Cd. Victoria,Tam.- En mayo pasado cumplió 40 años la embajada de México en China y elloevoca la primera visita presidencial a la ciudad que entonces llamábamos Pekín(hoy Beijing) donde gobernaba el legendario MAO TSE TUNG (hoy ZEDONG).
De aquellas madrugadas tibias de 1972 queda el asombrode los reporteros mexicanos cuando, al cruzar por parques y plazas, se topaban conmultitudes de adultos, niños y ancianos practicando un deporte por entonces exótico,especie de danza ritual llamado Tai-Chi.
A la mirada occidental debió costarle entender elsentido de dicho arte marcial donde nadie compite para derrotar a uncontrincante por la sencilla razón de que el contrincante no existe. Se tratade una disciplina “no adversarial”.
O, en todo caso, la lucha es consigo mismo, contrael músculo flácido que debe volverse firme y la articulación rígida que buscatornarse suave. La batalla transcurre al interior de cada cuál, por la salud yla vida.
No hay copa o diploma que pelear, ni mano que debaser alzada por réferi alguno mientras el prójimo se retuerce en el suelo. Nadade eso, por fortuna.
Hoy me viene el recuerdo a la mente al ver elmedallero de la olimpiada en curso donde China encabeza la lista de triunfoscon 31 preseas de oro, 19 de plata y 14 de bronce, con un total de 64.
Decisivo el esfuerzo de las instituciones chinas enlos cuatro años previos para llegar en buena forma. Ayuda el ser la nación máspoblada del globo.
Aunque el verdadero secreto de esta gran cosecharadica en su base social que antes de ser espectadora es practicante cotidianade un abanico amplio de disciplinas.
En contraste, a la media tarde de este lunes Méxicollevaba 3 de plata, 2 de bronce y ninguna de oro. En total 5 premios.
Resultado magro para esa delegación de 102 atletasque abanderó FELIPE CALDERON el 29 de Junio pasado con un discurso que pecó de triunfal.
En particular cuando dijo que dicho gruporepresenta: “un México ganador que se crece ante la adversidad y superauno a uno todos sus desafíos.”
Disculpe usted, pero ese país no existe. Laidiosincrasia nacional es de espectadores pasivos que reducen su afición a poblarlos estadios, entripados con cerveza y comida chatarra.
País líder en obesidad (en esto sí, oro y plata) destacamostambién en los males asociados: diabetes, osteoartritis, hipertensión y algunasformas de cáncer.
Y ocurre en el deporte como en la industria delentretenimiento. Abismo brutal entre la nación que aplaude y el pequeño grupoque decide por los demás.
De ahí la pregunta para los diseñadores de lapolítica deportiva, sus burocracias y mandos: ¿Que es más importante, la gloriaefímera o la salud pública?
El comodino culto al oropel ha desplazado por añosal fomento de la práctica social del deporte, esa que no necesita uniformes, nitenis de marca, ni banderas, ni himnos.
Poblar el salón regional de la fama con trofeos que“ponen el alto” el dignísimo nombre de la ciudad, el estado o elpaís no disminuye un ápice nuestra condición de pueblo subalimentado, pasivo,sedentario y enfermo.
De ahí mi observación hace unos días en la red delpajarito donde dije que me sentiré orgulloso del deporte mexicano cuando vea amillones participando y no aplaudiendo desde sus butacas.
Y, bueno, la semana pasada en la capitaltamaulipeca fue puesto en marcha un parque de barrio de los 10 que estánplaneados para entregarse este año con dinero estatal.
Son espacios de reunión para la práctica horizontaldel deporte y también la recreación familiar, entre árboles y vigilancia.
Leo y opino. No hay mejor uso del presupuestodeportivo que este, por su efecto multiplicador en la salud pública que a suvez robustece al tejido social.
Si en los años venideros, acciones así fuesenprioridad y regla general en toda la República, en verdad me importaría muypoco (nada, acaso) que algún paisano se traiga un cuarto lugar en esgrima, un“casi-casi” en jabalina, un “por poquito” en box o un“ya merito” en futbol.
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