Su mirada es fría, su trato es parco, su sangre pesadita y como que se siente tejido a mano.
A él no se le da esa virtud natural de chocar esos cinco que dan lugar a un saludo sincero y más bien como que le fastidian los tumultos, tal vez porque corre el riesgo de que se le arrugue la camisa.
Tampoco se puede decir que es un prospecto ideal para competir por el premio a la puntualidad, porque arribar a la hora marcada a los eventos políticos, no es una de sus cualidades.
Carismático tampoco lo es, aunque el locutor en turno en cuanto evento que está presente lo reciba con loas que pocos aplauden y que para muchos pasan desapercibidas.
Y es que con su eterno gesto inexpresivo como que busca que se le ignore, lo que es un graso error para todo aquel que se jacte de ser un aprendiz de político.
En realidad él no aprendió la lección cuando fue suplente del candidato del PRI a la diputación federal por el séptimo distrito de Tamaulipas con cabecera en Madero, Sergio Posadas Lara, quien parece su guía en el arte de ser antipático, irresponsable y falso.
Al finalizar los eventos él siempre se escondía en un rincón como “La muñeca fea”, como temeroso que alguien lo vea.
Luego, se escurría por las orillas y salía volado para evitar el saludo de aquellos que por alguna circunstancia abarrotaban los amplios locales en los tiempos de la pasada campaña federal.
Se notaba que no conocía lo que significa la palabra disciplina y que copiaba exactamente los desplantes de “Checo”, su compañero de fórmula, quien hizo hasta lo imposible por tejer con hilo grueso su imagen de odioso.
Hoy, dice él que producto del fuego amigo, suena que suena su nombre, Oscar Lacio González, Delegado de Sedesol en Altamira, como prospecto a candidato del PRI a alcalde por ese municipio que se le considera como “una joya” en el sur de Tamaulipas.
El niega que persiga ese objetivo, pero su nombre ya circula en algunos medios y, eso, quiera o no, lo introduce en la jugada.
Dicen, allá en el sur, que en uno de los eventos de la campaña federal alguien lo confundió con el modisto y estilista, Alfredo Palacios, nada que ver porque el conductor televisivo parece que es buena onda.
Si Oscar en realidad pretende ser candidato es necesario que haga varios ejercicios mentales y que escarbe muy en su interior para que trate de rescatar algo que tenga relación con la palabra “modestia”, de lo contrario esas chamacotas de Altamira, que en una ocasión dijeron que “las viejas son la locomotora electoral, no se dejaran seducir.
Y también que se disponga a dominar su ego, porque para ser político es necesario que primero se luche contra el pequeño argentino que todos llevamos dentro.
El, además, arrastra con un pasado que está más torcido que la vieja carretera a Tula, porque no se puede borrar de un plumazo la relación que lo unió con Fernando Cano Martínez, uno de los principales involucrados en “el caso” Tomás Yarrington Ruvalcaba.
Por eso el PRI debe contar hasta diez al seleccionar a sus candidatos.
O la lección de Julio, se puede repetir.
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