El aniversario de la ciudad capital de Tamaulipas es un acontecimiento muy importante para quienes amamos esta tierra, para quienes hemos llegado en alguna etapa de nuestra existencia y logramos compartir los mejores momentos de nuestra vida.
El viernes por la noche hubo sesión solemne de Cabildo, con lo que iniciaron los festejos; en la misma, el alcalde Miguel González Salum encabezó los actos conmemorativos, y el sábado muy temprano hubo carrera. Seguramente habría otros acontecimientos para festejar tan importante fecha.
A través del Facebook, el muy estimado profesor Eduardo Javier Fuentes Acevedo compartió con sus contactos y amigos una serie de enlaces de You Tube, en los que artistas locales nos deleitan con melodías de la capital, destacando Victoria, del inolvidable profesor Francisco Flores Sánchez, así como otras muchas; fotografías de la Victoria de antaño han sido también destacadas y nos recuerdan aquellos días en que salíamos caminando por la Alameda –Avenida 17, o Francisco I. Madero- sin problema alguno, o nos evocan los tiempos en que la juventud victorense paseaba alrededor del Casino Victorense, antes de la construcción del Centro Cultural Tamaulipas, y que hacía paso forzoso por la calle Hidalgo hacia el sur, para dar vuelta en el dieciséis, bajar por la calle Juárez, y nuevamente… la vuelta. Decía un muy buen amigo –Jaime Morris- en cierto momento que “ya sacaron al león”, cuando de plano, la gente se retiraba a sus casas.
Posteriormente, el famoso “rol” se cambió de sitio, y la avenida diecisiete era punto de reunión de quienes convivían con sus amigos o querían conocer a alguien para cualquier tipo de relación.
La Victoria de antaño y sus bailes de coronación del Casino Victorense que siempre encabezaba el gobernador en turno eran todo un acontecimiento, o los bailes de debutantes que hoy siguen llevándose a cabo.
No se pueden olvidar aquellos torneos de golf en el Club Campestre Victoria que encabezaba Fausto García, el primer golfista profesional de nuestra ciudad, cuya historia y testimonio quedaron plasmados en un trabajo periodístico de los años ochentas.
Muchas vivencias, como el estar sentados fuera del “Mesón de Don Rodrigo” con los amigos y los excelentes anfitriones: la familia Haces Guillén: Don Pepe y su distinguida y apreciada esposa María de Los Angeles, y sus hijos, muy buenos amigos.
También evocamos los tiempos en que el grupo musical “Shasta” amenizaba los mejores bailes; en él, grandes músicos y excelentes amigos, hoy, padres y guía de familias distinguidas, profesionistas y hombres de provecho.
No teníamos tiendas de autoservicio que nos engañaban con productos chinos de pésima calidad: nuestras compras las llevábamos a cabo en las tiendas que la familia Charur instaló, invirtiendo en Victoria para los victorenses.
Recordar la calle Hidalgo y sus plazas _Hidalgo y Juárez- así como los conciertos de la Banda de Música del Gobierno del Estado, o las presentaciones del Conjunto Típico Tamaulipeco hicieron que quedara huella en nuestro amor por al capital del estado.
Recordar al padre Frías o al padre Piedras, al padre Xavier o al “padre Gato”, con quienes tuvimos oportunidad de compartir experiencias muy satisfactorias.
Años de recuerdos que, seguramente, quienes han vivido más tiempo tienen con mayor plenitud: los victorenses somos –incluido el columnista- gente que ha vivido intensamente su amor por la tierra en la que nos desarrollamos.
Por estas y muchísimas razones más, queremos rendir un tributo a la capital de Tamaulipas, a la tierra del cuerudo, la que descansa al pie de la Sierra Madre y baña sus jardines con agua de “La Peñita”, en la que todos nos conocíamos y, sobre todo, no existía maldad alguna.
Felicidades, Victoria querida, capital de Tamaulipas.
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