aprobó.
Y así, vemos con tristeza que no quieren ser evaluados, y por ello, comprendemos las razones: no hay calidad en los profesores normalistas que egresan como tortillas en tortillería de colonia urbana: por montones y sin calidad.
Los líderes magisteriales defienden su lucha, hacen paros por todo lo que consideran pertinente, pero no son capaces de adiestrarse para ofrecer educación de calidad, aunque los salarios que devengan son muy jugosos, ya que tienen vacaciones como nadie en el país, prestaciones increíbles, pero no corresponden con un poco de preparación.
Grave, muy grave el anuncio de la SEP, y no podemos culpar al SNTE o a la misma SEP, sino a todo un sistema corrupto y en decadencia que no es capaz de ofrecer calidad en la educación. Por eso, cuando llegan los muchachos a las universidades, no son capaces de escribir una cuartilla sin faltas de ortografía y con una congruencia natural que permita su fácil lectura. Los males de inicio se reflejan en el final de la carrera profesional.
Nos culpan en las universidades, pero hay que analizar fríamente los resultados que ofrece la SEP en esta prueba, y debieran de declarar desierta la convocatoria, porque muchos de los reprobados tendrán su “premio”, su plaza, su salario mensual y sus muchos puentes y vacaciones.
Algunos dirigentes magisteriales se quejan de la evaluación universal que en unos estados no se llevó a cabo por presiones. No entendieron que la idea era ver cómo andamos para prepararnos y hacer frente a un futuro mucho más competido.
No se trata de culpar a uno u otro personaje, pero sí sería interesante que esas asociaciones de padres de familia que hay en todo el país hicieran algo por exigir a los docentes el mínimo de calidad, y nos vamos más lejos: no se vale pedir el mínimo, sino exigir que tengan calidad suficiente que les permita tener en sus manos a un puñado de niños y adolescentes que, por deficiencia en la formación de sus profesores, llegan con tremendas fallas a niveles superiores.
De por sí, las aspiraciones de un buen número de jóvenes se limitan a tener una cuenta en Facebook o Twiter y a jugar en casa con los juegos de consola, sin leer siquiera un Libro Vaquero, y todavía tenemos que no hay calidad en los docentes…
¿Qué se debe hacer? El gobierno que iniciará su gestión en diciembre primero tiene un enorme reto, porque es el de luchar contra los vicios del sistema educativo, las formas viejas de hacer presión y una presencia equivocada, y tratar, aunque sea en mínima ocasión, de dar calidad a los muchachos, que se supone serán el futuro de México, pero con estos mentores, imagine el lector lo que espera a nuestro ya tan castigado país.
Y luego nos quejamos, ¡pero no queremos ver problemas ni soluciones, sino meras justificaciones!
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