Cd. Victoria, Tamaulipas.-Hoy inician los días de los fieles difuntos , este primero de noviembre denominado en el sentir colectivo como el Día de los angelitos llama a la reflexión, y añoranza por los niños que se fueron, dejando una estela de dolor, de pérdida:
“Conmemoraciones, celebraciones como la de este día son propicias para preguntar y preguntarnos, si la vida y la muerte son lo único seguro desde el nacimiento porque nos duele tanto esta última” Se pregunta el maestro Raúl Carrillo García, Fundador del Centro de Apoyo a Personas en Duelo – CAPED-
Respondiendo que son interrogantes que siguen sin respuesta, pero si con alternativas de alivio.
En base a lo anterior expone que la tanatología es un alivio para el alma , los seres humanos en colectivo nos podemos preparar para todos, menos para la muerte o las pérdidas.
Opina que en estos días en que la gente se enfrenta a sus duelos, recordando a sus seres queridos, sale a relucir que la cultura de la muerte es inexistente, a pesar de que desde que se nace se tiene asegurada:
-Pero nadie nos prepara o se prepara para morir, entonces se asocia con dolor, con tristeza, con pérdida.
El especialista en Tanatología y Terapia de Duelo con Enfoque Gestalt y Humanístico
Hace referencia a “El Libro Tibetano de la Vida y de la Muerte” cita el siguiente texto de Montaigne: “Los hombres vienen y van, trotan y danzan, y de la muerte ni una palabra. Todo muy bien. Sin embargo, cuando llega la muerte, a ellos, a sus esposas, sus hijos, sus amigos, y los sorprende desprevenidos, ¡qué tormentas de pasión no los abruman entonces, qué llantos, qué furor, qué desesperación!”
Asimismo comparte que no hace mucho, escuchó a una mujer decir algo que hoy parafrasea:
“ Ella narraba que estuvo a punto de morir: “ Cuando salí de la sala de terapia intensiva me di cuenta de algo que me dio mucha alegría: estaba respirando”.
Efectivamente, esa persona de quien te hablo mantenía en su cuerpo ese conjunto de movimientos que la han acompañado desde siempre: su respiración.
Sin embargo, sus inhalaciones y sus exhalaciones habían representado (conscientemente) poco o casi nada significativo en su vida.
Respiraba sin dar el verdadero peso específico a algo tan importante, que por lo automático que resulta, tal vez deja de valorarse en su justa dimensión.
Considera, con base en vivencias propias, que cuando alguien experimenta un suceso cercano a su muerte, la vida se torna distinta, diferente.
“Se suele dar valor y relevancia a aspectos que en ocasiones llegamos a considerar que están presentes sencillamente porque tienen qué estar, la pregunta ¿por qué a mí?, no se presenta de manera común ante situaciones agradables de la vida.
No es tan frecuente escuchar a alguien decir: ¿por qué respiro?; ¿por qué tengo salud?; ¿por qué tengo trabajo?; ¿por qué cuento con alguien que me ama y a quién amo? Por citar algunos ejemplos.
Tal vez sea más ordinario escucharla cuando algo doloroso, triste, lamentable, irreparable, quizás devastador, ocurrió en la propia persona o en los seres cercanos a ella.
Opina que lo antes dicho es un reflejo de las personas no se preparan para la muerte:
-Es necesario fomentar una toma de conciencia, por ejemplo nosotros como tanatologos no solo estamos enfocados a preparar para este paso, no solo nos dedicamos a ayudar a la gente a bien morir, sino a bien vivir y esto se logra asumiendo compromiso de vida, la superación de duelos en todos los sentidos, porque hoy en día no solo la muerte es pérdida, sino también un divorcio, el desempleo, el envejecimiento, a una jubilación…y para esto también hay que prepararse.
Cabe mencionar que la Tanatología es una disciplina integral que estudia el fenómeno de la muerte en los seres humanod, tratando de resolver y enfrentar las situaciones conflictivas que suceden en torno a ella, desde distintos ámbitos del saber, como son la medicina, la psicología, la religión y el derecho fundamentalmente.
Desde la perspectiva psicológica, está enfocada, a establecer entre el enfermo en tránsito de la muerte, su familia y el personal médico que lo atiende, un lazo de confianza, seguridad y bienestar, además de propiciar en el enfermo terminal, los cuidados necesarios que le aseguren una muerte digna y en paz.


