Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa*El respeto que merecemos todos

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Seguramente alguna vez ha ido a una tienda u oficina y ha encontrado algún banderín o cartel de un equipo de fútbol, beisbol o algo por el estilo. De igual manera, en nuestra muy amada ciudad existen empresarios, industriales, comerciantes e investigadores que tienen preferencias políticas hacia uno u otro instituto.

El columnista goza de la amistad de gente identificada con el PRI, PAN, PRD, PANAL, PT y demás; el hecho de tener simpatía hacia uno de éstos partidos no quiere decir que tenemos que ser objeto de una descalificación que pueda rayar en la agresión.

Ciertos estamos que no escapamos a alguna burla de los amigos que, en un afán de divertirse más que de ofender, hacen bromas, a veces muy pesadas, de nuestra filiación: si somos de un partido nos “cargan la mano” y ríen, pero nada más. Nadie tiene derecho a juzgar las preferencias de nadie.

Hay quien ha hecho comentarios que rayan e la estupidez de la inolvidable Chavela Vargas inclusive, y quienes piensan que los simpatizantes de un partido contrario al suyo son tontos, idiotas, estúpidos… y algo más.

Dijo Voltaire: “Puedo no estar de acuerdo en lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. En ese sentido, todos merecemos el respeto a nuestros gustos e ideas, al mismo tiempo que estamos obligados necesariamente a respetar las ideas de los demás.

Lo que sucede en una cadena de tiendas de autoservicio y una casa de dinero en el país se ha convertido en un tema aberrante por el hecho de que han sido objeto de innumerables agresiones por parte de fanáticos de una causa que, inicialmente, está perdida, y lucha en los tribunales por obtener lo que los electores no les dimos: el triunfo.

Surgieron movimientos como el llamado “Yo soy 132” al calor de la contienda electoral, pero se han radicalizado: hoy, muchos simpatizantes del mismo consideran que Soriana es lo peor que hay y han hecho a esta cadena de tiendas de autoservicio blanco de sus ataques: a la tienda, a sus empleados y a sus clientes. Quienes menos culpa tienen son los empleados, que buscan llevar el pan a su casa mediante un trabajo honrado.

No comulgamos con grupos que, sin tener nada qué hacer en el tema, se han sumado a las condenas poselectorales; los de Oaxaca, los del Sindicato Mexicano de Electricistas y otros movimientos han aprovechado la coyuntura para desquiciar a la ciudad de México y al país, agrediendo a quienes están en contra de su capricho de que AMLO sea el triunfador en la mesa de la ley, cuando no le dimos nuestro voto la mayoría de los mexicanos.

No se justifica con nada el agredir, el menospreciar e insultar a los que pensamos distinto. Todos tenemos derecho a simpatizar con una causa, y si los dueños de estas tiendas, bancos, empresas o lo que sea tienen intención de manifestarse a favor de cualquier partido, la libertad existente en México les permite hacerlo, mientras no lo hagan robando o matando, así de claro.

Los banqueros e industriales se han manifestado al respecto y auguran una debacle social y económica en nuestro país de seguir estas agresiones.

Increíblemente, jóvenes estudiantes universitarios –que se supone, son los más instruidos y educados- reflejan una tremenda amargura hacia quien está de acuerdo en que el PRI ganó. Insultan, ofenden, pero lo más grave es que ahora agreden. Lo que sigue es que hagan atentados terroristas o maten para defender su causa. Totalmente ajeno a la congruencia, la realidad y la inteligencia.

Usted debe tener una ideología política, un equipo favorito, un estilo musical preferido, y nadie tiene por qué calificarlo de tonto o algo más grave por tener esos gustos. La libertad de pensamiento, creencia, expresión y otras, están garantizadas por la Constitución Mexicana de los Estados Unidos Mexicanos, pero más importante aún, están consagradas en el principal valor moral que debemos tener los seres humanos: el respeto a los demás.

Condenamos estos hechos, nos sumamos solidariamente a las manifestaciones de protesta contra los inconformes violentos, y esperamos que se acaben estas cosas, por el bien de TODOS los mexicanos.

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Atentamente

Carlos David Santamaría Ochoa Ph.D.
A.I. Periodismo y Comunicación