Fue ahora en el atrio del Centro Cultural Tamaulipas: la XXV edición de la muestra fotográfica “Cien Imágenes” nos ofreció un mosaico de fotografías de diversos autores, aficionados y profesionales, en color casi la totalidad, aunque unas pocas salvaron al blanco y negro, o como decía algún experto: “blanco al negro”, por el juego con que suele distraerse el fotógrafo al captar una imagen y trasladarla a esa gama de colores que van de la luz absoluta hasta la ausencia de la misma.
Decía el maestro Cándido Mayo, uno de los más grandes fotógrafos españoles y de nuestro país, que lo más importante de una cámara fotográfica se encontraba detrás del visor, es decir, en la mente del que capta los halos de luz multicolor para trasladarlos a un chip electrónico, aunque en ese tiempo, se hacía en una placa de celuloide que contenía una gelatina de cristales de plata sensibles a la luz.
Han cambiado muchas cosas: el soporte de la fotografía y los protagonistas: encontramos muchos jóvenes noveles en la fotografía que nos ofrecieron una serie de trabajos de calidad, aunque algunos no han distinguido aún que en una muestra de fotografía no debieran estar obras cuya construcción es todo menos captar con luz: no es igual hacer una foto digital que una imagen a partir de un soporte electrónico, sea programa o alguna otra cosa.
La muestra la inició el entonces arquitecto José Luis Pariente Fragoso, director del CCT; hoy, el doctor Pariente tuvo a su cargo las palabras en la inauguración e hizo una remembranza de hace un cuarto de siglo, cuando iniciamos este proyecto que se hace adulto y merece mucha mayor atención por parte de todos.
José Luis recordó los tiempos en que no alcanzábamos a reunir las imágenes y las repartíamos entre los que seguíamos participando en forma entusiasta; también recordó aquellos tiempos en que llegaban centenares de fotos y había que hacer una selección adecuada, o cuando quitábamos los marcos para dar paso a la imagen, solo la imagen.
Fue una fiesta de los amantes de la fotografía, que en realidad somos pocos, porque hoy en día, todo mundo carga una cámara y hace fotos, pero no construye un mensaje gráfico a partir de su instrumento único: la luz.
Ahí en el atrio del Centro Cultural Tamaulipas están las imágenes que bien vale la pena disfrutar. Fotógrafos como Pablo Martínez Borrego llevaron una muestra de su trabajo iconográfico, lo compartieron con todos los asistentes y seguramente será compartido también por los que inician en esta disciplina con ganas de convertir su trabajo en obra artística.
La directora del CCT, Laura Casamitjana de La Hoz también tomó la palabra para agradecer el apoyo que por cinco lustros se ha dado a esta ya tradicional y añeja muestra, lo que es un orgullo para los que le vimos nacer.
Nuestros allegados estuvieron compartiendo las imágenes: hijos, amores o compañeros, amigos y conocidos comentaron una y otra imagen: trataron de descifrar algunos mensajes de las mismas y encontraron mucho atractivo en la variedad de tomas fotográficas.
Somos de la idea de que debe regresar la muestra a la galería, pero más de que tenemos que ser copartícipes del fomento al arte de Niepce y Daguerre, hoy, convertido en un portento electrónico y digital que nos permite captar cuanto objeto existe en un mundo que ofrece cada vez más alternativas, pero que en contraparte nos prohíbe captar imágenes de la gente de nuestro México por cuestiones que tienen que ver con la seguridad.
Realmente vale la pena dar una vuelta a la plaza y al Centro Cultural Tamaulipas, deleitarse con las cien imágenes de la muestra en su versión “cuarto de siglo”, y sobre todo, encontrar la motivación para seguir participando en la más añeja y tradicional de las muestras de fotografía en Tamaulipas, orgullosamente “cueruda” y orgullosamente parte de nuestras vidas.
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