Hemos sido críticos durante mucho tiempo del uso que se le da al recurso cibernético conocido como Facebook, y que, desde su aparición ha causado revuelo en la comunidad, a grado tal que el famosísimo Mensajero -Messenger- ha quedado caduco: difícilmente se emplea; hoy en día, el Facebook y el Twiter son las herramientas que casi todo mundo usa.
Las tenemos en cualquier Gadget: sean laptops, computadoras portátiles –que no es lo mismo-, celulares, tabletas y demás, pero es fácil en términos generales estar conectado, aunque nos cause molestias en ocasiones.
¿Por qué molestias?, decía la inolvidable amiga Claudia Herrera que no es válido dejar de hablar con alguien por estar como hipnotizado en el “face” o algo por el estilo: vemos por la calle a gente caminar como autómata, con la mirada perdida en una pantalla de unas cuantas pulgadas.
Luego, entramos a nuestra cuenta y encontramos comentarios con los que no comulgamos, tales como “estoy comiendo una gordita de chile verde”, o un “me voy a bañar”; una muy connotada periodista aragonesa criticaba esos mensajes y pedía a sus contactos no le incluyeran en ellos: “El Facebook es para cosas que fomenten la buena comunicación: a mi no me importa si fueron a cenar o están viendo tal programa de televisión, no abusen de los amigos y procuren ser más inteligentes en sus mensajes”, decía.
Somos, insistimos, de la misma idea en cuanto al empleo de las redes sociales en Internet, que tampoco es lo mismo que hablar de la degeneración mediática de “redes sociales”, ya que éstas existen desde que el ser humano existe, y la primera y principal red social viene a ser la familia. Usos inadecuados, lenguaje inadecuado y luego, degeneración del mismo.
En fin, el caso es que ayer, Jesús, un alumno de nuestra muy querida Unidad Académica de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Tamaulipas tuvo una urgencia clínica y requería sangre AB positiva; desesperado, como podemos entender, acudió a algunos conocidos, me honra saber que acuda alguien porque piense que soy útil.
Bastaron algunos mensajes con conocidos: periodistas, portales de radio oficial y privada, periódicos y algunos comunicadores de los que sí tienen peso en la opinión pública, para que Jesús tenga su relación de donadores lista para el lunes en que se presentarán en el Hospital General, para la donación necesaria, previo examen que se lleva a cabo por rutina médica.
Es cuando justificamos a los creadores de las redes sociales, porque su desarrollo tecnológico y aplicación cibernética rinde frutos humanitarios. Muchas veces se dan estos casos y realmente, es gratificante ver, por una parte, la maravilla que hace la diferencia entre la sociedad de antaño y la nuestra, y por otra, la más importante, el sentido solidario y humanitario de nuestros contactos, aspecto que no tiene precio ni forma de pago.
Esa fue la “cereza en el pastel” de ayer, porque el saber que alguien que tiene una necesidad la ha cubierto gracias a sus semejantes nos recuerda el lado humano de cada uno de nosotros, y revalida el uso que debiéramos dar todos al Facebook, dejando un poco de lado las banalidades. Tener en el celular o la tableta el servicio para conectarnos no quiere decir que hagamos un uso superficial o inadecuado. Cada quien publica lo que quiere y piensa, y eso lo reafirmamos, pero sería interesante tratar de considerar que se puede hacer el bien, se pueden intercambiar cosas de mucha utilidad (Gracias, José Luis Pariente, Carlos López y muchos más), y también se puede encontrar a las viejas relaciones de amistad que marcaron nuestra existencia (Rafa Sequeyro, Miriam Peinbert, Laura De la Garza… mil más), y volver a establecer contacto con todos ellos y ellas.
Esa es la “magia” de las redes sociales. Ese es el encanto de vivir en estos tiempos de desarrollo tecnológico. Ese es el uso que agradecemos.
A quienes tomaron participación en el llamado para Jesús, gracias, con el corazón.
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