VIENE ANTHONY WAYNE A NUEVO LAREDO
Su visita no es casual
Aunque aún no está confirmado de manera oficial, estoy enterado que el embajador estadounidense, Anthony Wayne, estará de visita breve en esta ciudad, posiblemente el 15 o el 16 de agosto, para reunirse con el nuevo cónsul de su país, David Zimov.
La visita nada secreta ni tampoco ocasional, obedece desde mi punto de vista, a una estricta y estratégica agenda en la que se ventilarán asuntos de interés geopolítico y hemisférico que tanto están afectando los intereses de Estados Unidos, desde México.
Y es que tanto Wayne como Zimov tienen mucho en común: son expertos en el manejo de estrategias antiterroristas. Wayne en el Medio Oriente, desde donde surgen desde el punto de vista de los norteamericanos, los terroristas que amenazan con destruir su país.
En tanto, la formación de Zimov se da en el mismo plano del antiterrorismo, pero en el hemisferio occidental, es decir, en la implementación de estrategias de combate al terrorismo latinoamericano, llámese narcotráfico, guerrillas o revueltas urbanas y suburbanas que amenacen por igual, su seguridad.
¿Coincidencia? ¿Casualidad? ¿Obra del destino? Nada de eso. La visita de Wayne al cónsul de su país en Nuevo Laredo, no es una casualidad, ya que puede ser en terreno ‘neutral’, es decir, en algún lugar de Laredo, Texas, o en la embajada en la ciudad de México.
Pero tiene que ser en una frontera en la que se concentran algunos de los elementos que en materia de seguridad nacional, amenacen la extensa frontera sur de ese país.
Nuevo Laredo y Tamaulipas reúnen esas características, tal vez más que ciudad Juárez, Tijuana o Reynosa.
Ambos personajes tienen mucho que platicar y de qué hablar, por lo que el haber escogido Nuevo Laredo tampoco es una rara coincidencia, puesto que es aquí precisamente en donde Estados Unidos ve uno de los focos de infección ´terrorista’ más importantes de México, por el clima de inseguridad y de violencia que se vive a cada momento, y por la cruenta disputa del territorio tamaulipeco entre grupos criminales.
Coches bomba y actos terroristas similares a los de Irak, Afaganistán, Irán y Colombia, ocurren en algunos lugares de Tamaulipas, y hacen ver a esta ciudad y a la entidad, como una prioridad para nuestros vecinos, tanto, que la urgencia de establecer en esta parte del hemisferio norte un cuartel general que contenga los avances del ‘terrorismo’, es ya una posibilidad muy cercana.
La experiencia de Wayne cuando fue embajador en Afganistán antes de ser enviado a México, lo colocan como especialista en resolver situaciones de riesgo y de crisis en países denominados por los políticos norteamericanos como creadores del terrorismo internacional.
Una rara coincidencia entre Afganistán y México, es que Wayne fue nombrado embajador en ese país justo cuando se ventilaba un proceso electoral seriamente cuestionado por la oposición y por el pueblo afgano. Su presencia en México ocurre casi bajo las mismas circunstancias.
Y es que en la frontera norte de Tamaulipas, Nuevo Laredo, la región Ribereña, Reynosa y Matamoros, existen elementos de inseguridad ya considerados por el gobierno de Washington a través del Pentágono, que amenazan su seguridad nacional.
No es casual tampoco que en los discursos de políticos prominentes que buscan y que apoyan a sus candidatos para elegir al nuevo presidente de Estados Unidos el 4 de julio de este año, se insista en buscar ‘alianzas’ entre los criminales mexicanos con los terroristas de Al Qaeda o posibles vínculos con los rebeldes gubernamentales de Irán.
Al denominar a los criminales mexicanos como terroristas, ubican a éstos no solo como simples delincuentes, sino como una organización con capacidad tanto intelectual como material, para generar eventuales daños a Estados Unidos a través de posibles infiltraciones en la política nacional mexicana.
Ese calificativo le permite al Servicio de Inteligencia estadounidense, brincar la barrera de lo medianamente imposible a lo inmediatamente posible, es decir, en la implementación de medidas de protección hemisférica que permitan a los agentes responsables de la inteligencia y de la seguridad nacional de ese país, crear en México las condiciones de seguridad que ayuden a fortalecer su frontera.
Es por ello que Wayne, al haber coordinado en Afganistán el llamado Programa de Asistencia a ese país, logró a través de la asistencia estratégica al pueblo afgano, a consolidar la construcción de instituciones que permitan el uso legítimo de la fuerza, en caso de ser necesario, ya que desde su punto de vista (de Wayne), ello permitirá crear una estabilidad duradera.
Lo peligroso de este asunto es el grado de intervención que Estados Unidos pueda tener en México a través de una política similar cuando asuma el poder el próximo gobierno, toda vez que su seguridad fronteriza se encuentra en franca crisis y muy vulnerable, debido a las constantes amenazas tanto desde fuera como por dentro.
Por ello tampoco es casual que Enrique Peña Nieto haya nombrado con mucho tiempo de adelanto, urgido por Estados Unidos, al general colombiano en retiro, Oscar Naranjo, de quien puedo decir que es un hombre hábil en estrategias de antiterrorismo, las que puso en práctica en Colombia, durante los años cruentos del terrorismo en ese país.
Es así como diversos elementos de conjugan en esta frontera y a lo largo de la frontera sur de Estados Unidos:
una frontera común muy vulnerable y muy porosa al cruce de drogas, de armas de fuego, de migrantes y de delincuentes,
un gobierno mexicano seriamente cuestionado por su pueblo por la lucha contra el narcotráfico, y por tener más de 60 mil muertos como consecuencia,
un eventual y debilitado futuro presidente de México también seriamente cuestionado por su pueblo, al haber emergido de un proceso electoral igualmente cuestionado,
una muy alta posibilidad de que Estados Unidos intervenga en México para defender sus intereses nacionales y hemisféricos,
el eventual fracaso de la Iniciativa Mérida para contener la violencia surgida de la lucha por el tráfico de drogas,
los altos grados de corrupción entre funcionarios de alto nivel en Estados Unidos, que permitieron durante muchos años el cruce de armas de fuego a México, que alentaron la violencia
la posibilidad de implementar en México un programa de asistencia estratégica al gobierno de Peña Nieto, similar al que aplicó en Afganistán en el 2009,
y finalmente, una gran incertidumbre respecto a lo que pueda ocurrir en Estados Unidos después de las elecciones presidenciales, y el futuro de una política migratoria más humana, tan necesaria para las relaciones de los dos nuevos gobernantes en los dos países.