ORBE/Ma. Teresa Medina Marroquín*La agonía de un presidente

En el ocaso de su vida… política, Felipe Calderón Hinojosa intenta por todos los medios dar el tiro de gracia al partido que lo llevó a ganar la Presidencia de la República.

Sí, el Partido Acción Nacional se debate en un pleito interno de pronósticos reservados, todo porque el aún Presidente de la República se niega a entender que su tiempo ha terminado y, por el contrario, intenta mantener el control político panista.

¿Alguien le puede decir a don Felipe que en política los ex presidentes ya no son los poderes detrás del trono, como estilaban los viejos mandatarios priistas?

¿Por qué Calderón quiere emular a Carlos Salinas de Gortari, de quien se ha especulado por más de 12 años que está detrás de todo lo que sucede en el Revolucionario Institucional?

No, don Felipe no está dispuesto a asumir el papel que hasta ahora ha tomado su antecesor, Vicente Fox Quezada, quien se desmarcó rápidamente de su partido, pues a pesar de intentar imponer a Santiago Creel como candidato, finalmente el guanajuatense terminó por mandar al diablo al PAN y a los panistas.

La duda salta por sí sola: ¿Para qué diantres quiere Felipe Calderón controlar al Partido Acción Nacional? Que alguien nos explique, porque en verdad no entendemos esta actitud del michoacano.

Para intentar encontrar una explicación a este choque de trenes al interior del PAN valdría la pena partir de la base de una teoría, pero también sin perder de vista la realidad.

Primero. La teoría de Andrés Manuel López Obrador sobre la conspiración para imponer a Enrique Peña Nieto como Presidente de la República podría ser una de las explicaciones a esta situación al interior del panismo.

Y es que al no poder imponer candidato propio a la Presidencia, don Felipe habría optado por la única vía posible para bloquear los intentos de la izquierda por tomar el poder de nuestro país: apoyar al PRI.

Si la teoría pejista resultara cierta, entonces podemos concluir que Calderón trae una cruda moral tan fuerte que lo hace centrar sus esfuerzos en mantener el control de su partido, con el ánimo de reivindicarse dentro de seis años, cuando intente recuperar la Presidencia de la República para los panistas.

Sin embargo, la realidad es que el mandatario nacional pasará a la historia como el segundo presidente que no pudo retener el poder para su partido, lo que sí hizo en su momento su acérrimo rival, Vicente Fox Quezada.

Sí, el Presidente cargará con el lastre de haber devuelto al PRI la residencia oficial de Los Pinos, algo que sus correligionarios panistas no le perdonarán jamás de los jamases, pues en el librito azul no existía la idea de una alternancia real del poder.

No, los panistas deseaban con toda su alma perpetuarse en la Presidencia mínimo 70 años (como lo hizo el PRI) para intentar transformar al país en el modelo que sus antepasados diseñaron. Pero no, los mexicanos decidieron lo contrario.

En calidad de mientras, lo mejor que podría hacer don Felipe es aceptar trabajar para alguna universidad extranjera, que se retire de la política doméstica y que le brinde a sus pequeños hijos el tiempo que no les ha dado durante los últimos años, pues quedó demostrado que como estadista quedó reprobado, por lo que se antoja harto difícil que pueda recuperar la Presidencia para su partido.

Además, también quedó demostrado que los mexicanos estamos hasta la mandarina de las políticas fallidas aplicadas por el Presidente: la pobreza y la violencia son la mejor prueba de que don Felipe Calderón Hinojosa quedó reprobado en política.

Por favor, que alguien convenza al michoacano de que lo mejor para él será colgar los guantes electorales, pues la voz del pueblo ya decidió por otra opción: el Revolucionario Institucional.

Al menos 19 millones de mexicanos decidieron no apoyar a los panistas y optaron por darle a los priistas la oportunidad de demostrar que pueden hacer mejor las cosas en la Presidencia de la República.

En fin, por ahora no me resta más que desearle un excelente día; y recuerde ser feliz, junto a su familia será mucho más sencillo.

Ah, y encima de todo lo antes mencionado, aún nos quedan cuatro meses de chistes crueles, faraónicas despedidas y una que otra triquiñuela que intentará hacer don Felipe antes de irse del país.

¿No podría encaminar Calderón a López Obrador al famoso ranchito del tabasqueño y, de paso, quedarse un ratito por ahí? Je, simple curiosidad. Hasta la próxima.

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