Desempleo

Escalofriante cifra la que maneja la prensa internacional sobre la tasa de desempleo en España, uno de los países que significaban prosperidad en la Europa de antaño: hoy, la cifra se reconoce en un 25 por ciento de desempleo, y hay gran preocupación por la falta de puestos, así como también el hecho de que los recursos humanos generados por universidades e institutos de investigación están prácticamente desaprovechados.

Encontramos en las notas de prensa un sinfín de entrevistas donde consta la angustia con que viven muchos españoles, sobre todo, aquellos que han ocupado una gran parte de su existencia para prepararse con maestrías –masters- y doctorados, así como estudios de otra índole.

Es preocupante para el gobierno y la sociedad leer estos números, sin embargo, no “cantamos mal las rancheras”: México maneja cifras realmente preocupantes, más cuando encontramos también, al igual que aquel país europeo, una gran cantidad de jóvenes que se han preparado muy fuerte y hoy en día cuentan con nada en el bolsillo, con una tremenda angustia y con la carente oportunidad de poder ser productivos.

Este problema se está haciendo grande y la verdad sea dicha con todas sus letras, es parte de la problemática severa mexicana, porque nuestros hijos se han preparado mucho para incorporarse al sector productivo sin éxito.

Algunos se quejan de que únicamente están trabajando los amigos de los amigos y otros que no tienen la preparación adecuada, aunque sí las relaciones. Encontramos muchachos sin titularse que tienen cargos importantes y salarios decorosos, cuando los que estudiaron –muchos de ellos- no han sido capaces de ser empleados, porque no tienen la experiencia que demanda el sector productivo, pero que no les otorga precisamente porque no tienen experiencia.

Una absurda conclusión, porque el que no tiene no puede, y el que puede, no se le da porque no tiene, y algo así es lo que nos ocupa y preocupa en miles de hogares mexicanos, donde Tamaulipas no es la excepción, y vemos que los amigos de nuestros hijos y los propios herederos nuestros carecen de una fuente propia de ingresos, porque el mercado está restringido, está ahogado, saturado, y no hay la capacidad para hacerlos parte de los mexicanos que tratamos de cambiar las cosas con nuestra fuerza laboral.

Uno se cansa de enviar currículums a todas partes, de recorrer oficinas y empresas en busca del puesto anhelado que ya no cubre siquiera las expectativas pero que permite comer al menos, pero no hay éxito en estas cruzadas.

Hay gente muy valiosa sin empleo, y en ese sentido, el gobierno está haciendo esfuerzos sobrehumanos por promover la inversión y el que vengan otras fuentes de trabajo, pero no es fácil en tanto no regrese la tranquilidad a nuestra patria.

En ese sentido, destaca la promoción que se lleva a cabo por parte de la autoridad estatal, las ferias del empleo que organizan los ayuntamientos para propiciar que los muchachos tengan su modus vivendi digno y decoroso, y lo que hacen las empresas que aún apuestan por Tamaulipas y México.

Preocupante resulta también el que hay jóvenes que no pasan de los 30 años y que se han comprometido en matrimonio; otros, tienen hijos y no tienen empleo, por lo que se desesperan, aunado a la gran depresión que conlleva el saber que no hay trabajo, que no hay oportunidades, y que otros lo hacen mejor que uno, o al menos, conocen a la mejor persona para que nos recomiende.

Es necesario un cambio en las políticas económicas de México, en la política recaudatoria, porque propician que, lejos de pagar, cas quien busque la forma de evadir los impuestos que por derecho le toca pagar.

Suponemos que si le pusieran inteligencia al asunto, buscarían, en base a lo que vivimos, estímulos fiscales para que vengan empresarios a nuestra tierra, pero para eso, la verdad, falta aún mucho por caminar.

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