Cuando el presidente de México Felipe Calderón dice que ha cambiado el sistema educativo, no hay duda de que se ha querido hacer algo positivo, aunque a decir verdad, no ha funcionado como quisiéramos. El hecho de que haya más del 70 por ciento de docentes reprobados en el examen de oposición que llevó a cabo la Secretaría de Educación Pública llama la atención y es un signo de alarma para la educación normalista: hay crisis, mala educación o formación, y el hecho de que no tengan la preparación mínima, lejos de presumir cambios sustanciales, debe poner el signo de alerta.
En la universidad hay docentes que tienen una enorme calidad profesional: los abogados, ingenieros y doctores son en la mayoría de las ocasiones, eruditos en su profesión, la llevan a cabo con magistralidad y además, suelen ser exitosos en su profesión.
Hay comunicadores exitosos, fotógrafos de calidad, periodistas que tienen buena imagen y así, podríamos irnos una a una por todas las facultades y carreras y encontraríamos muy buenos elementos.
Se preguntará el lector qué tiene que ver el caso de los maestros de la Universidad Autónoma de Tamaulipas con el examen que sostuvieron más de 70 mil personas para aspirar a un puesto de docente, la mayoría sin éxito, aunque, para desgracia de nuestros hijos, pese a ello serán contratados.
Pues bien, somos de la idea de que los profesores deben tener un perfil determinado para ejercer su profesión de docente, en el sentido de que conozcan técnicas para enseñanza y esas cosas que se necesita cambiar.
Sabemos que hay expertos en muchas disciplinas que no son precisamente buenos para transmitir conocimiento y no por falta de capacidad, sino por falta de capacitación, que no es lo mismo. Habría que pedirles que tuvieran un curso sobre docencia como pudiera ser, por ejemplo, la maestría que oferta la UAT en docencia con algunas especialidades, siendo una de ellas la que tiene que ver con tecnologías de la información.
Somos, insistimos, de la idea de que un profesor universitario debe cubrir un mínimo de créditos docentes, lo que equivaldría al menos al primer año de la maestría que comentamos. Urge que haya elementos con capacidad para responder a las exigencias de los muchachos que aspiran a concluir una carrera a nivel superior.
Por otra parte, será necesario también que se evite que gente sin capacidad o vocación llegase a cubrir una plaza de esta naturaleza. Debemos tomar en cuenta que están en manos de cada profesor el futuro de muchos jóvenes mexicanos, tamaulipecos, que buscan una preparación mínima para enfrentar los retos laborales.
Si tuviéramos la oportunidad de estar en una asamblea universitaria, si tuviéramos voz, si pudiéramos externar una opinión, diríamos que debería ser obligatorio el compromiso con cada uno de los maestros de las universidades del país para que cursaran la maestría en docencia, impartida por una institución certificada realmente y no únicamente por parámetros que no son reales.
Somos de la idea de que hay que obligar al profesional que cobra como docente a fungir como tal, a ser responsable de las exigencias actuales y de los métodos de enseñanza más adecuados, para tener, en consecuencia, una generación de jóvenes bien preparados.
Lejos deben quedar aquellos que piden los trabajos para calificar y permiten el desastroso y terrible “copy-paste” que no es más que una costumbre de robar textos, copiándolos y pegándolos en un trabajo que pretende ser propio.
Nada de eso debe existir hoy en día.
Si queremos calidad, tenemos que comenzar desde las bases: exigir a todos los maestros, desde preescolar hasta nivel superior, la preparación necesaria, y para ello, los directivos tienen la palabra.
Sería interesante que pudiera ser algo real el tener maestros con vocación y una preparación adecuada.
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