Se dice fácil, pero llegar a cumplir veinticinco años de existencia no es cualquier cosa, aunque las personas estamos un poco acostumbradas a ello, dados los promedios de existencia que manejan las estadísticas y nos ocupan por allá de tres veces la cifra, es decir, una expectativa de vida de casi 75 años, sin embargo, las empresas que llegan a ciertos tiempos merecen el reconocimiento de la sociedad en general, más, cuando se dedican a promover progreso.
Tal es el caso de Aeromar, la línea aérea que tiene en nuestra capital tamaulipeca una prolífica existencia, y ahora nos ofrece conexión con las principales ciudades: Matamoros, Nuevo Laredo, Tampico y Reynosa.
En ese sentido, entendemos que para llegar a estas fechas se requiere talento parar poder subsistir en un mercado que cada día se comprime más como es el referente a la aviación, y que por situaciones naturales de una recesión tiene problemas.
Operar un avión no es nada fácil, y suponemos que quienes lo hacen saben la serie de gastos que implica ello; el hecho de tener una flota, pequeña o grande, y dar servicio a varias ciudades del país, aunque en el caso que nos ocupa, nos referimos a el Tamaulipas que tanto amamos.
Ami Lindenberg, director general y presidente de Aeromar nos honró con la invitación a la ceremonia que tuvo lugar el pasado 6 de noviembre en el Museo Soumaya de la ciudad de México, con la idea de compartir el logro de llegar a 25 años de existencia: cinco lustros al servicio de los Aero viajeros que en ocasiones tenemos la necesidad de trasladarnos en tiempo corto y con la comodidad que implica el tomar un avión.
Con profunda pena tuvimos que permanecer en casa y no asistir a tan importante evento: importante por el significado que tiene la gratitud hacia una persona que se brinda como ser humano para con sus amistades, sus conocidos y sus trabajadores; importante, porque es la cabeza de un equipo que trabaja diariamente para lograr lo que hoy tiene, y el ejemplo de Tamaulipas es lo mejor que podemos mencionar.
Lindenberg es un hombre de la aviación, lo sabe quien tiene acceso a ese pequeño gran mundo de la industria aérea: ha dedicado, como nos lo hizo notar en una pasada entrevista, toda su vida a hacer de esto que se considera negocio, una pasión por el traslado de quienes necesitamos volar.
La ausencia del día 6 duele, y duele porque no pudimos estrechar la mano del amigo que sabe que se le aprecia y se admira el esfuerzo que realiza su equipo, su empresa, y que ve en cada vuelo que llega a Victoria, la capacidad para enfrentar retos a veces difíciles.
Cumplen 25 años con muchas frecuencias, pero lo más importante quizá, es que los cumplen creciendo en número de amigos y viajeros, en servicios y aviones, y aunque, insistimos, no pudimos participar activamente, no nos quitamos de la cabeza el hecho de poder saludarle pronto, muy pronto, con la idea de manifestar el regocijo que implica para nosotros el saber que llegan a un cuarto de siglo de existencia prolífica, llena de satisfacciones en cuanto a aeronáutica civil, pero insistimos, en cuanto a satisfacción de los usuarios.
Para que Aeromar sea lo que hoy presume, se requirió de un sinnúmero de sacrificios y decisiones difíciles de tomar en su tiempo, pero que han dejado un camino firme en la industria aérea.
Nos congratulamos de ser parte de la historia por los vuelos que hemos disfrutado, pero más nos congratulamos por disfrutar del aprecio y amistad de tan importante personalidad; Ami Lindemnberg seguramente estuvo muy contento con las felicitaciones de importantes personalidades en el Museo Soumaya, pero no queremos dejar pasar la fecha del aniversario veinticinco de Aeromar, porque de alguna manera, tenemos una cercanía con quienes han hecho posible este proyecto y su consolidación.
La felicitación, Ami, al equipo de la empresa y todos los que han hecho posible la consolidación de este sueño.
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