“No hay cosas sin interés. Tan sólo personas incapaces de interesarse”
Gilbert Keith Chesterton
Conforme avanzan los días los ajustes a la transición del Poder Ejecutivo Federal son cada vez más notorios, un asunto negativo para la sociedad desafortunadamente.
Aunque se argumente que el cambio del titular no afectará en la economía de nuestro país, el estancamiento en la ejecución de los programas y obras sociales dice todo lo contrario.
Por un lado, don Felipe Calderón está empecinado en que se promulgue la nueva Ley Laboral y en ese afán se encuentra incrustado el Poder Legislativo, como si se tratara de un acuerdo en lo obscurito, al menos esa impresión da tanto empeño.
Y lo demás, lo demás sale sobrando en estos momentos. No importa que se haya ido al traste eso de la generación de empleos, de sueldos dignos y no sé qué tantas promesas más incumplidas.
Otro aspecto. Tal pareciera que es más importante para nuestro querido presidente despedirse de sus homólogos de otros países que exigir a sus colaboradores en seguir trabajando hasta el último día de su mandato, y eso dándoles el beneficio de que en algún momento se trabajó por mejorar las condiciones de vida de los mexicanos.
Sin lugar a dudas, el pensamiento presidencial es que resulta mejor mantener una “buena” imagen internacional que tratar, al menos, de congraciarse con sus compatriotas.
¿Una rayita más al tigre? El cambio de partido político en la administración federal está urgiendo a las secretarias, incluyendo a sus delegaciones, a concentrarse en “organizar” sus archivos a fin de no dejar evidencias (perdón amable lector, lo que quise decir es entregar cuentas claras) de las acciones llevadas a cabo y, más aun, de las que se dejaron de realizar.
Los funcionarios federales se encuentran muy ocupados tratando de cuadrar lo redondo a fin de dejar a sus sucesores un ambiente laboral perfecto, y si eso se ve cuando la sucesión se da entre personajes del mismo partido, pues cuando la entrega es a los contrarios pues con mayor razón.
Y por si fuera poco, millones de pesos se encuentran en la cuerda floja y gracias a… exacto, atinó usted apreciable lector, a la sucesión presidencial.
Los recortes presupuestales que se había asegurado serían reembolsados pasadas las elecciones, por aquello de la veda electoral, no hay que ser mal pensados, pues parece que ya se esfumaron por la tramitología burocrática y la “falta” de tiempo para las gestiones correspondientes.
Así, todo indica que para nuestra mala suerte lo que menos importa en estos momentos somos los simples mortales mexicanos.
Pero bueno, esa es nuestra cruz; ese es el precio de la alternancia y lo malo de la no reelección, ¿o lo bueno?
Hablando de precios. Muy caro puede salir contestar el teléfono celular cuando vamos manejando. De hecho, doblemente caro.
Según las estadísticas es igual de peligroso, si no es que más, activar nuestro celular a la par del volante que el conducir en estado de ebriedad, la distracción es la misma y la falta de concentración disminuye considerablemente como cuando se encuentra el conductor bajo los influjos del alcohol.
Y en verdad que sale caro, muy caro, cualquier accidente automovilístico y más cuando hay víctimas que lamentar.
Por eso las autoridades están pensando muy seriamente implementar infracciones del orden de varios miles de pesos cuando se habla por teléfono celular al ir manejando. Y por eso sería doblemente caro.
Tan sólo en la capital tamaulipeca diariamente se registran 40 accidentes viales y de esos, un gran porcentaje es precisamente por contestar el teléfono mientras manejamos.
No debemos esperar a que las autoridades tomen cartas en el asunto y nos tengan que “persuadir” con megamultas. Mejor es hacer conciencia de que para manejar necesitamos de nuestros cinco sentidos y si contestamos una llamada, o un mensaje, ya distrajimos al menos tres.
Es cuestión de sentido común.
En fin. Por ahora no me resta más que desearle un excelente fin de semana; y recuerde ser feliz, junto a su familia será mucho más sencillo.
Hasta la próxima.
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