Óptica/ Gastón Monge*Un dirigente del PRI muy arrogante

Cuando falta exactamente un año para que la presente administración municipal finalice, en el PRI la gallera está alborotada debido, por un lado, a que en esta ciudad aún no se define quien será el sucesor de Enrique Resendez, actual dirigente, y porque el golpeteo entre diversos grupos políticos a su interior, amenazan con deteriorar aún más la endeble estructura política de ese partido.

La razón es simple. Mientras no se consolide en Tamaulipas y en esta ciudad un liderazgo congruente y afín a los intereses de ese partido, con base en la unidad y en el fortalecimiento constante de sus dirigentes seccionales y de organizaciones, el triunfo para el 2013 no será posible.

Otra buena razón es el notable cambio de personalidad que el dirigente actual del PRI, Ramiro Ramos Salinas, muestra en cada una de sus presentaciones en la geografía tamaulipeca, y parece que cada día su arrogancia es más notable y evidente.

La modestia la cambió ya por la arrogancia, la amabilidad cedió ante la vanidad, y la sencillez que era su característica, dio paso a la torpe ilusión de sentirse un intocable.

Así suele ocurrirle a quienes ostentan de manera irresponsable el poder y el dinero, perversa combinación que afecta a quienes no han hecho de ambos una sencilla costumbre, sino un mal hábito que los pierde en la vanidad y en la perversidad.

Y a Ramiro ya le afectó el síndrome del ‘Mesías’, al creer que como dirigente tiene en sus manos la varita mágica que resolverá todos los problemas de su partido, pero la vanidad política ya lo envolvió, al igual como lo hizo en su momento a cuanto dirigente estatal del PRI ha pasado por Tamaulipas.

El caso más reciente fue Ricardo Gamundi Rosas, personaje que se dejó envolver por el velo de la falsa vanidad que el poder y el dinero dejan a los impreparados.

Quienes fueron al evento del sábado, en que Ramiro ‘visitó’ Nuevo Laredo, lo han constatado al haber dicho que vieron a un Ramiro Ramos muy cambiado, arrogante y hasta cierto punto perverso.

Pero Ramiro tiene el apoyo del gobernador Egidio Torre Cantú, quien de manera incondicional le impulsa para que el PRI vuelva a ser la máquina que siempre fue, antes de la derrota que sufrió en julio de este año.

Por eso Ramiro recorre la entidad, pero creo que no para fortalecer al PRI, sino para decidir y para definir a los futuros dirigentes de su partido en los 43 municipios, y de allí partir para la designación de los aspirantes a las candidaturas para alcalde.

Pero en Nuevo Laredo las cosas no son fáciles, ya que ante la ausencia de un líder del PRI, que los convoque a la unidad, han surgido por doquier aspirantes que ya en plena y descarada campaña, o ya preparándose para iniciarla, trabajan para satisfacer su ego, los intereses de sus respectivos grupos, y finalmente, para que el gobernador los tome en cuenta y entre ellos elija a quien deberá ser el candidato a la alcaldía.

Aunque para dirigir al PRI se menciona solo a Octavio Almanza, tal vez a Imelda Mangín o posiblemente al regidor Benjamín García Marín y al primer síndico Benjamín Neftalí Rosales, la verdad es que quien quiera que sea, deberá pasar antes por una especie de ‘filtro’ de aprobación primaria, es decir, que el alcalde proponga y el gobernador disponga, aunque en caso de que uno proponga y el otro no esté de acuerdo, en primera instancia se dirá lo que el gobernador decida.

En lo que se refiere a la designación de los aspirantes a la alcaldía, sabemos que debido a los resultados obtenidos por el PRI el 2 de julio de este año, la estrategia fue modificada, razón por la que quienes piensan que tienen posibilidades de ser el candidato o de proponerlo, ya andan muy sueltos haciendo sus propias precampañas y pronósticos.

Ahí están trabajando desde hace tiempo la diputada local Rosa María Alvarado; la titular de la oficina fiscal, Imelda Mangín; el dirigente de la agrupación Impulso, Fernando Castillo; la ex diputada federal, Cristabell Zamora; el diputado local Héctor Canales; el gerente de Comapa, Carlos Montiel y otros más hasta sumar, según dicen algunos, 14 aspirantes a la alcaldía, tantos que para mi gusto pudieran generar un conflicto similar al ocurrido durante la anterior campaña que terminó en un rotundo fracaso para el PRI.

Ahora, en caso de que quien sea candidato sea de igual manera impuesto para el disgusto de la militancia del PRI, la derrota estará a la vuelta de la esquina, solo que el candidato sea elegido por la mayoría y sin imposiciones, que Ramiro haga a un lado la arrogancia, y que en el PRI municipal el nuevo dirigente sea alguien que conozca realmente de política, y que no sea un improvisado, un recomendado, o una imposición. Veremos.

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Y si así están las cosas en el PRI; en el PAN no cantan mal las rancheras. Resulta que en ese partido se libra en estos momentos una lucha intestina por apoderarse de la dirigencia municipal, a la que aspiran lo mismo quienes son afines a sus preceptos ideológicos, como quienes puedan traicionarlos.

Al igual que en el PRI, en el PAN la batalla ya inició con algunos militantes que desean apoderarse ese partido, con la salvedad de que al lograrlo podrán insertar en la próxima administración municipal, sea cual fuere el resultado para ese partido, a personajes que ya han figurado como funcionarios o regidores, y a quienes solo buscan un cargo para enriquecerse y satisfacer sus vanidades.

Vemos que ya están en campaña los ex regidores Rafael Pedroza, Oscar Villa, Rogelio Soto, y el regidor Juan Manuel Ramos, a quien quieren impulsar algunos para que manipule el partido y desde allí mover a los hombres necesarios que le den tranquilidad, aunque sea incongruente, al PRI.

Es así porque al interior del PAN hay quienes trabajan para favorecer al PRI, y uno de ellos creo, es a quien quieren postular como candidato del PAN a la alcaldía, Carlos Cantú Rosas Villarreal, quien bajo la sombra del caudillo, Carlos Cantú padre, intenta ser cobijado por el PAN desde el seno mismo del PRI, porque hay que decirlo, carlitos trabaja para el PRI.

Con este personaje de candidato, existe la creencia en el PAN de que ese partido ganaría las elecciones del próximo año, confiados en que el efecto Glafiro Salinas lo llevará al triunfo, per creo que esa idea es una gran falacia que debe ser tomada muy en cuenta por la dirigencia y la militancia panista, ya que si caen en el yerro de pensar así, es seguro que el derrotado será el PAN y no el PRI.

Y aunque en el PAN existen hombres con talento tanto para dirigir al partido como para ser candidatos para algún cargo de elección popular, lo cierto es que en estos momentos ese partido se encuentra en una de sus más severas crisis políticas, muy a pesar de que haya ganado la diputación federal el agente aduanal Glafiro Salinas.

La crisis en esta ciudad no se mide por triunfos o derrotas, sino por la forma en que sus militantes y dirigentes trabajan parta proyectar a su partido, y a como se ven las cosas, ninguno trabaja por la unidad ni para fortalecer al ya diputado federal, a quien pudieran dejar solo en el congreso, si sus opositores deciden darle la espalda.

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En lo que respecta al PRD, está condenado a seguir en el sótano del edificio político en Tamaulipas, ya sea por las traiciones de su dirigente, Jorge Valdez Vargas, quien pretende aliarse con el PAN para impedir que el PRI gane las elecciones del próximo año.

Aunque de darse dicha alianza, lo más seguro es que Jorge traiciones de nueva cuenta a sus aliados y a sus seguidores, para venderse, tal y como ya es una perversas costumbre, al PRI, partido que lo ha hecho muy rico gracias a sus torcidos ideales de corsario.

Lo más sano para el PAN, y también para el PRI, es que ambos partidos naveguen solos en el océano electoral del 2013, mientras que para el PRD, lo sano sería que desconocieran a Valdez Vargas y colocaran en la dirigencia a un hombre con más oficio político, y menos sinvergüenza que Jorge Valdez.

Y aunque Andrés Manuel López Obrador ya se separó de las izquierdas para formar un partido político con Morena, no es factible que Valdez se salga del PRD para irse como militante de ese nuevo partido, muy a pesar de que haya dicho en el pasado que AMLO era su héroe político.

Con esa separación la izquierda mexicana y en Tamaulipas, está condenada al fracaso, porque una separación y una división no necesariamente logra el fortalecimiento de un proyecto, sino todo lo contrario, y de paso debilita a toda la izquierda junta.

Por esa razón pienso que en Tamaulipas tanto Emiliano Fernández, líder estatal de Movimiento Ciudadano (MC), como Alejandro Ceniceros, dirigente estatal del Partido del Trabajo (PT), tendrán mucho trabajo en pensar como le harán para no desaparecer del mapa electoral el próximo año, una vez que el nuevo partido de AMLO les quite gran parte de su militancia.

Por supuesto que esto le favorece muchísimo al PAN y mucho más al PRI, por lo que, insisto, si el tricolor no impone a un candidato a la alcaldía, tal y como ocurrió en la campaña pasada, y si el PAN no resuelve su crisis interna, es casi seguro que el PRI retendrá Tamaulipas, pese a que la diputación federal esté en manos de la oposición.

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Hasta mañana

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