A la tercera llamada quedó en penumbras el escenario y luego una tenue luz le empezó a dar forma al rostro de una docena de cantantes que permanecían sentados, erguidos y atentos en espera de su turno.
Al fondo, apareció la triste, enorme y arrugada cara de un indígena latinoamericano diseñada a mano con colores fuertes que desató un sonoro aplauso del respetable en el Auditorio Nacional.
Corrían los 80 y por ese entonces mi hijo Said Iván apenas si rozaba los seis años, por eso saltaba desde su vocecilla la pregunta: ¿Qué hacia un niño de esa edad en un concierto tan vistoso, tan enorme y tan complicado?. Era su primera vez en un lugar de tal tamaño, pero hoy a sus 33 me agradece que le haya abierto la puerta para refinar su gusto musical.
Se trató de un concierto en honor del Indio Latinoamericano que concentró a artistas de la talla de Guadalupe Pineda, Marcial Alejandro, Eugenia León, Guillermo Briseño, Yekina Pavón, Sara González, Betzi Pecanins y, Tania Libertad, entre otros que le cantan a la vida, a la paz, a la justicia y a la igualdad social.
Uno a uno se incorporó de su silla y cantó, cantó como lo hacen solo aquellos que son firmes en sus convicciones, los que sueñan que su voz y su arte son capaces de detener el avance de una tanqueta que mata y de una discriminación que fulmina.
Transcurrieron los años y luego aquí en el Centro Cultural Tamaulipas tuve la oportunidad de conocer de cerca en una rueda de prensa a Tania Libertad, una mujer peruana de sedoso cabello rizado, de ojos color aceituna y de corta estatura, pero de enorme talento.
En esa ocasión le pregunté a qué se iba a dedicar cuando su voz se agote como sucede con aquellos que dejan la vida cada noche en el escenario. “No puedo estar lejana de la música porque es mi medicina. Me dedicaría a producir, a arreglar, a impulsar a nuevos talentos, como lo hizo conmigo Carmen Salinas cuando llegué a México de Perú”, me contestó.
De profesión Ingeniero Pesquero, Tania depositó en manos de sus padres –una radióloga y un músico- su título universitario con el que ellos tanto soñaron y se fue a cantar por el mundo, a tocar puertas.
Y no le fue sencillo, porque en los eventos particulares siempre entró por la puerta de la servidumbre y fue en la cocina, no en la mesa de honor, donde con rapidez saciaba su necesidad de alimentarse en sus primeras presentaciones en nuestro país.
Desde aquella pregunta que le formulé han transcurrido varias décadas y Tania aquí está con su voz intacta, con su belleza física que atrae, con su peculiar personalidad y con esa sencillez que no es común en una estrella que ha disfrutado de los más diversos escenarios en el mundo.
Ella fue objeto de un robo en su residencia que la dejo en ruinas y se habló inclusive que padecía cáncer, sin embargo hoy la veo completa, feliz, madura, más bella y con esa voz que acaricia, que estremece, que arrulla.
Tania abrió en Ciudad Victoria el Festival Internacional Tamaulipas 2012 y con esos 50 años de carrera que bien presume le fue fácil embelesar al público local y arrastrarlo por los pasajes de su vida, porque como ella dice, “cada melodía motiva a un recuerdo”.
Bien por la política cultural del Gobierno de Egidio Torre Cantú en Tamaulipas y de sus colaboradores, porque con Tania el festival pisó en firme y con el pie derecho.
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