“La masa busca al líder, no porque lo estime sino por interés; y el líder acepta a la masa por vanidad o por necesidad”
Napoleón I
PRD en serios aprietos.
Con la salida de Martí Batres del Partido de la Revolución Democrática, precisamente unos de sus fundadores, sin lugar a dudas inicia la descomposición total de ese organismo político.
Y es que aunque el dirigente nacional perredista, Jesús Zambrano, insista que no se dará una desbandada del partido del sol azteca para integrarse al partido de Andrés Manuel López Obrador, Movimiento Regeneración Nacional (Morena), la realidad es otra.
No se trata solamente de abandonar las filas del perredismo, de irse a otro partido político, el problema va más allá.
Desafortunadamente el PRD se encuentra muy debilitado por la serie de escándalos de corrupción en los que se han visto implicados varios personajes, el “señor de las ligas” es tan sólo un ejemplo de ello, y que siguen manipulando a legisladores y asambleístas a su antojo.
Por eso Morena representa para los perredistas la oportunidad perfecta para deslindarse de esas bochornosas etapas que ha vivido el partido del sol azteca.
Y por eso, el PRD se encuentra en serios aprietos, porque queda claro que si algo tiene López Obrador es saber aprovechar las coyunturas para atraer adeptos a su causa.
Por cierto, Andrés Manuel López Obrador ya amenazó con “recomenzar” su vida política con Morena.
Lunes y martes se llevó a cabo el Congreso Nacional de Morena donde se iniciaron formalmente “los trabajos para delinear los documentos y principios” de ese movimientos social dándole el enfoque de partido político en que pretende convertirse.
Allí fue donde don López Obrador lanzó la advertencia: “estamos recomenzando, iniciando una nueva etapa, pero no sólo como organización social y política, sino también en lo individual, en lo que atañe a nuestro compromiso, y comportamiento como ciudadanos, como militantes y como dirigentes”.
El problema de Morena, o mejor dicho el problema de López Obrador, es que se está construyendo con castillos en el aire.
Es difícil aceptar que estamos ante un partido político en el que no habrá cabida al influyentismo, a la corrupción; ante un partido en el que la pureza individual y colectiva será su eje rector.
¿Cómo pensar en que no existirá el compadrazgo cuando en la integración de Morena se vieron los rostros de Ricardo Monreal, Porfirio Muñoz Ledo, Manuel Bartlett, Claudia Sheinbaum y, claro, el de Martí Batres? De plano Andrés Manuel no se está midiendo en sus discursos.
Pero bueno, lo único cierto es que con la constitución de Morena como partido político tenemos al primer candidato oficial que buscará la Presidencia de la República en el 2018.
Al tiempo veremos cuánto dura este nuevo capricho.
Divide et impera.
Andrés Manuel y Felipe Calderón representan las dos caras de la moneda, son algo así como el agua y el aceite que no se pueden mezclar, agua y fuego.
Sin embargo, tienen algo en común que los hace muy semejantes entre sí: la ambición.
Ambos personajes de la vida política de nuestro país contribuyeron en suma medida en el desmoronamiento de los partidos políticos que cada unos de ellos simbolizan, una situación que llevó al primero a quedarse de nueva cuenta en el segundo lugar de la carrera presidencial y, al segundo, a convertirse en la tercera fuerza política del país.
La codicia por llegar al poder, de uno, y de mantenerse, del otro, hizo que las decisiones que tomaron no fueran las correctas dando el golpe mortal a sus respectivos partidos.
Capitalizar a la perfección esta similitud antagónica entre López Obrador y Calderón Hinojosa es, sin lugar a dudas, una jugada maquiavélica, al igual que brillante, que permite reposicionar de manera sólida las piezas del ajedrez tricolor.
Definitivamente aquella sentencia que se le atribuye al emperador romano Julio César hoy tiene más vigencia que nunca.
Divide et impera.
En fin. Por ahora no me resta más que desearle un excelente día; y recuerde ser feliz, junto a su familia será mucho más sencillo.
Hasta la próxima.
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