Definitivamente, a muchos de nosotros nos ha sentado de maravilla el cambio en el clima en la ciudad: somos una localidad que tiene prácticamente todo el año mucho calor, requerimos de auxiliares para poder realizar nuestras actividades cotidianas: aire acondicionado, ventiladores, y recurrir a la sombra de esos árboles que aún quedan luego de la depredación que se ha puesto de manifiesto en Victoria y que se ha llevado nuestras sombras naturales.
Sin embargo, tenemos que pensar en que los cambios de clima no deben afectarnos, ni los del tiempo en aspectos de meteorología, ni los cambios de clima político que muchas veces ocasionan más que un “tsunami político” en las instituciones y orillan a tratar de recuperarse ante efectos devastadores, pero con la idea de que, cualquier fenómeno meteorológico, por más agresivo que se presente, tiene siempre cosas buenas para todos.
Los huracanes, con sus lluvias excesivas, dejan beneficios en los mantos acuíferos, la tierra y en general, en todo nuestro territorio.
Los huracanes políticos también: llegan con una profunda y agresiva fuerza devastando, sacudiendo, inclusive, provocando muchas bajas en los elementos y pérdidas humanas y materiales, pero luego, cuando llega la calma, las instituciones, dependencias y grupos políticos tienen su recuperación: ya con el nuevo clima propiciado por la sacudida anterior, acomodan sus recursos y quienes sobreviven a éstos fenómenos toman más fuerza, se enraízan más y logran mucho más beneficios para ellos y la sociedad a la que se deben.
Dicen los expertos que el calor mata bacterias, pero que el frío también tiene efectos positivos: veámoslo de esa manera y tratemos de entender que todo cambio en el clima deja cosas buenas.
Así lo entiende la clase política y quienes la dirigen, y sacuden las estructuras para quitar lo que estorba o de plano no sirve de mucho –o nada-, provocando que nuevas fuerzas surjan, que nuevos elementos se integren y se pueda tener esperanza en mejorar en todos sentidos.
Los cambios meteorológicos se conjuran con un buen abrigo, chamarra, suéter o sudadera: con cualquiera de estas prendas estamos más que listos, pero los cambios en el clima político requieren de un esfuerzo mayor: se necesita tener ideas nuevas y claras, proyectos viables y no estratosféricos, se necesita gente que, luego de levantarse de la sacudida, pueda trabajar con mayor fuerza.
Este sábado hubo cambios importantes en el Partido Revolucionario Institucional en cuanto a sus cabezas, tocando el turno al sector popular. Recordemos que la base de la estructura partidista se fundamenta en cinco fuerzas: juventud, mujeres, sectores obrero, campesino y popular: el sábado se ha dado el cambio en el sector popular, ante la presencia del dirigente estatal del PRI, Ramiro Salinas Salinas.
Se tiene que modernizar todo para estar vigente, y entendemos que el PRI tamaulipeco ha puesto su estructura a funcionar en aras de lograr resultados contundentes en próximas elecciones, buscando contar con el apoyo, confianza y simpatía de quienes son los que mandan: los electores.
Ramiro Ramos Salinas sigue conformando lo que será su equipo de trabajo, lucha y campaña en la entidad, por lo que ha llevado a cabo una serie de cambios en los comités municipales, buscando sumar esfuerzos y fuerzas para lograrlo.
Ese es el cambio en la política que se gesta en nuestros días, y es el cambio que habrá en el clima político de la entidad, mismo que se plantea la necesidad de ofrecer mejores alternativas al ciudadano, contar con su apoyo, y ya, cuando se llegue a la cosecha de buenos resultados, trabajar para que quienes hemos tenido confianza en ellos podamos asegurarnos a nosotros mismos que no nos equivocamos.
Es pues, una buena oportunidad: quien no esté dispuesto a soportar los embates del clima, que se abrigue bien, en una gruesa, muy gruesa “chamarra” de propuestas y proyectos que le tape hasta la cabeza,: para que no se le vea, si es que estorba, o para que no se perjudique, si es que se le considera buen elemento.
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